El Ejército francés ya forma a los tiradores del AMX 10 RC como pilotos de drones FPV en su primer escuadrón de caza con drones. Lo que en 2023 era una corazonada de Estado Mayor es hoy una capacidad declarada operativa y en fase de replicarse regimiento a regimiento.
El escenario es el campo de entrenamiento de Mailly-le-Camp, al este de París, durante el ejercicio de junio del 1er Regimiento de Infantería de Marina (1er RIMa). El cabo Igor, 21 años, dejó el asiento del tirador del blindado de reconocimiento y el cañón de 105 mm por unas gafas de visión en primera persona y un mando de mano. Ahora es piloto de ataque, agazapado entre ortigas mientras mete un dron por un camino forestal. ‘Estamos cambiando de especialidad, seguimos el ritmo de los tiempos’, resume.
El 1er Escadron de Drones de Chasse —primer escuadrón de caza con drones— mezcla plataformas de vigilancia, FPV de ataque en un solo sentido y municiones merodeadoras, esos drones que orbitan hasta que aparece el objetivo. La idea nació en el gabinete de operaciones del regimiento a finales de 2023, cuando el capitán Guillaume, especialista en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), llevaba meses desmontando la guerra de Ucrania pieza a pieza. Al probar una unidad experimental en maniobras, los drones generaron ‘un nivel de disrupción demencial’, según el coronel Aymeric Caussin, entonces jefe de ese gabinete. ‘Así que dijimos: vamos a por ello’.
El salto de escala llegó en el ejercicio Hedgehog 25, en Estonia, en mayo de 2025. Diez pilotos franceses, en torno al 5% de la fuerza del grupo táctico, causaron el 20% del desgaste infligido en un solo día al 5º Escuadrón del 7º Regimiento de Caballería estadounidense, equipado con blindados M2A4 Bradley. Devastación virtual, pero devastación. Dos meses después, el escuadrón dejó de ser un experimento; a comienzos de abril de 2026, el Estado Mayor lo declaró plenamente operativo.
El jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Jacques de Montgros, fijó este mes el rumbo: en torno a 15 unidades de combate con drones para el verano de 2027, y más antes de que acabe el año. Francia ha desplegado ya una de estas unidades en Rumanía dentro de la Mission Aigle, la misión que lidera para reforzar el flanco este de la OTAN, y enviará una segunda a Polonia para un ejercicio el mes que viene. Lo contó a los legisladores el 14 de octubre. ‘Estamos en el punto de escalar de verdad nuestros esfuerzos en estas áreas’.
Un 5% de la fuerza que inflige el 20% del daño: la aritmética que ha convencido al Estado Mayor francés de que esto no es una moda.
Del cañón de 105 mm a las gafas FPV: así se recicla a un tirador
La reconversión no es total ni ingenua. La 6ª Brigada Blindada, encargada de crear dos de los cinco nuevos escuadrones y que ha añadido un tercero con medios propios, ha impuesto una doble formación: los pilotos salidos de los misiles contracarro Akeron o de los morteros de 81 mm conservan esas capacidades. La razón es prosaica. Cuando el tiempo no permite volar, alguien tiene que seguir matando. Lo explicó el general Maxime do Tran: ‘No esperamos’.
Cada regimiento adapta la unidad a su propia identidad. En la caballería ligera del 1er RIMa, el dron es explorador y perturbador. En infantería, la prioridad es la potencia de fuego letal. En un regimiento de carros Leclerc, la misión pasa por blindar la columna con ojos y con munición merodeadora. El general Bruno Baratz, al frente del Mando del Futuro Combate, lo resumió en septiembre sin adornos: ‘Es un conjunto de reglas completamente nuevo que aprender’.
El problema de la masa: sin fusiles detrás, el dron no sostiene la línea
El entusiasmo tiene contrapeso. Durante las primeras maniobras de la 6ª Brigada, los mandos comprobaron que la saturación inicial de drones no bastaba: un enemigo numéricamente superior acababa rompiendo la línea si no había soldados con fusil detrás. ‘Nos desbordan rápido si no tenemos también hombres con armas’, admitió do Tran. La conclusión es incómoda para quien soñaba con ejércitos baratos de silicio: equilibrio entre masa humana y pilotos, no sustitución.
En el ejercicio Orion 2026, los pilotos del 1er RIMa anotaron cuatro puestos de mando de regimiento, convoyes logísticos y baterías antiaéreas. La lección operativa es que la distancia ya no protege. Un puesto de mando a varios kilómetros del frente puede ser detectado, fijado y golpeado en minutos, con artillería o con un FPV. Lo contó el sargento primero Tristan, con doce años de trayectoria en el AMX 10 RC antes de mandar un pelotón de pilotos.
Hay más grietas de las que admite el relato épico. Lluvia, viento, interferencia electrónica y sistemas antidrón degradan la capacidad. El propio Caussin advirtió que Orion se hizo en terreno abierto, con un uso realista limitado de la guerra electrónica por el adversario. En el ejercicio de marzo en Mailly-le-Camp, el regimiento contrario carecía de antidrones y apenas tenía aparatos propios. La victoria fue severa, sí, pero contra un enemigo sin respuesta.
El centro de entrenamiento subió el listón en junio: entorno electromagnético disputado, escopetas del calibre 12 en el equipo de infantería, más camuflaje y hasta sombrillas compradas en Decathlon para ocultar la firma visual. Las sombrillas frenaron a los operadores, obligados a distinguir objetivos entre ciervos y jabalíes. Nada de eso sale en las diapositivas de la OTAN, pero explica por qué los franceses insisten en no enterrar el carro de combate.
Equilibrio de Poder
La lectura estratégica excede un regimiento. Ucrania ha funcionado como laboratorio de campaña y Europa empieza a extraer doctrina, no anécdotas. Francia escala estructuras permanentes; Polonia compra a destajo; Alemania reorganiza. Washington, en clave transaccional, sigue desplazando su centro de gravedad al Indo-Pacífico y deja al Viejo Continente la factura de su propia disuasión convencional. Ese reparto convierte la innovación táctica en moneda de cambio político dentro de la OTAN: quien aporta capacidades nuevas, negocia con más peso en Bruselas.
Para España el aviso es directo. El Ejército de Tierra no opera AMX 10 RC, pero sí caballería ligera y de reconocimiento con la misma vulnerabilidad estructural ante la mirada de un dron de 500 euros. El batallón que España lidera en Eslovaquia y sus rotaciones en Lituania dependen de la misma logística de combate que los franceses están reescribiendo en Mailly-le-Camp. Según apuntan fuentes de Defensa consultadas por este medio, aún sin confirmación oficial, el ritmo de creación de unidades específicas de drones de combate sigue por detrás del calendario francés, lastrado por la programación presupuestaria y la competencia entre programas de ala fija —el SIRTAP— y soluciones tácticas de bajo coste.
La frontera sur añade urgencia. Marruecos opera Bayraktar TB2 y ha encargado plataformas de mayor alcance; en el Sahel, grupos y ejércitos emplean drones comerciales modificados con una eficacia que habría parecido ciencia ficción hace una década. Un adversario con capacidad de observación persistente en el Estrecho o en Melilla no se combate solo con más blindados. Lo observamos como un cambio de doctrina del mismo calibre que la aparición del helicóptero de ataque en los años sesenta, y con la misma tentación de sobrecorregir.
El riesgo del momento es doble. Primero, creer que el dron anula el resto del sistema cuando el propio Ejército francés documenta sus límites. Segundo, que la carrera por la cantidad produzca unidades sin masa humana detrás, justo el error que do Tran señala en sus maniobras. La próxima ventana crítica es el verano de 2027: si las 15 unidades francesas están operativas y desplegadas, la doctrina europea habrá cambiado de facto. Si no, quedará un catálogo de experimentos brillantes. El IISS y el Military Balance de 2028 tendrán la última palabra sobre cuánto de esto es doctrina y cuánto mercadotecnia.

