El precio de la gasolina en EE. UU. bate el récord de cualquier presidencia: 3,46 dólares por galón

El promedio del segundo mandato de Trump supera por una milésima el registro de Biden, según la EIA, y llega en plena jornada electoral. La guerra con Irán y el estrecho de Ormuz explican el encarecimiento.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El galón de gasolina regular promedia más de 3,46 dólares en el segundo mandato de Trump, el registro más alto de cualquier presidencia, según la EIA.
  • ¿Quién está detrás? La guerra con Irán, el freno a los envíos por el estrecho de Ormuz y los ataques ucranianos a refinerías rusas.
  • ¿Qué impacto tiene? Llega en plena jornada electoral de las legislativas y encarece el carburante en España vía Brent y tipo de cambio.

El precio de la gasolina en EE. UU. ha superado los 3,46 dólares por galón, el promedio más alto de cualquier presidencia. El dato, actualizado este martes por la Administración de Información Energética (EIA, el organismo federal que publica cada semana la media de los surtidores del país), supera por una milésima el 3,457 que dejó Joe Biden.

No es una cifra cualquiera. El récord se certifica el mismo día en que Estados Unidos vota sus elecciones legislativas, con el Partido Republicano jugándose la mayoría y con el carburante instalado en la conversación pública desde hace meses. La ironía muerde: fue ese mismo indicador el que ayudó a hundir políticamente a Biden.

Trump llegó al Despacho Oval prometiendo taladrar más y abaratar la gasolina. Lo repitió en cada mitin. Ya en su segundo mandato, el surtidor le devuelve la factura por la vía más incómoda: la media de su mandato es la más cara de la historia del país, según las series de la EIA.

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Un récord que se firma en las urnas

La media nacional del galón de gasolina regular en lo que va de segundo mandato supera los 3,46 dólares. La diferencia con Biden es mínima —una milésima—, pero suficiente para cambiar de dueño un título que ninguna administración quiere. En la última semana los precios han bajado ligeramente; los analistas avisan de que el alivio puede durar poco.

GasBuddy, la aplicación de seguimiento de precios más usada del país, lo resumía el lunes así: ‘La volatilidad puede volver rápidamente después de las elecciones’. La frase es de su analista Patrick De Haan y apunta a los dos frentes que mueven el crudo ahora mismo: un ataque o una tregua en el estrecho de Ormuz y los bombardeos ucranianos sobre refinerías rusas.

Ormuz, Irán y las refinerías rusas: el crudo que no llega

récord gasolina

La explicación de fondo es geopolítica. La guerra con Irán ha empujado el petróleo hacia arriba y ha frenado los envíos de combustible a través del estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita una parte sustancial del suministro mundial. A eso se suma la guerra entre Rusia y Ucrania, que ha destruido infraestructura petrolera crítica y tensiona el mercado europeo.

Washington puede ordenar taladrar más, pero no puede ordenar al estrecho de Ormuz que siga abierto.

En las semanas previas a las legislativas, la Casa Blanca movió ficha en tres direcciones: presionó a la Unión Europea para que liberase reservas de emergencia, permitió la importación de productos rusos y ordenó un acceso más amplio al diésel tintado exento de impuestos. Son parches. Ninguno sustituye al barril que no llega.

El resultado tiene ganadores claros. Chevron declaró el viernes pasado un beneficio neto de 9.900 millones de dólares en el tercer trimestre, cerca de un 200% más que en el mismo periodo de 2025. Exxon Mobil más que duplicó sus ganancias, hasta 15.400 millones. Trump cargó contra ambas en agosto: ‘Están ganando demasiado dinero con una escasez’, dijo. ‘No me gusta, y debería ser el último en decirlo porque soy un gran defensor de la libre empresa’. Semanas después presumía en público de que los productores americanos ingresaran más.

La Lógica de Washington

¿Por qué la Casa Blanca acepta un precio políticamente tóxico? Porque la decisión que lo provoca —el pulso con Irán— responde a otra lógica: la de la seguridad nacional y la de los compromisos con los aliados de la región. La coalición que sostiene a Trump no se juega nada en el surtidor de un suburbio de Ohio; se juega el equilibrio del golfo Pérsico. Y hay un precedente que explica el instinto: en 1973, el embargo árabe convirtió la gasolina en un arma política y Washington respondió poniendo en marcha la reserva estratégica de petróleo, la misma que ahora se mira de reojo. Cada presidente ha aprendido desde entonces la misma lección incómoda: el precio del carburante no se gobierna desde el Despacho Oval.

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España contempla este récord desde la barrera del Brent y del tipo de cambio. El mercado español de carburantes se forma con el crudo cotizado en dólares: un petróleo tensionado y un euro débil se traducen en surtidores más caros también aquí. Repsol y Cepsa refinan con esa referencia, y el turismo, que aporta en torno al 12% del PIB español, lo nota en cada temporada alta. La petición de liberar reservas de emergencia europeas se decide en Bruselas, con España sentada en la mesa, y ese es el canal real por el que Washington toca el bolsillo del conductor español.

La ventana clave ya está abierta. La próxima reunión del FOMC (el comité de la Reserva Federal que fija los tipos de interés) llega con un crudo que no cede, y el mercado descuenta que la inflación energética volverá al centro del debate si Ormuz no se calma. En Madrid, el impacto llegará por dos vías conocidas: la factura del carburante y el coste de de la financiación de la deuda. Un barril alto durante el invierno complica la desescalada que el Banco Central Europeo venía dibujando.

El mercado ya lo ha descontado. El récord, eso sí, tiene truco estadístico: mide la media de un mandato, no el precio de hoy. Pero en política el promedio no vota. El surtidor sí.

Ficha del Caso

  • El caso: La media del galón de gasolina regular en el segundo mandato de Trump supera los 3,46 dólares, el registro más alto de cualquier presidencia, según la EIA.
  • Datos clave: 3,46 dólares frente a los 3,457 de Biden; beneficio de Chevron de 9.900 millones en el tercer trimestre (cerca de un 200% más) y de Exxon Mobil de 15.400 millones; freno a los envíos por el estrecho de Ormuz.
  • Para España: el encarecimiento llega vía Brent y tipo de cambio, presiona el coste del carburante, el turismo y la financiación de la deuda; Bruselas decide sobre las reservas de emergencia con Madrid en la mesa.
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