Ourense cierra el verano más caluroso desde 1869 y suma 20 muertes ligadas al calor

La provincia concentra los récords térmicos de Galicia en el estío más cálido de España en 157 años, con 45 días por encima de los 35 grados. MeteoGalicia sitúa julio como el mes más anómalo, con +2,8 grados sobre la media.

Ourense cierra el verano más caluroso desde 1869 con 42,6 grados de máxima y veinte muertes atribuidas al calor. La provincia ha concentrado los registros más extremos de Galicia en el estío más cálido jamás medido en España, según los datos oficiales de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y de MeteoGalicia, el servicio meteorológico de la Xunta.

Un estío de cifras históricas: 42,6 grados, 45 días de canícula y el septiembre más tórrido

El desglose del informe climatológico de MeteoGalicia dibuja una estación anómala de principio a fin. Julio fue el mes más caluroso desde que hay registros, con una desviación de +2,8 grados sobre la media, mientras junio arrancó con +2,6 grados. Los valles del Miño y el Sil soportaron las medias más altas de Galicia, entre 22,5 y 23,8 grados.

La radiografía diaria de los termómetros es aún más elocuente. En los 94 días del verano astronómico, 74 jornadas superaron los 30 grados, y la ciudad llegó a encadenar quince días consecutivos por encima de esa marca. Ourense vivió 45 días por encima de los 35 grados, casi la mitad de la estación, con una racha de diez jornadas seguidas. La barrera de los 40 grados se rompió en siete ocasiones. El techo absoluto llegó el 4 de julio, con 42,6 grados.

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A las temperaturas se sumó un verano muy seco. Galicia acumuló 94 litros por metro cuadrado, un 22% menos de lo habitual, pero el castigo fue desigual. A Limia y la comarca de Allariz-Maceda registraron el mayor déficit hídrico, con la estación de Monte Medo, en Baños de Molgas, anotando el mínimo de toda la comunidad: apenas 40 litros por metro cuadrado en todo el estío.

El calor se ha estirado hasta las puertas del otoño. Septiembre ha firmado las tardes más asfixiantes desde que hay registros: la media de las máximas escaló hasta 33,5 grados, por encima de los 32,1 de 2018. Las mínimas, en cambio, se mantuvieron dentro de lo normal, y por eso la media global no lidera la tabla histórica. El calor no dio tregua.

Ourense ha pasado 45 días por encima de los 35 grados: el calor ya no es una anécdota estival, es la nueva normalidad climática del noroeste.

El calor que mata: veinte fallecimientos atribuidos y una España en máximos de 157 años

récord temperatura Ourense

La estación principal de la Aemet en Ourense batió un segundo récord: el de temperatura media de las mínimas más alta de un trimestre estival, traducido en una sucesión de de noches tropicales sin precedentes en la serie histórica. Ese calor nocturno sostenido tiene una cara amarga. El sistema MoMo, que monitoriza la mortalidad diaria atribuible a temperaturas extremas, vincula una veintena de fallecimientos al calor en la provincia, la cifra más baja de Galicia pese a liderar los récords térmicos.

La dimensión nacional es difícil de esquivar. España acaba de vivir el estío más cálido desde al menos 1869, con una anomalía de +2,4 grados y 61 días de ola de calor que pulverizan los 41 de 2022, según la Aemet. Fue, además, el tercer verano más seco desde 1961, con precipitaciones que representaron solo el 56% del valor normal. Galicia, con 94 litros por metro cuadrado, quedó por debajo de la media en lluvia, pero Ourense se situó en el extremo opuesto en temperatura. Para el lector de Madrid o Barcelona, la provincia ofrece un anticipo de lo que la Península registra ya de forma sistemática.

El Laboratorio Gallego

Lo que ocurre en Galicia cuando suben los termómetros tiene siempre una doble lectura. La gestión del riesgo climático y forestal es competencia de la Xunta de Galicia, el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela, gobernado por el PPdeG —el Partido Popular de Galicia— con mayoría absoluta desde 2009 bajo la presidencia de Alfonso Rueda. La comunidad cuenta, además, con un servicio meteorológico propio, MeteoGalicia, dependiente de la Consellería de Medio Ambiente. Ese modelo descentralizado permite una lectura fina del territorio, con estaciones en A Arnoia, Leiro, y Muíños, una densidad que ninguna red estatal replica.

La lectura nacional pasa por una pregunta recurrente. Galicia lleva años funcionando como banco de pruebas de políticas que después aterrizan en Madrid, y la gestión del riesgo climático empieza a seguir ese patrón. La Xunta administra competencias plenas en medio ambiente, sanidad y emergencias, un margen que el Gobierno central no tiene con la misma amplitud. En el Parlamento de Galicia, el BNG y el PSdeG, primera y segunda fuerzas de la oposición, tienen el foro donde exigir cuentas sobre esa adaptación. No hay, eso sí, una cifra oficial que compare el gasto autonómico en adaptación climática con el de otras comunidades, y esa ausencia impide calibrar el alcance real del modelo.

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La proyección invita a la cautela. El otoño que arrancó esta semana no borra la anomalía de fondo: los modelos apuntan a que la próxima campaña estival volverá a poner a prueba la capacidad de adaptación del interior de Galicia, con el foco en el abastecimiento de agua en A Limia y en la atención a la población mayor. La próxima reunión del Consello de Goberno, el consejo de gobierno semanal que aprueba los acuerdos de la Xunta, y el calendario parlamentario gallego determinarán si el calor extremo deja de tratarse como una emergencia puntual para convertirse en una política con presupuesto propio.

Ficha del Caso

  • El caso: Ourense ha cerrado el verano más caluroso de su serie histórica, con récords de temperatura media y de mínimas dentro del estío más cálido de España desde 1869.
  • Datos importantes: 42,6 grados el 4 de julio; 45 días por encima de 35 grados; 74 jornadas sobre 30; septiembre con máximas medias de 33,5 grados; veinte muertes atribuidas al calor según el MoMo.
  • Resumen: La provincia concentra el epicentro térmico del noroeste y anticipa el debate nacional sobre adaptación climática, con la Xunta como responsable de la gestión del riesgo.