Repsol tiene un problema nuevo y no nace en Madrid: el petróleo de Venezuela se reparte ya con Washington como primer destinatario. El acuerdo entre Trump y Delcy Rodríguez deja en el aire los contratos energéticos españoles.
Trump lo resumió ante la Asamblea General de la ONU con una frase que no admite dudas: ‘El vencedor se queda con el botín’. A su lado, en una semana de apretones de manos, Delcy Rodríguez cerraba en Nueva York su reaparición internacional como mandataria interina de facto. La prioridad declarada es una sola: los hidrocarburos venezolanos.
Para España, eso abre una pregunta incómoda. Repsol ha tenido presencia en el negocio petrolero venezolano durante años, y cualquier reparto del crudo que se cierre por decreto condiciona su posición. No es una hipótesis lejana: es la lógica de una alianza que ya funciona.
Qué se ha acordado en Nueva York y con quién
Donald Trump reconoció este pasado sábado, 26 de septiembre, que habló ‘de elecciones’ con Rodríguez, elogió el acuerdo petrolero firmado en agosto y describió a su contraparte como una interlocutora ‘amable y fantástica’. Sin fecha para los comicios y sin detalles técnicos, el pacto se presenta como un éxito diplomático mutuo.
La agenda neoyorquina de la mandataria interina fue intensa. Se reunió con el presidente de Chile, José Antonio Kast, y días antes con el de Paraguay, Santiago Peña, que en su discurso ante la ONU sí reclamó una fecha para las urnas. También se la vio saludar a su homólogo español, Pedro Sánchez.
Sobre el terreno hay un detalle jurídico que casi nadie subraya: el mandato interino de 180 días venció en julio. Antes, el 3 de enero, una incursión militar estadounidense en Miraflores había extraído a Nicolás Maduro y abierto la expectativa de una transición. Nueve meses después, María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, acumula siete intentos fallidos de regresar al país, tres de ellos en menos de 24 horas, según publicó el diario ABC.
Washington no pone la fecha de las elecciones, pero sí decide quién puede vender el crudo venezolano y quién no.
Las calles se han convertido en el termómetro menos cómodo. A los apagones y la falta de agua, agravados tras los terremotos de junio, con más de 6.000 muertos, se sumó un tercer reclamo: elecciones con fecha. Según la encuesta de Meganálisis, el 93,7% de los venezolanos no se sintió representado por Rodríguez en la ONU, el 91,4% desaprobó su reunión con Trump y apenas el 12,6% respalda el acuerdo petrolero, frente a un 79,8% que lo rechaza.
Por qué el pacto golpea a Repsol y a los intereses energéticos españoles
El crudo venezolano no es una pieza menor en el mapa atlántico. Los operadores estadounidenses aparecen ahora en primera fila, mientras los europeos quedan pendientes de licencias y de decisiones ajenas. Traducido: el acceso a esos barriles depende de un permiso que se firma a miles de kilómetros de Caracas.

Conviene recordar el precedente. En la etapa más dura de las sanciones, compañías europeas como Repsol necesitaron autorizaciones de la OFAC —la oficina del Tesoro estadounidense que gestiona las sanciones— para seguir operando en el país caribeño. La llave del crudo venezolano siempre ha estado en Washington, no en Caracas, y ahora esa llave se usa también con criterios de política interior estadounidense.
Para España el asunto tiene dos caras. La industrial: las refinerías nacionales procesan crudos pesados y la reordenación del mercado atlántico afecta a costes y suministro. La de imagen: Madrid mantiene un canal abierto con Caracas mientras buena parte de Iberoamérica observa si España defiende una salida democrática o se acomoda al nuevo equilibrio de fuerzas.
El precedente que conviene recordar: cuando el crudo se reparte por decreto
Hay un antecedente que ayuda a medir el riesgo. Cuando Washington endureció su pulso contra Caracas, el petróleo dejó de circular por criterios comerciales y pasó a moverse por autorizaciones discrecionales. Las empresas europeas que querían quedarse debían pedir permiso a la administración estadounidense, y ese permiso se renovaba o se retiraba según la coyuntura política del momento.
El patrón se repite ahora con una diferencia sustancial: ya no hay sanciones que frenen el negocio, sino una alianza que lo canaliza hacia compañías y compradores estadounidenses. Para un país como España, cuyas energéticas construyeron su posición internacional en América Latina a base de contratos de largo plazo, ese cambio de reglas tiene un coste de oportunidad difícil de cuantificar. Y el suelo es frágil: la Misión Internacional de la ONU sostiene que el aparato represivo sigue intacto y Foro Penal cifra en 344 los presos políticos, piezas de cambio en cualquier negociación.
Qué conviene seguir. Primero, el calendario: sin fecha electoral, cada mes consolida a Rodríguez y erosiona el capital político de la oposición. Segundo, las licencias: cualquier movimiento de Washington sobre los permisos de operación repercutirá en las cuentas de las energéticas españolas. Y tercero, la posición de Madrid, que tendrá que decidir si su diplomacia en la región se apoya en la defensa de las urnas o en la gestión del corto plazo. El petróleo ya tiene dueño prioritario. La pregunta es a qué precio.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Trump consolida su alianza con Delcy Rodríguez y prioriza el petróleo venezolano para Estados Unidos, mientras la oposición de María Corina Machado queda fuera del tablero.
- Datos importantes: El pacto firmado en agosto implica 65.000 millones de barriles para Estados Unidos, según las cifras difundidas junto a la encuesta de Meganálisis. El mandato interino de 180 días venció en julio y Foro Penal contabiliza 344 presos políticos.
- Resumen: La llave del crudo venezolano está en Washington, así que los contratos energéticos de Repsol dependen de licencias y equilibrios ajenos a España.

