Saá, en Vilar de Santos (Ourense), revivió este fin de semana A lenda de Saá, su particular celebración del Samaín tradicional.
No hubo actores profesionales ni escenografía traída de fuera. Fueron los propios vecinos de la aldea quienes dieron vida a la representación y el resultado, según la crónica de La Región, sorprendió al público por su realismo y por una ambientación que sumergió a los asistentes en el misterio y el terror. La aldea entera funcionó como reparto.
El escenario era el propio pueblo. Saá, una aldea del municipio de Vilar de Santos, en la comarca de A Limia, se convirtió en decorado de una de las citas más auténticas del otoño en la provincia de Ourense. Sin focos de gran formato ni entradas numeradas: calles, fachadas y vecinos.
La propuesta no consistió en explicar una tradición, sino en habitarla. Ahí está la diferencia con casi todo lo que rodea al 31 de octubre en España, donde el truco o trato ha ido ocupando el espacio que antes ocupaban las castañas y el fuego. Saá volvió a reivindicar el Samaín desde dentro, atado a la historia y a la identidad de un lugar pequeño.
Queda el registro gráfico: las 34 imágenes del reportaje de Xesús Fariñas, que siguen la representación fotograma a fotograma. Ese archivo es hoy la forma en que la leyenda viaja fuera de la aldea, mucho más lejos de lo que alcanza una sola noche de escena.
En Galicia el Samaín no se compra: se representa. Y cuando lo representan los propios vecinos, la tradición deja de ser folclore y se convierte en memoria compartida.
Del magosto al ‘truco o trato’: la disputa por el calendario
El otoño gallego tiene su propia liturgia: castañas, fuego, y memoria. El magosto sigue marcando la cosecha y el Samaín abre la puerta del invierno, ese tramo del año en que la tradición oral se permite hablar de lo que no se ve. La presión comercial empuja en la dirección contraria, con disfraces de plástico y escaparates naranjas desde mediados de octubre.
Las administraciones han ido tomando posiciones con intensidades distintas. El BNG (o Bloque Nacionalista Galego, el partido independentista gallego, actualmente primera fuerza de la oposición) ha reclamado en distintas ocasiones el reconocimiento institucional del Samaín como fiesta gallega, y sitúa la recuperación de lo propio en el terreno de la soberanía cultural. El PSdeG (el Partido Socialista de Galicia, federación gallega del PSOE) pone el acento en el apoyo económico a las asociaciones y en la red de casas de cultura que sostiene el calendario festivo. El PPdeG (el Partido Popular de Galicia, la formación gobernante con mayorías absolutas consecutivas desde 2009) responde con programación desde la Xunta de Galicia, el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela, y con un discurso de marca cultural que subraya la singularidad sin entrar en disputas de origen.
Para un municipio pequeño del sur de Ourense, una cita así es también economía: visitantes en un fin de semana flojo, restaurantes abiertos y alguna casa rural completa. La incógnita es la de siempre en el rural gallego: quien sostiene el fuego son vecinos que envejecen, y no hay presupuesto municipal que sustituya esa mano de obra voluntaria cuando falla.
El Laboratorio Gallego
Lo que ocurre en Saá no altera mayorías en el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega, con 75 deputados), pero sí describe el terreno donde se libra una parte de la política autonómica. El PPdeG gobierna con mayoría absoluta y afronta el ecuador de la legislatura con la cultura popular como escaparate amable; el BNG, primera fuerza de la oposición, utiliza ese mismo terreno para exigir reconocimiento institucional y no solo programación; el PSdeG se mueve en la escala del apoyo material a quien organiza. Ninguno de los tres discute la tradición: discuten quién la institucionaliza y con qué presupuesto.
La dimensión nacional aparece por contraste. En Madrid, el debate cultural se libra entre lo global y lo territorial, y la tradición gallega suele comparecer como seña de identidad en campaña, no como política pública sostenida. Quien siga la política desde aquí sabe que el PP nacional ha recurrido a la Galicia rural como ejemplo de gestión cuando le ha convenido, sin que ese interés se traduzca después en partidas concretas para el escalón local. Ese desajuste entre relato y financiación es la contradicción de fondo.
La proyección es sencilla de enunciar y difícil de ejecutar: la próxima edición, en el otoño de 2027, tendrá que resolverse con los mismos vecinos o con relevo generacional. Mientras, quedará por ver si el Concello de Vilar de Santos y la Xunta dan el paso de incluir la cita en las iniciativas autonómicas de difusión turística, o si ‘A lenda de Saá’ sigue siendo, un año más, un secreto bien guardado de A Limia.
Ficha del Caso
- El caso: Los vecinos de la aldea de Saá, en Vilar de Santos (Ourense), recrearon ‘A lenda de Saá’, una representación del Samaín tradicional en la que el propio pueblo actúa como escenario y como reparto.
- Datos importantes: La cita se celebró el último fin de semana de octubre coincidiendo con el 31 de octubre, y quedó documentada en un reportaje gráfico de 34 imágenes firmado por Xesús Fariñas para La Región.
- Resumen: La aldea reivindica el Samaín ancestral frente al avance del Halloween comercial, en un formato sostenido íntegramente por voluntarios. La lectura nacional es la de siempre: Galicia ensaya desde lo local modelos culturales que luego se invocan, sin financiación equivalente, en el discurso político de escala estatal.

