Felipe VI presidirá el Capítulo de la Orden de San Hermenegildo en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La cita figura ya en la agenda oficial de la Casa del Rey, que la ha programado con su ritmo habitual —cada dos años, mismo escenario, mismos protagonistas— y le ha reservado un lugar central en el calendario militar de la Corona.
No es una parada militar al uso. El capítulo es la sesión solemne en la que ingresan los nuevos caballeros y damas de la Orden y en la que se entregan las cuatro categorías vigentes: Gran Cruz, Placa, Encomienda, y Cruz. Todo el protocolo gira en torno a un mismo criterio: la constancia en el servicio y la conducta intachable acreditadas a lo largo de toda una carrera.
El Escorial y una orden con más de dos siglos de historia
La Real y Militar Orden de San Hermenegildo fue instituida en 1814 por Fernando VII, a propuesta del Consejo de Guerra y Marina, para reconocer la constancia en el servicio militar de los oficiales del Ejército. Entonces se decretó su celebración anual. En la actualidad, sin embargo, el capítulo detenta un carácter estrictamente bienal, y esa frecuencia le da al acto un peso distinto: no hay margen para la rutina ni para el trámite.
Según establecen las Reales Ordenanzas, en la Orden ingresan los militares de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil que acreditan esa constancia y una conducta intachable. Para el ingreso o el ascenso se exige, entre otros requisitos, ser oficial general u oficial de las escalas superiores, o suboficial, del Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y los Cuerpos Comunes, además de los tiempos de servicio cumplidos.
Ninguna de esas condiciones se negocia. La Orden no premia una acción concreta ni una misión brillante, sino una trayectoria sostenida durante décadas. De ahí que buena parte de los condecorados llegue al capítulo con la carrera ya madura y, en no pocos casos, en su último tramo de servicio activo.
El acto funciona, en ese sentido, como una foto fija de la España militar: mandos de Tierra, Armada y Aire, guardias civiles y miembros de los cuerpos comunes compartiendo una misma ceremonia en un escenario con siglos de historia a la espalda.
La Orden de San Hermenegildo no distingue el heroísmo de un día, sino la fidelidad de toda una vida de servicio bajo bandera.
Un vínculo constitucional que se escenifica cada dos años

El Rey ostenta el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Ese mandato constitucional se traduce en una agenda castrense que Zarzuela cuida con precisión: la Pascua Militar cada 6 de enero, la entrega de despachos en Zaragoza, el Día de las Fuerzas Armadas en primavera y, cada dos años, este capítulo en El Escorial. La presencia del Monarca no responde a una cortesía protocolaria. Representa el mando.
El protocolo es rígido y previsible, y ahí reside buena parte de su valor simbólico. Formación de los participantes, lectura de la disposición, imposición de las condecoraciones y saludo final a la bandera. Nada se improvisa. Zarzuela mide cada minuto.
Hay un detalle que suele pasar desapercibido. La Orden se integra por caballeros y damas, una composición que refleja la presencia femenina consolidada en los cuadros de mando de los tres Ejércitos y del instituto armado. No es un gesto reciente ni una concesión simbólica de última hora.
Qué se juega la Corona con este capítulo
La relación entre la Corona y las Fuerzas Armadas es uno de los pilares menos discutidos y, a la vez, más sensibles de la institución. El capital simbólico que el Rey acumula en ese terreno resulta difícil de replicar desde cualquier otro ámbito del Estado. También es un capital que exige mantenimiento: un acto como el de El Escorial no se sostiene solo con solemnidad, sino con presencia continuada y con reconocimiento efectivo a quienes sostienen la estructura.
El riesgo, si existe, es el de la distancia. La ceremonia es un acto de puertas adentro, con escasa circulación pública y un lenguaje hermético para el ciudadano medio. La Corona compensa esa opacidad natural con una agenda que en los últimos años ha abierto cuarteles, buques y academias al escrutinio de los medios. Ese equilibrio, entre solemnidad y transparencia, es el que sostiene la confianza.
Mi lectura es que el capítulo bienal funciona como recordatorio de continuidad. La institución no necesita inventar gestos en este terreno: le basta con sostener una tradición que enlaza 1814 con 2026 y que coloca al Rey en el centro de una ceremonia que no es suya, sino de los condecorados. Esa renuncia al protagonismo es, paradójicamente, su mejor herramienta de legitimación castrense.
Queda una capa más, la generacional. La Princesa de Asturias, llamada a ejercer algún día el mando supremo, ha construido su formación militar con ese horizonte: conocer desde dentro la vida de las unidades antes de asumir cualquier responsabilidad de mando. El relevo no se improvisa.
La Casa del Rey no ha precisado aún la fecha exacta de la ceremonia. En el calendario castrense de la Corona, la siguiente cita fija es la Pascua Militar, el 6 de enero de 2027, con la que arranca cada año el vínculo entre la institución y sus Ejércitos.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: el Capítulo de la Orden de San Hermenegildo es la cita bienal en la que la Corona reconoce la constancia en el servicio de los militares de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil. Se celebra en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
- El detalle de protocolo: las cuatro categorías de la Orden —Gran Cruz, Placa, Encomienda y Cruz— ordenan la precedencia de los condecorados. El ingreso exige conducta intachable y tiempos de servicio acreditados.
- Próximos pasos: la Casa del Rey no ha confirmado la fecha exacta del capítulo. La siguiente cita fija del calendario castrense es la Pascua Militar, el 6 de enero de 2027.

