El Pentágono blinda sus bases para una «guerra mayor»: el programa FORTRESS exige 90 días de autonomía

El memorando firmado por Hegseth en septiembre obliga a cada base crítica a disponer de dos rutas de suministro alternativas. Nadie en el Pentágono lo ha publicado y las elecciones del 3 de noviembre precipitan la decisión sobre Irán.

El programa FORTRESS obligará a las grandes bases militares de Estados Unidos a operar durante 90 días sin apoyo externo, según Fox News. El Pentágono no ha confirmado ni desmentido el documento.

La sigla corresponde a Federal Operations for Resilience, Troop Resources, Energy, Supply and Survivability, una arquitectura que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, habría activado con un memorando fundacional firmado en septiembre. El texto se apoya en cinco pilares: independencia energética, resiliencia de la cadena de suministro, reservas estratégicas, protección física, y ciberseguridad y resiliencia en el espacio y el espectro electromagnético.

Cada base considerada crítica deberá disponer de al menos dos rutas de suministro o producción cualificadas, de forma que la pérdida de una no detenga la operación. Los planificadores estudian pequeños reactores nucleares y grandes bancos de baterías para mantener microredes internas si se interrumpe el suministro eléctrico exterior. También se contempla preparar fábricas civiles para que puedan reconvertirse a producción de defensa en una emergencia.

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Qué dice el memorando que nadie ha publicado

El documento del que habla la cadena conservadora no está en el dominio público. El Departamento de Guerra —antiguo Departamento de Defensa— no lo ha colgado en su portal institucional y el Congreso no ha recibido notificación formal conocida. Eso convierte a FORTRESS en una filtración de fuente única, reproducida después por medios internacionales, y obliga a leerla con la cautela que exige cualquier programa no declarado.

Con esa prevención, el contenido encaja en una línea de trabajo que el Pentágono arrastra desde hace años: reducir la dependencia de la infraestructura civil, de la red eléctrica y de proveedores privados que en un conflicto mayor se convierten en el primer objetivo. El escenario que describe el material es explícito: un adversario capaz de ‘paralizar redes eléctricas, alterar cadenas de suministro y amenazar infraestructuras críticas en suelo estadounidense’.

Ahí está el cambio de fondo. Durante tres décadas, la logística militar estadounidense se diseñó para proyectar fuerza lejos de casa. FORTRESS invierte la ecuación y blinda el punto de partida, justo lo que hace un ejército que ya no se cree invulnerable en su propio territorio.

Una base que necesita tres meses de autonomía ha dejado de ser una plataforma de proyección: se ha convertido en un búnker con pista de aterrizaje.

El quinto pilar es el más revelador. Colocar el espectro electromagnético y la órbita junto a la energía y los almacenes equivale a admitir que el primer golpe de una guerra mayor no será cinético. Será un apagón, un sabotaje de software o una interferencia sostenida sobre los enlaces de mando.

Irán, el diésel y unas elecciones el 3 de noviembre

El calendario tampoco es neutro. Según la información publicada, los ataques iraníes contra instalaciones estadounidenses en Oriente Próximo —en represalia por la ofensiva de EEUU e Israel sobre Irán— han provocado interrupciones logísticas de calado en la región. La autonomía de 90 días no es una hipótesis de manual: responde a un fallo real ya registrado.

A eso se suma el 3 de noviembre de 2026. Los republicanos afrontan las elecciones de medio mandato con las encuestas en contra, y el precio de los carburantes derivado del conflicto iraní se ha convertido en el argumento más eficaz de la oposición. La retórica de Trump ha alimentado la expectativa de una escalada justo después de las urnas. O antes.

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NBC News ha informado de la retirada de personal de algunas bases en Oriente Próximo ante una posible nueva campaña de bombardeos. Es el tipo de movimiento que se hace cuando el plan de contingencia ya está escrito y solo falta la firma.

Equilibrio de Poder

La lectura desde Washington es transaccional y doméstica. Un ejército que certifica la autonomía de sus bases manda un mensaje a Moscú y a Pekín sobre capacidad de resistencia, pero también a sus propios contribuyentes: menos dependencia de aliados y de cadenas globales, más soberanía industrial. Bruselas lleva dos años intentando lo mismo con otro nombre —readiness, autonomía estratégica, reservas— y sin el dinero ni la urgencia. El resultado previsible es una OTAN a dos velocidades logísticas: la estadounidense, que se blinda, y la europea, que aún discute cuánto puede gastar.

Para España el asunto es menos abstracto de lo que parece. Rota y Morón operan bajo el convenio bilateral de defensa y son piezas del sistema logístico estadounidense en el flanco sur. La base naval de Rota concentra los destructores AEGIS del escudo antimisiles y Morón sostiene la Fuerza de Infantería de Marina y el mando de operaciones especiales. Si el criterio FORTRESS se extiende a las instalaciones en Europa, España tendrá que decidir si asume parte del coste de esa autonomía —generación eléctrica propia, reservas, redundancia de accesos— o si deja que Washington lo financie y, con ello, refuerce su control. Y todo esto ocurre mientras el gasto español en defensa sigue por debajo del 2% del PIB comprometido para 2029.

La comparación con la Guerra Fría es tentadora y algo engañosa. Entonces se construyeron refugios; ahora se construyen microredes. El precedente útil es otro: la retirada de Afganistán en 2021 dejó claro que Washington puede abandonar una posición cuando el coste político supera el estratégico. FORTRESS es la respuesta institucional a esa lección, aplicada al propio territorio. Garantiza que las bases aguanten, no que Estados Unidos vaya a quedarse.

El riesgo está en el otro lado del tablero. Un dispositivo que se prepara para recibir el primer golpe también puede leerse como preparación para lanzarlo, y Teherán y Moscú no están obligados a interpretarlo con generosidad. La ventana crítica se abre el 3 de noviembre. Después, la decisión sobre Irán y el primer borrador del presupuesto de defensa español de 2027 dirán si esto era doctrina o solo una filtración bien colocada.