BlackRock lo ha dicho sin rodeos: mientras Argentina no baje su volatilidad, seguirá siendo un trade —una apuesta de corto plazo—. El mayor gestor de activos del mundo coloca el historial de defaults del país por delante de sus fundamentos macroeconómicos, y la advertencia tiene lectura española: Santander y BBVA son los dos grandes bancos con negocio propio en el mercado argentino.
Quien puso las palabras fue Pablo Goldberg, jefe de Research y gestor de carteras de deuda de mercados emergentes en BlackRock, durante su intervención en el 62º Coloquio de Idea. Su diagnóstico, recogido por Clarín, no dejó margen: ‘Si nos olvidamos de la historia de defaults en la Argentina, tendría un grado de inversión, pero el riesgo político doméstico es alto. El resumen, en una frase: el expediente pesa más que los números.
Traducido: el país no suspende el examen por sus cuentas, sino por su pasado. Según Goldberg, el análisis crediticio de Moody’s indica que, en el factor riqueza, Argentina merecería un grado de inversión; cuando la agencia incorpora el historial de impagos, le resta tres escalones. ‘El pasado te condena de alguna manera’, resumió, antes de subrayar que romper con la volatilidad es condición necesaria para generar confianza.
Hay además un detalle que casi nadie cuenta. Los grandes fondos miran primero a los inversores locales: si quien tiene mejor información no arriesga su dinero, resulta difícil justificar que lo haga el capital extranjero. A esa cautela se suma una carencia estructural, la falta de un mercado de capitales profundo en moneda local, que empuja al endeudamiento en dólares y provoca el clásico descalce de divisas.
Por qué la advertencia salpica a Santander y BBVA
Aquí entra España. Santander y BBVA llevan décadas operando en el país a través de filiales que figuran entre las mayores del sistema financiero privado argentino. Su peso en el conjunto del grupo es limitado, pero la volatilidad se cuela en las cuentas con una facilidad incómoda: basta un salto del tipo de cambio o un cambio de reglas para obligar a provisiones y ajustes de valoración.
Un país que cambia las reglas cada cierto tiempo difícilmente convierte la inversión extranjera en capital estable y de largo plazo.
No es un temor teórico. El corralito y la crisis de 2001, con la mayor cesación de pagos soberana registrada hasta entonces, dejaron a las filiales españolas contra las cuerdas y obligaron a sus matrices a asumir pérdidas multimillonarias. Desde entonces, ambos grupos aprendieron a convivir con ese riesgo, aunque el mercado sigue premiando o castigando cada trimestre su exposición. En Argentina, la regla de juego puede cambiar de un día para otro.
El precedente español más doloroso no llegó de un impago, sino de una expropiación. En 2012, Argentina se quedó con el 51% de YPF, la petrolera que entonces controlaba Repsol, en una operación que costó años de arbitraje y una compensación muy inferior a lo reclamado. Aquella herida dejó una lección que el capital español no ha olvidado: el riesgo argentino no se mide solo en bonos.
Los antecedentes que sostienen la cautela de BlackRock
La prudencia del mayor gestor de activos del planeta no nace de una corazonada. Argentina acumula cesaciones de pagos desde el siglo XIX y tres episodios en lo que va de siglo: el estallido de 2001, el impago selectivo de 2014 tras el pulso con los fondos que quedaron fuera de los canjes y la reestructuración de 2020. Cada uno dejó a los acreedores años de litigios y quitas que nadie ha recuperado del todo.
El contraste regional completa el mensaje. Los caminos que cita el propio Goldberg —Uruguay, Paraguay y Colombia— comparten un rasgo: alternancia política sin cambios traumáticos en las reglas. Ahí está el diferencial que exigen los fondos internacionales, y ahí también la razón por la que el Fondo Monetario Internacional sigue vigilando de cerca la evolución fiscal y monetaria del país.
Para España, la conclusión es práctica. Las compañías con intereses en Argentina —banca, energía, infraestructuras y agroalimentación— seguirán exigiendo una prima extra de seguridad antes de comprometer capital, y cada revisión de las agencias de calificación será una cita ineludible en sus departamentos de riesgo.
Conviene seguir la próxima evaluación soberana y el ritmo real de las reformas. De ellas depende que Santander y BBVA dejen de contabilizar Argentina como foco de volatilidad y puedan verla, algún día, como mercado de crecimiento. Sus filiales locales, que compiten por depósitos y crédito, tambien dependen de esa estabilidad.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: BlackRock sostiene que el historial de impagos mantiene a Argentina lejos del grado de inversión y frena la llegada de capital extranjero.
- Datos importantes: Moody’s resta tres escalones al país por su pasado. Argentina suma tres cesaciones de pagos en lo que va de siglo y expropió el 51% de YPF a Repsol en 2012.
- Resumen: Santander y BBVA mantienen filiales relevantes en el país, así que la volatilidad argentina sigue siendo un factor de riesgo para el capital español.

