3Ingredientes activos y advertencias: hipoclorito, lejía, ácido o amoniaco en cada envase
En la práctica totalidad de los quita-mohos de supermercado que bajan de los dos euros, la sustancia que hace el trabajo es el hipoclorito de sodio, es decir, la lejía. Las fórmulas de este tipo registradas a escala europea incluyen hipoclorito sódico en torno al 6,8% en peso, del que se libera cerca de un 0,94% de cloro activo, y lo suelen acompañar de hidróxido de sodio (alrededor del 0,2%) y de tensioactivos como las aminas C12-14 alquildimetil N-óxidos (0,14%), que ayudan a que el producto se extienda. En Mercadona conviven dos enfoques distintos: los formatos Bosque Verde a base de lejía —con hipoclorito sódico como agente blanqueante y desinfectante— y alternativas sin cloro, como el limpiador de baños desinfectante (1,55 €), que declara tensioactivos no iónicos por debajo del 5% y ácidos débiles en lugar de lejía, o el limpiahogar Oxi Active (1,35 €), basado en blanqueantes oxigenados. En Lidl, la gama W5 ofrece también tanto un limpiador higienizante con cloro como variantes sin cloro y antical de pH ácido (en torno a 2,5). El envase manda: hay que buscar en la etiqueta si pone hipoclorito o «sin lejía».
Ahí está la advertencia clave. Los limpiadores con hipoclorito no deben mezclarse nunca con ácidos (vinagre, salfumant, antical) ni con productos que contengan amoniaco: con los primeros se libera cloro gaseoso y con los segundos se forman cloraminas, compuestos ambos que irritan las vías respiratorias, y por eso la etiqueta prohíbe expresamente combinarlos con otros productos de limpieza. El hipoclorito está clasificado como corrosivo para la piel y deja daño ocular grave, de modo que exige guantes, ventilación y evitar el contacto con ojos y mucosas. A esto se suman las limitaciones de superficie: el pulverizador multiusos con lejía de Mercadona advierte de que no debe aplicarse en ropa de color, aluminio, superficies calientes, cuarzo, lana, alfombras ni paredes pintadas, porque decolora o corroe. Frente a esos avisos, los formatos sin cloro evitan el riesgo químico de la lejía, pero siguen llevando tensioactivos y ácidos que irritan piel y ojos y que tampoco conviene mezclar con lejía.

