Washington impulsa a Orbán como candidato a secretario general de la ONU con Rusia y China

El consejo editorial del diario neoyorquino sitúa al ex primer ministro húngaro como candidato de consenso de las tres potencias con veto, aunque ni Budapest ni la Casa Blanca han confirmado la operación. La elección exige nueve votos de quince en el Consejo de Seguridad y ningún

Washington está moviendo fichas para sentar a Viktor Orbán en la Secretaría General de la ONU, según el consejo editorial del Wall Street Journal. El respaldo sería triple: Estados Unidos, Rusia y China.

La información la publicó el diario neoyorquino el domingo. Cargos de la Administración de Donald Trump estarían animando al ex primer ministro húngaro a optar al puesto, y la candidatura se plantea como operación conjunta de las tres potencias con veto. No hay decisión final. Tampoco confirmación oficial: ni la Casa Blanca ni el Kremlin ni Pekín han validado el relato.

El editorial condensa la jugada en una frase: ‘Cuando Estados Unidos, Rusia y China quieren lo mismo en el Consejo de Seguridad, normalmente lo consiguen’. Es la descripción exacta del club de los cinco. Quince miembros, cinco con veto permanente y una regla no escrita: ninguna resolución sale adelante contra la voluntad de una de las tres capitales.

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Lo que publicó el WSJ el domingo y lo que ninguna capital confirma

El calendario aprieta. El segundo mandato de António Guterres termina el próximo 31 de diciembre y el puesto sigue sin heredero claro. La tradición apuntaba a Europa del Este, la única región que nunca ha ocupado la Secretaría General, pero esa norma no figura en ningún reglamento. Washington nunca la ha tratado como vinculante.

Los números pesan más que las tradiciones. Un candidato necesita nueve de los quince votos del Consejo de Seguridad y ningún veto. Según la encuesta que citaba la agencia AP el 16 de octubre, ninguno de los siete aspirantes reunía el respaldo unánime de los cinco permanentes. Los nombres que suenan —la costarricense Rebeca Grynspan, el argentino Rafael Grossi y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett— arrastraban dos votos de ‘desánimo’ cada uno.

En la misión estadounidense prefieren hablar de criterios y no de nombres. Mike Waltz, embajador ante la ONU, rechazó que la elección se plantee por cuotas ideológicas o geográficas: ‘Entendemos que hay un deseo de rotación regional. Si el mejor candidato es una mujer, lo celebraremos, pero necesitamos al mejor candidato’. Menos cuotas, más afinidad.

Un candidato que satisface a la vez a Washington, Moscú y Pekín no es una casualidad diplomática: es la única aritmética que el Consejo de Seguridad bendice.

El lastre húngaro de Orbán y el veto de París y de Londres

Orbán llega a la carrera desde una posición débil en casa. Perdió las elecciones legislativas frente a Péter Magyar y su partido Tisza, que puso fin a dieciséis años de gobierno, y desde entonces las autoridades húngaras investigan por fraude y corrupción a antiguos cargos. Dos exministros y el exgobernador del banco central han sido detenidos, en el marco de esas pesquisas. Él no está imputado.

Un secretario general de la ONU goza de inmunidad diplomática, un detalle que el informe deja caer sin desarrollarlo. Su portavoz ya había calificado de ‘noticia falsa’ los rumores anteriores sobre un puesto de vicesecretario general.

El obstáculo serio no está en el Kremlin. Está en París y en Londres. Francia y el Reino Unido, ambos con veto, no han mostrado ninguna simpatía por por la idea, y el primer ministro polaco, Donald Tusk, se encargó este lunes de ridiculizarla: ‘Hace un momento era candidato a presidir la Comisión Europea. Me parece igual de divertido que aquel primer rumor’. En Bruselas el relato encaja mal.

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secretario general ONU

La Lógica de Washington

La pregunta que importa en el Ala Oeste no es quién es Orbán, sino qué tipo de secretario general le conviene a Washington. El puesto no manda tropas ni firma presupuestos. Fija el tono. Interpreta los mandatos del Consejo de Seguridad, decide qué misiones de paz se prorrogan y marca cómo se aplican las sanciones. Quien controla la Secretaría controla la letra pequeña de la posguerra.

Se sostiene en la misma coalición que explica la política exterior de Trump en su segundo mandato: desconfianza hacia el multilateralismo como proyecto ideológico, pero disposición a usarlo cuando conviene. Su electorado no pide una ONU fuerte. Pide que no estorbe. Y Orbán encaja: lleva una década construyendo su carrera sobre la crítica a las instituciones que reparten normas desde arriba.

El precedente está en 1981. China vetó dieciséis veces la reelección de Kurt Waldheim y la pulseada terminó con un candidato de consenso, el peruano Javier Pérez de Cuéllar. Quince años después fue Washington quien tumbó a Butros Butros-Ghali y el Consejo produjo a Kofi Annan. La lección no ha cambiado: cuando los cinco se ponen de acuerdo, la Asamblea General ratifica.

Para España hay tres derivadas. La primera es de idioma: Madrid lleva años reclamando que el español sea lengua de trabajo de la Secretaría, y el perfil del próximo secretario general condiciona esa pelea.

La segunda es de agenda: un secretario general hostil a los pactos migratorios complicaría la posición española. La tercera es de método. España no tiene veto en el Consejo de Seguridad: su influencia se juega en la Asamblea General y en la relación bilateral con Washington, donde el Gobierno de Pedro Sánchez necesita mantener abiertos los canales de defensa y comercio. Eso no se decide en Madrid.

Queda un cabo que el informe no resuelve: qué Estado miembro formaliza la nominación. Hace falta un padrino que presente el nombre por escrito, y el Gobierno que hoy ocupa el despacho de Orbán en Budapest no parece el más indicado. Ahí está la incógnita.

El calendario, en cambio, es público: el Consejo de Seguridad debe recomendar un nombre antes de que expire el mandato de Guterres, el 31 de diciembre, y la Asamblea General lo ratifica después. En las próximas semanas se sucederán las votaciones indicativas a puerta cerrada. Con París y Londres en contra, la candidatura necesita algo más que un buen titular.

Ficha del Caso

  • El caso: El consejo editorial del WSJ sitúa a Viktor Orbán como candidato de consenso de EE. UU., Rusia y China a la Secretaría General de la ONU, sin confirmación oficial.
  • Datos clave: El mandato de Guterres expira el 31 de diciembre; la elección exige nueve votos de quince y ningún veto; París y Londres pueden bloquear.
  • Para España: Sin veto en el Consejo, Madrid juega su influencia en la Asamblea General y en el bloque europeo, con el español como lengua de trabajo y la agenda migratoria como prioridades.