Dentro de Sumar, la democracia interna se ha caído del calendario de las listas del 29-N. No hay primarias, no hay debate sobre el cargo único y la limitación de mandatos ha desaparecido de la conversación.
Quince años después de las acampadas del 15-M, los instrumentos que los partidos idearon para reconectar con los indignados han ido desapareciendo del día a día de la mayoría de las formaciones. La nueva política ya no se mide en primarias: se mide en listas cerradas y plazos apurados.
El repaso a las candidaturas para las generales del próximo 29 de noviembre deja un dato incómodo para la izquierda: solo Podemos y Compromís han recurrido a primarias, y ambas lo han hecho con escasa publicidad y casi sin margen para elegir, después de apurar los plazos para cerrar el acuerdo electoral con el resto de fuerzas a la izquierda del PSOE.
De las primarias al reparto: lo que revelan las listas del 29-N
En el otro extremo del tablero, el PP ha colocado en sus candidaturas a alcaldes que no dimiten de sus actas locales, como María José Catalá en València, sin respetar sus propios estatutos. El principio de un dirigente, un cargo se ha quedado en papel mojado salvo cuando lo impone la ley.
Y Vox recupera para el Congreso a Ignacio Gil Lázaro, diputado desde 1982, once legislaturas en la Cámara Baja y una en el Senado.
La explicación no es ideológica, sino organizativa. Una primaria enfrenta a dirigentes del mismo partido en la arena pública y resta a las cúpulas el control sobre quién ocupa cada puesto. Los líderes prefieren a los fieles, y sacrifican a los díscolos.
Una primaria en un espacio de siete partidos no elige candidato: decide qué organización manda dentro de la coalición.
En el espacio de Sumar, ese cálculo tiene una capa añadida. Aquí una primaria no elige a una persona: reparte cuotas entre organizaciones que llevan años midiéndose. Izquierda Unida, Más País, Más Madrid, Compromís, la Chunta Aragonesista, Galicia en Común y Catalunya en Comú no compiten por un electorado abstracto, sino por los puestos de salida de una lista conjunta. El reparto de cuotas es la verdadera primaria.
De ahí que la candidatura de 2023 se articulara por acuerdo entre las fuerzas del espacio y no por voto de la militancia. Y de ahí que ahora nadie tenga incentivos para abrir ese melón a cuatro semanas del 29-N.
Por qué la democracia interna incomoda a las cúpulas del espacio

Las formaciones que sí practican primarias —Compromís, Más Madrid— obtienen de ellas una fuente de legitimidad frente al resto de socios. Eso sí, cuando la primaria se convierte en trámite, con candidaturas cerradas y plazos agotados, el mecanismo deja de legitimar y empieza a deslegitimar: se cumple el rito, pero no el fondo.
Hay además una ambigüedad de diseño que explica casi todo. Sumar no es un partido con militancia única, sino una confederación de organizaciones con censos distintos, y una primaria abierta a todos ellos alteraría el equilibrio entre Izquierda Unida —la estructura territorial más extensa del espacio— y las formaciones de implantación autonómica. Yolanda Díaz construyó su liderazgo sobre la promesa de un proyecto nuevo; someterlo a voto abierto habría convertido esa promesa en una disputa entre aparatos.
La limitación de mandatos corre la misma suerte. Es una bandera que se enarbola hacia fuera y se aplica poco hacia dentro: la acumulación de cargos orgánicos e institucionales sigue siendo la norma en la mayoría de las fuerzas del espacio, y el único límite que se respeta con rigor es el de las incompatibilidades legales.
La Dinámica de Coalición
La confección de listas decide mucho más que una candidatura: fija la composición del futuro grupo parlamentario y, con ella, la correlación de fuerzas interna. Los 31 escaños que Sumar obtuvo en julio de 2023 se repartieron por cuotas entre los socios, y esas cuotas son ahora el verdadero objeto de la negociación. El sector que coloque más nombres en puestos de salida tendrá más voz en la dirección del grupo y en la próxima discusión sobre el modelo organizativo.
Con el PSOE, el efecto es indirecto pero real. Un grupo parlamentario elegido por cuotas negocia con menos margen que uno cohesionado en torno a una dirección con autoridad interna, y esa diferencia se nota en cada Consejo de Ministros. El precedente socialista es ilustrativo en sentido contrario: la primaria de 2017, en la que Pedro Sánchez se impuso a Susana Díaz, terminó reforzando al dirigente que hoy controla el aparato federal.
La próxima cita es el 29-N. El resultado fijará el tono del debate: si Sumar retrocede, la exigencia de primarias volverá como primer argumento de los sectores críticos; si aguanta, el método actual quedará consolidado por la vía de los hechos. La constitución del nuevo grupo, a lo largo de diciembre, será la primera prueba de hasta dónde llega esa tensión.
Ficha del Caso
- El caso: Quince años después del 15-M, los mecanismos de democracia interna que los partidos adoptaron para reconectar con la ciudadanía —primarias, un cargo por persona, limitación de mandatos— han caído en desuso en la mayoría de las formaciones, también en el espacio de Sumar.
- Datos importantes: Elecciones generales del 29 de noviembre de 2026; solo Podemos y Compromís han celebrado primarias para esas listas; Sumar obtuvo 31 escaños en julio de 2023; el PP valenciano sitúa a María José Catalá sin que deje la alcaldía; Vox coloca a Ignacio Gil Lázaro, diputado desde 1982.
- Resumen: La confección de candidaturas por cuotas refuerza la cohesión entre los socios del espacio, pero debilita el discurso de regeneración y reduce el margen de negociación del grupo resultante frente al PSOE.

