Trump estudia reanudar la guerra contra Irán tras las legislativas de noviembre

Funcionarios citados por Axios dan por roto el canal de Catar y sitúan una posible ofensiva después de los comicios. El estrecho de Ormuz, por donde pasa una cuarta parte del petróleo mundial, sigue bloqueado.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las negociaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán mediadas por Catar se han atascado. Funcionarios estadounidenses citados por Axios creen que Trump podría reanudar la ofensiva a gran escala tras las legislativas de noviembre.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca de Donald Trump, el Gobierno iraní y los mediadores cataríes, que se reúnen por separado con ambas delegaciones sin resultados.
  • ¿Qué impacto tiene? El estrecho de Ormuz canaliza alrededor de una cuarta parte del petróleo y el GNL que se mueve por mar en el mundo. Un bloqueo prolongado golpearía los precios de la energía en España y en el conjunto de la UE.

Donald Trump estudia reanudar la guerra contra Irán después de las legislativas de noviembre. Así lo creen funcionarios estadounidenses citados por Axios, que dan por agotada la vía de las negociaciones indirectas mediadas por Catar.

Los mediadores cataríes se reunieron por separado con las delegaciones estadounidense e iraní en Nueva York este lunes. Salieron con las manos vacías. La razón es tan sencilla como incómoda: ninguna de las dos partes está dispuesta a moverse primero. ‘Está atascado. Los iraníes piden cosas que Estados Unidos no puede aceptar, y Estados Unidos cree que va ganando, así que no necesita negociar’, resume una fuente citada por Axios.

Trump rechazó la semana pasada la última propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz. Ahí está la clave energética del pulso. Por ese paso marítimo circula una cuarta parte del petróleo y el GNL que se transporta por mar en el mundo, y su bloqueo mantiene la presión sobre los precios de la energía en Europa.

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Una negociación atascada que nadie quiere desbloquear

El presidente estadounidense ha negado con dureza las versiones que apuntaban a un posible canje: alivio de sanciones y liberación de activos iraníes congelados a cambio de concesiones en el programa nuclear. ‘I offered them NOTHING’, escribió en Truth Social el lunes. Traducido: no ofreció nada. El mensaje iba dirigido a Teherán, pero también a su propia base.

La guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán el pasado 28 de febrero nunca fue popular entre el electorado. Parte de los votantes de Trump la lee como una traición a su promesa de ‘no nuevas guerras’ y a su discurso contra las ‘guerras eternas’. Ese desgaste, más que cualquier cálculo militar, es lo que empuja al calendario de noviembre.

La Casa Blanca no negocia para cerrar la guerra, sino para llegar a noviembre sin que el conflicto le pase factura en las urnas.

Desde Teherán, un responsable de seguridad lo tiene claro: ‘Donald Trump no puede calmar los mercados energéticos ni ocultar los costes de su bloqueo con poses y publicaciones en redes sociales’. La frase, atribuida por la televisión estatal rusa, forma parte de la guerra de relato, pero señala un punto real: el estrecho sigue cerrado.

Una base dividida y unos arsenales agotados

Las encuestas dibujan un panorama incómodo para la Casa Blanca. Según un sondeo de Fox News, el 71% de los votantes registrados cree que la administración no tiene una estrategia clara para cerrar el conflicto con Irán, y el 60% considera que la decisión de atacar fue equivocada. Un 47% sostiene que la acción militar ha dejado al país menos seguro, frente al 32% que opina lo contrario.

A eso se suma el termómetro electoral. Los demócratas superan a los republicanos por más de diez puntos en la carrera por el control de la Cámara de Representantes, según los últimos sondeos de la Universidad de Quinnipiac y de NPR/PBS/Marist. Si esa ventaja se confirma en noviembre, Trump perdería el control del Congreso y, con él, buena parte del margen para sostener una campaña militar impopular.

El fondo del pulso es el programa nuclear iraní y el régimen de sanciones que asfixia la economía del país desde 2018, cuando Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo de Viena. Teherán ha ido elevando su nivel de enriquecimiento de uranio mientras Washington aprieta. Ninguna de las dos partes quiere ser la primera en ceder, y Catar, que se ha ofrecido como puente, ya admite frustración.

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El desgaste no es solo político. El inspector general del Pentágono ha señalado que la campaña de bombardeos redujo de forma significativa las reservas de munición de Estados Unidos. Y las interrupciones del tráfico en Ormuz siguen alimentando los precios de la energía, un coste que Trump intentó trasladar recientemente al conflicto de Ucrania.

Equilibrio de Poder

A corto plazo, el eje que importa no es Moscú ni Bruselas, sino el propio calendario estadounidense. La administración Trump ha convertido la guerra contra Irán en una pieza de su campaña: mantenerla viva moviliza a parte de su base, pero reanudarla a gran escala antes de de las urnas le costaría votos. Rusia observa el desgaste de su principal rival con evidente interés, mientras China compra petróleo iraní con descuento. Bruselas, atrapada entre la dependencia energética y una OTAN que mira cada vez más al Indo-Pacífico, asiste al pulso sin capacidad real de mediación.

Para España el asunto es todo menos ajeno. El estrecho de Ormuz es la salida natural del gas catarí, uno de los principales proveedores de GNL de nuestro país. Un cierre prolongado no solo encarece la factura energética: tensa la seguridad del flanco sur, donde Irán mantiene redes de influencia en el Sahel y el Magreb que afectan directamente a Marruecos y a la estabilidad del norte de África. Las bases de Rota y Morón, integradas en el dispositivo estadounidense, convierten a España en actor de retaguardia de cualquier operación en la región.

El precedente más útil es el de enero de 2020. Trump ordenó entonces el ataque que mató al general Qasem Soleimani, Irán respondió con misiles contra la base de Al Asad y, contra todos los pronósticos, la crisis se desinfló. La lección que sacó la Casa Blanca fue que puede golpear y desescalar a la vez. La que sacó Teherán fue que el cierre del estrecho es su carta más valiosa, y ahora la juega con cuentagotas.

El riesgo real no es una escalada inmediata, sino una reanudación calculada para el día después de las legislativas. Washington gana tiempo, Irán lo pierde a propósito y los mercados de energía cargan con la factura. La próxima ventana crítica llega en noviembre. Hasta entonces, cada ronda de negociación en Nueva York servirá para lo de siempre: medir quién aguanta más.