Brasil vota el 4 de octubre con empate técnico y la inversión española pendiente de un resultado que todavía nadie tiene atado.
El último sondeo de Datafolha, publicado el pasado jueves, sitúa a Luiz Inácio Lula da Silva con un 40% de intención de voto frente al 36% de Flávio Bolsonaro. En un balotaje —la segunda vuelta que se disputa cuando nadie alcanza la mayoría absoluta—, la distancia se estrecha al 47% contra el 45%. Empate técnico y balotaje abierto: ese es el escenario que dibujan los sondeos.
Un empate técnico que obliga a mirar al 25 de octubre
Para ganar en primera vuelta en Brasil hace falta la mitad más uno de los votos válidos, un umbral que Lula está hoy muy lejos de alcanzar. El calendario oficial del Tribunal Superior Electoral ya tiene reservado el 25 de octubre para la segunda vuelta, y todo apunta a que se usará. En el Partido de los Trabajadores lo admiten entre líneas: su meta declarada es ‘vencer en primera vuelta’, pero nadie firma que se cumpla.
La erosión se aprecia en los bloques que sostenían al presidente. Entre los votantes con renta familiar de hasta dos salarios mínimos, Lula cayó del 57% de 2022 al 46% actual. Entre las mujeres descendió del 49% al 42%. Enfrente, Flávio Bolsonaro ha recortado diez puntos de desventaja en apenas cuatro meses, empujado por un discurso sobre el coste de la vida que funciona en un país con 84 millones de personas con deudas atrasadas.
Por qué la inversión española mira estas elecciones con lupa
Brasil es una de las grandes plazas de la inversión española en el exterior. Compañías como Santander, Telefónica, Iberdrola, Repsol o Mapfre llevan décadas asentadas en el país, con negocios que van de la banca a la distribución eléctrica, pasando por las telecomunicaciones o los seguros. Lo que salga de las urnas se traduce en euros para sus cuentas anuales.

El asunto no es tanto quién gane como con qué reglas se gobierna después. El pasado viernes, Lula firmó una medida provisoria —una figura legislativa brasileña que entra en vigor de inmediato y necesita luego el aval del Congreso— para prohibir las apuestas deportivas online y los casinos digitales, una actividad que su propio Gobierno había regulado. Flávio Bolsonaro promete revisar la prohibición si llega al poder.
Una medida provisoria puede cambiar en un fin de semana el marco en el que opera un sector entero; la empresa española lo sabe.
Para una compañía española con contratos a diez años, ese vaivén normativo no es un detalle menor. La campaña transcurre además en medio del caso Master, la investigación sobre el banquero Daniel Vorcaro que ha derivado en la mayor crisis del Tribunal Supremo brasileño desde la recuperación democrática. Flávio Bolsonaro niega cualquier irregularidad en su relación con el financiero, y los analistas calculan que un 40% del electorado puede moverse ante un escándalo de última hora.
Lo que el precedente de 2022 enseña a las empresas españolas
En 2022, Lula se impuso en la segunda vuelta por el margen más ajustado desde el retorno de la democracia. Tres meses después, el 8 de enero de 2023, miles de seguidores de Jair Bolsonaro asaltaron las sedes de los tres poderes en Brasilia. La conmoción sacudió los mercados brasileños y, de rebote, el valor en euros de los activos que las compañías españolas mantienen en el país.
El padre del candidato cumple una condena de 27 años por intento de golpe de Estado, un hecho sin precedentes que condiciona toda la campaña. El segundo precedente es más silencioso: las empresas españolas en Brasil atravesaron ya la recesión de 2015 y 2016, la peor en décadas, y varias crisis cambiarias que recortaron de golpe los beneficios repatriados. Aprendieron a cubrirse. Lo que ningún derivado protege es un cambio de reglas.
El marco comercial añade otra capa: el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, pendiente aún de ratificación, ampliaría el terreno de juego para la exportación española. Y las fechas a seguir son tres: el debate de TV Globo del próximo jueves 1 de octubre, la primera vuelta del 4 y el balotaje del 25 si nadie alcanza la mayoría.
En el mapa manda el Sudeste: São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro concentran cerca del 40% del electorado y, en un balotaje, el senador va por delante en dos de los tres. El Nordeste, una cuarta parte del país, sostiene a Lula. En Minas, el estado que anticipa al ganador desde la vuelta de la democracia, el empate es total.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Brasil celebra la primera vuelta de sus elecciones presidenciales el 4 de octubre, con Lula y Flávio Bolsonaro empatados en los sondeos y un balotaje casi seguro el 25 de octubre.
- Datos importantes: Datafolha otorga un 40% a Lula y un 36% a Flávio en primera vuelta; en un hipotético balotaje la diferencia cae al 47%-45%. El país acumula 84 millones de personas con deudas atrasadas.
- Resumen: La cita electoral condiciona la marcha de la inversión española en Brasil, uno de los grandes destinos exteriores de compañías como Santander, Telefónica o Iberdrola.

