La cumbre Trump Xi en Washington entra en su tercer día con la inteligencia artificial como eje central de la agenda.
De la base de Andrews a los Archivos Nacionales: qué ha pasado en tres días
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió personalmente el miércoles por la noche en la base de Andrews —el aeródromo militar donde aterrizan los aviones presidenciales— a Xi Jinping y a su esposa, Peng Liyuan. Desde entonces, la agenda se ha desplegado en tres jornadas: reuniones en el Despacho Oval el jueves, una pausa para ver el Marine One y el nuevo helipuerto del jardín sur, y una cena de Estado en el Salón Este de la Casa Blanca.
La cena de Estado ha sido el plato fuerte político de la visita. A la misma mesa se sentaron el líder chino y buena parte de la cúpula tecnológica americana. Trump resumió el encuentro en su red social: ‘Reunión muy productiva con el presidente Xi, tanto para los EE. UU. como para China’. Este viernes ambos matrimonios han compartido un té privado antes de visitar los Archivos Nacionales, donde se conservan la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos.
Para Washington, exhibir esos tres documentos al líder de Pekín en el 250 aniversario del país no es una parada turística. Es una demostración de continuidad institucional. Ningún arancel nuevo sobre la mesa. Ninguna sanción nueva. Puro simbolismo de Estado.
El rebautizo de la IA y el pulso regulatorio que esconde

En el centro de la cumbre hay una batalla de nombres. Trump ha celebrado que Xi comparta su preferencia por llamar Super Inteligencia (SI) a lo que hasta ahora se conoce como inteligencia artificial. ‘Como casi todos los demás, pareció gustarle llamar a la mal e inexactamente llamada Inteligencia Artificial por un nombre mucho más exacto e importante: SUPER INTELIGENCIA’, escribió el jueves. Y añadió la frase que resume su doctrina: ‘Nuestro guardrail es el DOJ’.
Traducido: nada de una agencia internacional que fije límites al desarrollo de modelos de frontera. Trump ha insistido en en que China comparte su rechazo a una ralentización coordinada de la IA, la tesis que defienden buena parte de los desarrolladores por motivos de seguridad. El rebautizo no es cosmético: cambia el marco regulatorio. Si la IA es una superinteligencia, se trata como un activo estratégico en la carrera entre potencias, no como un producto de consumo sujeto a auditorías previas.
Llamarla superinteligencia es trasladar la discusión del terreno de la seguridad al del poder nacional. Y en ese terreno, Washington no acepta árbitros externos.
La cena del jueves sirvió para fijar ese marco. Entre los invitados estaban Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Mark Zuckerberg, al frente de Meta, junto a otros líderes del sector. Sus intereses son concretos: acceso a cómputo, reglas de exportación para los chips avanzados que se fabrican con tecnología americana y suministro eléctrico capaz de sostener los centros de datos.
La conversación que importa no es la de los aranceles, sino la de los semiconductores. Nadie en Silicon Valley olvida que las licencias se deciden a pocas manzanas de la Casa Blanca.
Ahí España tiene algo que decir. El Real Instituto Elcano sostiene desde hace años que la economía española es tomadora de reglas en el pulso tecnológico entre las dos potencias. El PERTE de Microelectrónica y Semiconductores, dotado con más de 12.000 millones de euros, aspira a captar inversión global en chips, pero depende de licencias, maquinaria y propiedad intelectual que se deciden fuera.
Telefónica, Inditex o el sector agroalimentario exportan a China y compran tecnología americana: cualquier endurecimiento bilateral les llega por partida doble. En paralelo, Bruselas aplica el AI Act —el reglamento europeo de inteligencia artificial, con obligaciones escalonadas— y observa cómo se define el estándar al otro lado del Atlántico.
La Lógica de Washington
Para entender por qué Trump recibe a Xi con alfombra roja y mantiene a la vez el pulso tecnológico hay que mirar la coalición que sostiene esta política. El Partido Republicano ha fusionado dos tradiciones que durante años se miraron con recelo: los halcones comerciales y de seguridad nacional, partidarios de desacoplar de China las cadenas de suministro críticas, y el ala tecnológica que entró con la primera Administración Trump y que hoy tiene en la Casa Blanca su mejor altavoz. El resultado es una doctrina híbrida: máxima presión en semiconductores y mínima regulación interna de los modelos de IA.
El precedente es Nixon en 1972. Solo un presidente con credenciales anticomunistas indiscutibles podía abrir China sin pagar un precio electoral, y la lógica se repite: Trump entrega gestos de Estado mientras conserva intactos los instrumentos de presión. Sobre la mesa no hay un tratado de control de armas de inteligencia artificial, sino un acuerdo tácito para no frenar el desarrollo. El guardrail no es un organismo multilateral: es el Departamento de Justicia, que persigue a quien incumpla desde dentro del sistema americano.
Para España, la lectura es incómoda pero clara. Si el eje Washington-Pekín se estabiliza sobre un reparto de reglas sin Europa en la mesa, la UE queda como receptora de estándares ajenos. El mercado chino absorbe en torno al 2% de las exportaciones españolas —porcino, cobre, maquinaria, y componentes de automoción— y el americano pesa más del doble. La próxima ventana de negociación es el calendario comunitario de aplicación del AI Act y las conversaciones comerciales de Bruselas con la nueva Administración.
Lo que observamos es que Washington no va a esperar a que Europa se ponga de acuerdo: fijará el marco tecnológico con quien tenga el cómputo. Queda una incógnita que nadie en la capital resuelve: qué ocurre el día en que un modelo de frontera cause un daño verificable y ambas potencias hayan renunciado de antemano a frenarlo. Ese día, el guardrail se quedará corto. La visita cierra este sábado con una foto de armonía y ninguna arquitectura de seguridad compartida.
Ficha del Caso
- El caso: Segunda visita de Estado de Xi Jinping a Washington, de tres jornadas, con la inteligencia artificial como eje y una cena con la cúpula de Silicon Valley.
- Datos clave: Cumbre de tres días que concluye este sábado (26 de septiembre); Trump y Xi respaldan el nombre Super Inteligencia (SI) y rechazan una ralentización coordinada del desarrollo; el Departamento de Justicia queda como único guardrail citado.
- Para España: Sin cambios inmediatos en aranceles, pero el marco regulatorio de la IA que salga de Washington condiciona al sector tecnológico español, al PERTE de chips y a las empresas con exposición simultánea a China y a EE. UU.

