EEUU aprueba 500 Patriot PAC-3 a Ucrania por 2.100 millones con entregas en 2030

Los interceptores aún no fabricados no saldrán de la planta de Lockheed Martin hasta bien entrada la próxima década. Kiev pide al Pentágono que adelante la entrega con misiles ya disponibles en arsenales estadounidenses.

El Departamento de Estado ha autorizado la venta de 500 misiles interceptores Patriot PAC-3 a Ucrania por 2.100 millones de dólares. Los misiles, sin embargo, todavía no existen.

La operación, confirmada el viernes por la diplomacia estadounidense, es el paso más relevante en suministro de armamento defensivo a Kiev desde el arranque del segundo mandato de Donald Trump. Y es, al mismo tiempo, la constatación de un problema estructural: la autorización política viaja a una velocidad y la cadena de producción a otra completamente distinta. Las personas al corriente de la decisión sitúan la entrega de los primeros lotes en algún punto de la década de 2030, cuando salgan de la planta de Lockheed Martin en Camden, Arkansas.

Traducido al lenguaje de la defensa antiaérea: Ucrania firma una póliza de seguro que no podrá cobrar durante la emergencia que la motiva. El anuncio llega, además, en la peor semana posible para Kiev.

Publicidad

Una autorización que no entrega nada hasta la década de 2030

El jueves pasado, un ataque con drones rusos mató a al menos 14 personas en un andén ferroviario abarrotado de Dnipro. Otras cinco murieron en ataques diurnos sobre dos ciudades de provincias y un misil lanzado al final de la jornada dejó un fallecido en Kiev, según las autoridades ucranianas. Zelenski había advertido el lunes que su país llevaba casi un mes esperando que Washington firmara el suministro de interceptores críticos, mientras Moscú intensificaba la campaña contra la infraestructura energética y civil.

El sistema Patriot, desarrollado por Raytheon y Lockheed Martin, es hoy el medio más eficaz contra misiles balísticos de trayectoria rápida. Cada batería dispara interceptores PAC-3 y cada uno de esos misiles ronda los tres o cuatro millones de dólares según los contratos vigentes. Ucrania consume más de los que recibe. La aritmética de la defensa antiaérea no admite trampa, y por eso cada retraso se mide en ciudades sin luz y en andenes como el de Dnipro.

Una venta de 2.100 millones que se cobra en 2026 y se entrega en 2033 no es un suministro: es una hipoteca sobre la próxima guerra.

Quién paga la factura: Canadá, Alemania, Noruega y el préstamo europeo

venta de armas EEUU Ucrania

El detalle menos comentado del paquete es quién lo financia. Ucrania pagará los interceptores con contribuciones de Canadá, Alemania y Noruega canalizadas a través del programa estadounidense US JUMPSTART, más fondos nacionales cubiertos por el préstamo de apoyo a Ucrania articulado por la Unión Europea. Es un mecanismo ideado por el Pentágono para que los aliados compren armamento, servicios y entrenamiento en nombre de Kiev sin que el Tesoro estadounidense adelante el dinero.

El precedente más reciente es de agosto: la misma vía sirvió para adquirir 3.350 misiles de crucero aerolanzables por 825 millones de dólares a Zone 5 Technologies y CoAspire. Lockheed Martin es el contratista principal de esta venta, y su capacidad industrial es el verdadero cuello de botella.

En julio, el Ejército de Estados Unidos le adjudicó un contrato de hasta 58.600 millones de dólares para producir misiles Patriot. La compañía se comprometió a triplicar la capacidad de producción de PAC-3 MSE antes de que termine 2030, hasta 2.000 unidades anuales, y a ampliar un 50% el empleo en su planta de Camden, Arkansas, desde 1.200 hasta unos 1.850 trabajadores. Los negociadores del Pentágono llevan meses presionando para acelerar los acuerdos de producción provisionales.

A eso se suma una variable que rara vez entra en el comunicado oficial: el inventario propio. Washington ha entregado grandes cantidades de armamento a aliados mientras consumía municiones en sus propias operaciones en Irán, lo que ha encendido las alarmas sobre las reservas de defensa antiaérea y de armas de precisión. Ningún plan de contingencia contempla una guerra larga con el stock de interceptores repartido entre tres teatros a la vez.

Publicidad

Equilibrio de Poder

La lectura de Washington es transaccional y este anuncio no la corrige. Trump ha cerrado un acuerdo de diésel con con Rusia y ha reprochado en público a Zelenski su negativa a detener los ataques contra refinerías rusas; la autorización de los 500 Patriot convive con esa presión, no la desmiente. Moscú, mientras tanto, gana tiempo: cada mes de retraso en la producción de PAC-3 es un mes de ventaja para su campaña de misiles. Bruselas paga y no controla el calendario, que es la peor combinación posible para una Unión que lleva dos años prometiendo autonomía en defensa antiaérea.

El precedente útil no es lejano. Entre enero y marzo de 2023, la coalición de carros Leopard 2 para Ucrania se decidió después de semanas de bloqueo alemán, y llegó al frente meses después de que el argumento militar la hiciera urgente. Con los interceptores ocurre lo mismo, con un agravante: aquí no hay stock europeo que cubra el hueco. España opera baterías Patriot y sistemas NASAMS y compite por el mismo mercado limitado, con una demanda añadida en el flanco sur, donde la carrera de drones baratos con Marruecos y la competencia en el Sahel redefinen prioridades y precios. El registro de transferencias de armamento de SIPRI permite seguir el rastro, pero no adelanta ni una entrega. La consecuencia práctica para el Ministerio de Defensa es incómoda: el préstamo europeo que sostiene parte de la compra se apoya sobre el presupuesto comunitario del que España es contribuyente y no genera ni una sola capacidad industrial española. Pagamos la defensa antiaérea de otro sin fabricar interceptores propios.

La lectura a cinco y diez años deja tres certezas. Primera: Europa no tendrá autonomía real en defensa antiaérea de alta cota antes de 2035 y dependerá del permiso de Washington para cada lote. Segunda: la industrialización del PAC-3, de 1.000 a 2.000 unidades anuales, absorberá la demanda aliada hasta bien entrada la próxima década, de modo que los anuncios seguirán siendo política antes que logística. Tercera: cada autorización como esta refuerza el argumento de quienes en la OTAN piden elevar el gasto al 5% del PIB, un debate que España afrontará con cuentas ajustadas y sin retorno industrial visible. El próximo hito verificable será el Consejo Europeo de diciembre, donde se revisará el calendario del préstamo a Ucrania. Nadie espera que adelante un solo misil.