Séjourné: reequilibrar el comercio UE-China es ‘existencial’ y Bruselas prepara medidas punitivas

Séjourné fija octubre como examen decisivo ante Pekín y advierte de que las herramientas punitivas ya están listas. España, con la automoción como principal flanco, sigue el pulso con máxima atención.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea para la Prosperidad y la Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné, ha calificado de ‘existencial’ el reequilibrio del comercio con China y ha avisado de que las herramientas punitivas siguen sobre la mesa.
  • ¿Quién está detrás? La Comisión Europea. El comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, viajará a Pekín los días 8 y 9 de octubre para arrancar compromisos concretos antes de que se agote el plazo fijado para ese mes.
  • ¿Qué impacto tiene? España figura entre los Estados más expuestos del sur: automoción, química, cerámica y porcino concentran buena parte del golpe industrial que Bruselas quiere frenar.

El comercio de la UE con China deja un déficit que superó los 1.000 millones de euros diarios en julio. Bruselas ya no lo llama desajuste técnico: lo llama amenaza existencial para su industria.

El vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea para la Prosperidad y la Estrategia Industrial, Stéphane Séjourné, ha puesto adjetivo y plazo a la urgencia. En una entrevista, el comisario francés sostuvo que el reequilibrio comercial con Pekín ‘se está convirtiendo en algo existencial para los europeos’. Y dejó claro que las herramientas de defensa comercial no son un adorno de despacho.

Mil millones al día y 250.000 empleos industriales menos

Los datos de aduanas que maneja el Ejecutivo comunitario son difíciles de maquillar. La diferencia entre lo que el bloque importa de China y lo que le vende superó los 1.000 millones de euros diarios el pasado mes de julio. La factura laboral, además, ya está pagada: la UE perdió 250.000 empleos industriales durante el año pasado, concentrados sobre todo en sectores intensivos en energía, y en la cadena de suministro de automoción.

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‘Hoy estamos perdiendo miles de puestos de trabajo cada semana’, advirtió Séjourné, antes de reclamar celeridad: ‘Es urgente que actuemos y urgente que reequilibremos’. La Comisión ha trasladado a Pekín una propuesta para abordar el desajuste sector por sector, con la idea de fijar techos voluntarios a las exportaciones chinas. De momento, la respuesta ha sido un no.

El comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, tiene billete para Pekín los días 8 y 9 de octubre. Es la cita que Bruselas ha convertido en examen: si de allí no salen compromisos ‘creíbles’, la Comisión activa el siguiente escalón.

Ese escalón tiene nombre técnico: derechos antidumping (aranceles que se aplican cuando se acredita que un producto se vende por debajo de su coste real) y aranceles compensatorios contra subvenciones desleales. Los sectores señalados son dos, y ninguno es menor: los vehículos eléctricos y los paneles solares, cadenas donde la capacidad industrial china ha hundido los precios europeos. Las herramientas de defensa comercial de la Comisión Europea llevan meses engrasadas. ‘No dudaremos en emplearlas’, ha zanjado Séjourné.

Durante una década Bruselas vendió la dependencia de Pekín como oportunidad comercial; ahora la tramita como vulnerabilidad de seguridad económica.

El flanco que nadie quiere nombrar: las tierras raras

La cuerda floja es evidente. Cada paso punitivo de Bruselas expone al bloque a una represalia china sobre las tierras raras, materias primas críticas para el automóvil, la aeronáutica, las renovables y, cada vez más, la industria de defensa. Pekín ya ha demostrado en otras crisis que sabe cómo se usa ese grifo.

En paralelo, la UE vigila Washington. Xi Jinping y Donald Trump se reúnen estos días en Estados Unidos en una cumbre de tres jornadas que aborda comercio, inteligencia artificial y tierras raras. Séjourné pide ‘un diálogo constructivo’ entre las dos potencias porque el precedente asusta: el año pasado, la escalada mutua llevó los aranceles estadounidenses sobre productos chinos hasta el 145% y las represalias de Pekín hasta el 125%.

Para Europa, ese escenario tiene un efecto colateral conocido. Si el mercado estadounidense se cierra, el producto chino se desvía hacia el mercado único. La tregua comercial entre Washington y Pekín expira el 10 de noviembre. Si salta por los aires, la avalancha llegará a Rotterdam, Valencia y Hamburgo.

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El Eje del Poder Europeo

El pulso interno pesa tanto como el externo. París empuja: Séjourné es francés y el Elíseo lleva dos años reclamando que el instrumento anti-coerción no quede en papel mojado. Berlín frena con la boca pequeña, porque la automoción alemana tiene en China su primer mercado y teme una represalia directa sobre Volkswagen, BMW y Mercedes. Los frugales del norte —Países Bajos, Dinamarca, Suecia— miran el expediente desde Róterdam y Ámsterdam: cualquier arancel encarece su logística y su comercio. El sur, con España e Italia a la cabeza, respalda la línea dura.

Para España el asunto no es abstracto. La automoción (Stellantis en Figueruelas, Volkswagen en Navarra, Ford en Almussafes) es el sector más expuesto, seguido de la cerámica de Castellón, la química de Tarragona y el porcino. Bruselas y Madrid recuerdan la investigación antidumping que Pekín abrió en 2024 contra la carne de cerdo europea, con España en el punto de mira: fue el ensayo general de lo que puede venir. Moncloa se ha alineado con la Comisión en defensa comercial, pero evita dar la cara cuando se habla de aranceles al vehículo eléctrico chino, porque varias plantas españolas ensamblan modelos de marcas asiáticas.

La aritmética institucional juega a favor de Bruselas. La política comercial es competencia exclusiva de la UE (artículo 207 del TFUE), así que Budapest no puede vetar un antidumping como sí bloquea los paquetes de sanciones a Rusia. Eso no elimina el riesgo político. El precedente más cercano es la votación de octubre de 2024 sobre los aranceles al vehículo eléctrico chino: Alemania votó en contra, Hungría también y doce Estados se abstuvieron. Una medida mal calibrada puede fracturar el Consejo de Comercio justo cuando Washington y Pekín mueven ficha.

La lectura a cinco años es incómoda. La UE ha abrazado el de-risking —reducir dependencias sin romper la relación— pero carece de capacidad industrial para sustituir lo que hoy importa. Sin inversión masiva en materias primas críticas y en fabricación propia, cada arancel será un parche y cada represalia, un recordatorio de que Europa sigue comprando su propia vulnerabilidad.

El próximo hito es la visita del 8 y 9 de octubre a Pekín. Después, el 10 de noviembre, la tregua entre Washington y Pekín. Entre esas dos fechas se decide si el comercio de la UE con China entra en fase de negociación o en fase de aranceles.