Pedro Sánchez respalda la candidatura de Pablo Hernández de Cos para presidir el Banco Central Europeo y suceder a Christine Lagarde. La confirmación llegó durante su viaje a Estados Unidos, en una entrevista concedida a Bloomberg, y transforma una especulación de pasillo en una apuesta formal de La Moncloa por la cúpula de Fráncfort.
‘Por supuesto, tiene mi apoyo. Tiene el liderazgo, también la capacidad y el conocimiento. Sería algo muy positivo no solo para España, sino también para Europa el tener a alguien como él liderando el banco central. El presidente lo dijo desde territorio estadounidense: la puja por el puesto más codiciado de la eurozona queda abierta.
Nada de esto es simbólico: el aval del Gobierno de origen activa la maquinaria. La información la adelantó Expansión el 21 de julio y EL PAÍS la confirmó este miércoles. En la historia del banco hay aspirantes que nunca llegaron a nada sin ese respaldo explícito.
El cargo se rige por reglas escritas en los Tratados. El presidente del BCE se nombra para un mandato de ocho años no renovables, sin posibilidad de repetir, y debe acreditar prestigio y experiencia reconocida en asuntos monetarios o bancarios, conforme al artículo 283 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. La solvencia técnica abre la puerta. No la cruza.
Quién compite de verdad y qué filtros hay que superar hasta la votación
Los nombres que circulan junto a De Cos son dos. El neerlandés Klaas Knot, gobernador del banco central de Países Bajos, y el alemán Joachim Nagel, presidente del Bundesbank. Ninguno ha presentado candidatura formal, porque en este juego anunciarse sin los votos amarrados es la forma más rápida de perder. La historia reciente avisa: Lagarde no figuraba en las quinielas hasta semanas antes de su nombramiento, en 2019.
El proceso tiene cuatro filtros. Los ministros de Economía de la eurozona, reunidos en el Eurogrupo (el club de los países que comparten la moneda única), votan candidatos hasta que uno alcanza la mayoría cualificada, el umbral que exige al menos el 55% de los Estados y el 65% de la población. Después, el aspirante comparece ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios de la Eurocámara, y el Consejo de Gobierno del BCE debe evitar oponerse. Al final, el Consejo Europeo en formato euro formaliza el nombramiento.
En Fráncfort no se elige con currículos: se elige con votos, y España solo tiene los suyos hasta que alguien más decida sumarse.
El calendario aprieta: Lagarde, 2027 y el hueco español en Fráncfort

La carrera se ha acelerado por las informaciones que apuntan a una salida anticipada de Lagarde. La banquera central sostiene que no se marchará antes de 2027 y su mandato expira formalmente en octubre de 2027. Cuanto antes se mueva el tablero, antes se colocan las piezas.
Queda un hueco real que España conoce bien. Desde la salida de Luis de Guindos como vicepresidente en 2026, el país no tiene ningún asiento en el Comité Ejecutivo, el órgano de seis miembros que gestiona el día a día del banco. La ausencia ya se prolongó entre 2012, cuando terminó el mandato de José Manuel González-Páramo, y 2018, cuando llegó De Guindos: seis años sin voz en la sala donde se decide la política monetaria del euro.
De Cos no es un desconocido en Fráncfort: fue gobernador del Banco de España entre 2018 y 2024 y ya se sentó en el Consejo de Gobierno del BCE como todos los gobernadores nacionales de la eurozona.
El Eje del Poder Europeo
El club del euro decide y los Veintisiete no votan. Los países que no comparten moneda —Varsovia, Budapest, Praga, Estocolmo, Copenhague— se quedan fuera de la sala, así que la operación se resuelve en un pulso entre tres bloques. La Haya empuja a Knot, su candidato natural. Berlín reclama para Nagel un puesto que Alemania nunca ha ocupado pese a ser la primera economía del bloque. Y los países del sur —España, Italia, Portugal, Grecia— quieren un perfil que equilibre la ortodoxia de Fráncfort. Ahí está el pulso.
España no se juega el precio del dinero: el gobernador del Banco de España ya se sienta en el Consejo de Gobierno, donde se votan los tipos. Lo que se juega es el día a día. El Comité Ejecutivo controla la supervisión bancaria, las operaciones de mercado, la representación del BCE en el G20 y el FMI, el euro digital y los instrumentos de crisis. Para la banca española, con Santander y BBVA entre los mayores del área, ese detalle no es menor. Y en paralelo avanza la negociación del próximo Marco Financiero Plurianual, el presupuesto de la UE que arranca en 2028: la influencia de Madrid en Bruselas también se mide por los sillones que ocupa.
Hay precedente para casi todo. En 2011, la retirada de Axel Weber dejó vía libre a Mario Draghi en plena crisis de deuda: la nacionalidad importó menos que la garantía de continuidad. En 2019, el reparto de de altos cargos se cerró como un paquete único, con Lagarde en Fráncfort y von der Leyen en la Comisión. Ese es el terreno de juego: quien presida el BCE desde 2027 decidirá si el mandato sigue siendo estrecho o se ensancha hacia el riesgo climático y el euro digital.
El riesgo es de calendario. Si Madrid convierte la candidatura en bandera antes de que exista un reparto cerrado de sillones, dará a Berlín y a La Haya el argumento perfecto para negociar en contra. También puede aparecer un aspirante de última hora, como ocurrió con la propia Lagarde. Y el equilibrio de género cuenta: sustituir a una presidenta por otro hombre exigirá compensaciones en otro puesto.
Lo que observamos es una operación de largo recorrido. El próximo Eurogrupo, cuya agenda se cierra con pocos días de antelación, será el primer termómetro. Si Lagarde decide acelerar su salida, la carrera entrará en una fase que ya no admitirá marcha atrás.
