El último horno de Penàguila cierra tras 44 años: la despoblación deja sin obrador a un municipio de 300 habitantes

Enrique Brotons e Ignacia Alonso se jubilan sin relevo en el obrador Ebia, el único de la localidad. En l'Alcoià apenas quedan dos hornos tradicionales fuera de Alcoi: Gorga y Benilloba.

La despoblación de la Comunitat Valenciana suma un nuevo símbolo: Penàguila se queda sin su último horno tras 44 años de oficio.

Cuarenta y cuatro años de pan y una persiana que baja sin relevo

El obrador Ebia, en el corazón de l’Alcoià, ha bajado la persiana. Detrás del mostrador, Enrique Brotons e Ignacia Alonso han colgado el delantal después de cuatro décadas haciendo pan para un municipio de unos 300 habitantes que, desde ahora, tendrá que buscar el pan en otra parte.

El cierre no responde a una mala racha de ventas ni a una deuda impagable. Responde a algo más difícil de arreglar: no hay nadie que quiera quedarse al frente. La jubilación sin relevo generacional es la única causa de que el pueblo se quede sin horno, según la información difundida por À Punt, y esa es la parte que duele.

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«No quiere nadie, y menos aquí, que ven la vida que he llevado y el horario que he hecho», resume Ignacia Alonso. La frase explica mejor que cualquier informe lo que está pasando en el comercio rural de la comarca: el oficio existe, los clientes existen, pero la vida que lo sostiene ya casi nadie la acepta.

«Primero nos quitaron las escuelas y ahora van desapareciendo los negocios. Entonces, ¿qué pasa? Que el pueblo va a menos», añade la panadera. En Penàguila la escuela se marchó hace tiempo. Ahora se marcha el horno. Y el pueblo, efectivamente, va a menos.

El cierre no se queda en el mostrador vacío. En un municipio de 300 habitantes, el horno hace de oficina de información, de punto de encuentro y de termómetro de si las cosas van bien o mal. Cuando baja la persiana, el pueblo pierde algo más que pan recién hecho.

En los pueblos pequeños, la persiana de un horno no cierra un negocio: cierra la última rutina compartida de una vecindad que ya casi no se ve.

El problema no es el pan: es quién lo va a hacer dentro de diez años

Sin contar Alcoi, en l’Alcoià apenas quedan dos hornos tradicionales: el de Gorga y el de Benilloba. Dos obradores para toda la contornada de un territorio donde el relevo generacional se ha convertido en la excepción y no en la norma.

El diagnóstico se repite en cada conversación del sector: horarios que empiezan antes del amanecer, márgenes que se estrechan y una vida que afecta de de lleno a la familia entera. Nadie con 25 años quiere eso. Y no es una cuestión de nostalgia mal entendida, sino de cuentas.

El comercio de proximidad que cubre servicios básicos en el medio rural se sostiene sobre personas que se jubilan. La cadena se rompe siempre en el mismo eslabón: nadie hereda. Cada cierre sin traspaso es una baja que no vuelve.

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El Escenario Valenciano

En el plano autonómico, el Consell de Pérez Llorca, formado por PP y Vox, ha convertido la despoblación en un capítulo recurrente de sus comparecencias, pero el caso de Penàguila deja la pregunta de fondo sobre la mesa: qué instrumento real evita que un municipio de 300 habitantes pierda su último servicio. El PSPV y Compromís reclaman planes de relevo con financiación estable y ligados al territorio; el Consell apela al marco de ayudas al comercio rural. Sobre el terreno, la distancia entre un plan y un horno abierto se mide en 44 años de trabajo.

La escena se repite en toda España. La Revuelta de la España Vaciada llevó a Madrid en 2019 a miles de vecinos de municipios como este para exigir que la despoblación dejara de tratarse como un asunto decorativo. Desde entonces, el debate nacional se ha centrado sobre todo en la financiación de servicios, no tanto en el relevo de los oficios que hacen posible que esos servicios tengan sentido. El pueblo que pierde el horno es el mismo que pierde la escuela un curso después.

Lo que viene no se resuelve con un acto de homenaje. En los próximos presupuestos autonómicos se decidirá si el comercio rural recibe líneas específicas de relevo o si todo queda en subvenciones puntuales para la apertura, sin nada que garantice la continuidad de quien abre. Mientras, Gorga y Benilloba miran hacia el mismo horizonte con la misma pregunta. La despoblación no llega con un anuncio: llega con una persiana que baja.

Ficha del Caso

  • El caso: El obrador Ebia de Penàguila, en la comarca de l’Alcoià, cierra tras 44 años por la jubilación de sus responsables y la falta de relevo generacional, dejando al municipio sin ningún horno.
  • Datos importantes: 44 años de actividad, un municipio de unos 300 habitantes y solo dos hornos tradicionales restantes en la comarca sin contar Alcoi: Gorga y Benilloba.
  • Resumen: El cierre traslada al debate autonómico y estatal el problema del relevo en el comercio rural, donde cada jubilación sin heredero equivale a la pérdida de un servicio básico para el pueblo.