El senador Dave McCormick acusa a China y Rusia de impulsar el rechazo a los centros de datos de IA. Lo dijo el sábado en una entrevista con Breitbart News y lo respaldó con un dato de encuesta: en China, la inteligencia artificial y sus infraestructuras gustan por 80 a 20. En Estados Unidos ocurre exactamente lo contrario.
El senador por Pensilvania, ex gestor de fondos de inversión, no se quedó en el diagnóstico. «: las grandes tecnológicas hicieron un mal trabajo al presentar estas instalaciones a los vecinos.
Una encuesta que se lee al revés en Pekín y en Washington
La brecha que describe McCormick es, en su lectura, demasiado grande para ser espontánea. «No es por accidente. Es porque los chinos están moldeando el diálogo», sostuvo. El contraste entre los dos países es, para él, la prueba principal de la injerencia.
El senador situó el envite más allá de la economía. Si China se convirtiera en líder mundial de la IA, dijo, obtendría «una ventaja militar, una ventaja económica, y podría fijar las reglas para el mundo». Quien fija los estándares técnicos acaba fijando las reglas del juego.
No es una sospecha sin papeles. En agosto, la red social X reveló que su equipo de seguridad había identificado una presunta granja de bots china de 200.000 cuentas, 200 de ellas dedicadas a «manipular un debate legítimo sobre la IA y la política energética estadounidense». En junio, un informe de OpenAI ya había descrito una campaña vinculada a Pekín, bautizada como Data Center Bandwagon, que usaba ChatGPT para difundir mensajes según los cuales los centros de datos encarecían la factura de la luz.
La batalla por la IA no se libra solo en los laboratorios: se decide en la factura de la luz del vecino.
Cale Brown, presidente del think tank Polaris National Security, añadió una lectura que el senador ha repetido: «El Partido Comunista Chino usará cualquier herramienta, incluida la IA estadounidense y las redes sociales estadounidenses, para dividirnos y debilitarnos». La paradoja, según esta tesis, es que la tecnología que aquí se discute libremente está censurada allí.
El frente local: energía, agua y quién decide dónde se construye

McCormick sostiene que ningún senador debería dictar dónde se levanta un centro de datos. Pone como ejemplo los acuerdos alcanzados en localidades de Pensilvania como Bloomsburg y Homer City, donde, según su relato, las comunidades han pactado condiciones que protegen los costes energéticos, el agua, y el empleo local. La lógica es sencilla: si la oposición vecinal se gestiona desde la negociación, la campaña exterior pierde munición.
En ese terreno aparece un aliado inesperado. McCormick elogió al senador demócrata John Fetterman como «la mejor sorpresa» desde que llegó al Senado, y describió a su partido intentando cancelarlo. Fetterman se ha desmarcado de buena parte del Partido Demócrata en materia de IA: en agosto escribió que «China sigue alimentando y beneficiándose de nuestra sobrerreacción». La frase ya entró en en el debate de una industria que hasta hace poco votaba casi en bloque por más regulación.
El senador lanzó además una propuesta institucional: un modelo de supervisión de la IA «parecido a FINRA» (la organización autorregulada que agrupa a los brókeres estadounidenses y vigila sus prácticas con respaldo federal), es decir, reglas y sanciones lideradas por la industria bajo tutela del Gobierno. La fórmula tiene precedente: la Ley Maloney de 1938 ya creó organismos de autorregulación para el sector financiero, un patrón que Washington recicla cada vez que regular un sector nuevo le parece un mal negocio.
La Lógica de Washington
Washington no pide permiso. El problema que intenta resolver es doble: la administración quiere ganar la carrera de la IA y, a la vez, evitar que la política energética sea el frente doméstico donde se resquebraje su coalición. Los centros de datos consumen electricidad en volúmenes impensables hace una década, y quien paga esa factura es el mismo votante que sostiene al Partido Republicano en estados como Pensilvania, Ohio o Georgia. Si el debate lo capturan las plataformas vecinales, la Casa Blanca pierde municipios que necesita.
La coalición que sostiene esta posición es más amplia de lo que parece: tecnológicas que quieren reglas flexibles, ayuntamientos que quieren ampliar su base fiscal y senadores de ambos partidos que temen entregar el liderazgo tecnológico a Pekín. Ahí el equilibrio es frágil.
Para España, la lectura no es abstracta. Las inversiones de Amazon, Microsoft y Meta en Aragón, Madrid y Castilla-La Mancha han convertido al país en una plaza europea de referencia para esta infraestructura, con Iberdrola y Endesa en el centro del debate sobre energía y agua. El reglamento europeo de IA avanza por fases; Washington prefiere dejar al Congreso como árbitro lento.
La campaña de desinformación que McCormick denuncia no entiende de fronteras. Los relatos que asocian los centros de datos a la subida de la luz circulan en español y ya aterrizan en el debate público español.
La ventana clave está en el calendario legislativo: si la propuesta tipo FINRA avanza, tendrá que pasar por los comités del Senado. El precedente no invita a la prisa: desde la Ley Maloney de 1938 hasta la creación de la propia FINRA pasaron casi setenta años. Nadie dijo que sería rápido.
Ficha del Caso
- El caso: El senador republicano Dave McCormick sostiene que China y Rusia impulsan una campaña para volver a la opinión pública estadounidense contra la IA y los centros de datos.
- Datos clave: En China, la IA y los centros de datos son populares por 80 a 20, según el senador. En agosto, X identificó una granja de bots de unas 200.000 cuentas; en junio, OpenAI documentó la campaña Data Center Bandwagon.
- Para España: Las inversiones de Amazon, Microsoft y Meta en Aragón, Madrid y Castilla-La Mancha sitúan al país en el centro de la discusión europea sobre energía, agua y regulación de la IA.

