¿Qué papel juegan los combustibles renovables en la reducción de emisiones de CO2 de la economía?

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Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es uno de los grandes desafíos de la economía actual. La transformación afecta a la industria, la producción energética y el transporte, sectores con necesidades muy diferentes que requieren combinar tecnologías y adaptar las infraestructuras existentes.

En este escenario, determinados combustibles renovables pueden utilizarse como una opción adicional, especialmente en la movilidad. En función de las materias primas y de los procesos de producción utilizados, su uso puede reducir las emisiones netas de CO₂ en el ciclo de vida respecto a un combustible de origen mineral equivalente.

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¿Qué significa descarbonizar la economía?

La descarbonización de la economía consiste en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades humanas. Para conseguirlo, es necesario transformar cómo se obtiene y consume la energía, mejorar la eficiencia de los procesos productivos e incorporar tecnologías con menores emisiones de CO2.

Sin embargo, las posibilidades de transformación no son iguales en todos los sectores. La electricidad es una de las alternativas para numerosas aplicaciones, mientras que otras actividades, especialmente aquellas que necesitan mucha energía durante periodos prolongados, requieren otras soluciones energéticas adicionales.

El transporte refleja esta diversidad. Los desplazamientos urbanos, el movimiento de mercancías por carretera y las operaciones aéreas o marítimas presentan distintas necesidades y grados de autonomía, infraestructura y suministro. Por ello, reducir sus emisiones implica combinar distintas alternativas adaptadas a cada actividad, teniendo en cuenta tanto las tecnologías disponibles como las características del parque de vehículos actual.

¿Cómo contribuyen los combustibles renovables a reducir las emisiones de CO2?

Para comprender la contribución de los combustibles renovables a la reducción de emisiones de CO2 del transporte, hay que considerar todo su ciclo de vida, y no únicamente lo que ocurre cuando se utiliza en el motor.

En concreto, el cálculo de emisiones en ciclo de vida tiene en cuenta el carbono capturado durante el crecimiento de las materias primas orgánicas utilizadas para su fabricación, las emisiones de CO2 asociadas a su obtención y transporte, el proceso de producción y distribución del propio combustible y su uso final en el vehículo. El resultado puede ser una reducción de las emisiones netas de CO₂ en el ciclo de vida respecto a un combustible de origen mineral equivalente, cuyo porcentaje depende de las materias primas y los procesos de producción utilizados.

Para Diésel Nexa origen 100 % renovable, Repsol comunica una reducción de hasta el 90 % de las emisiones netas de CO₂ en el ciclo de vida respecto a un combustible de origen mineral equivalente. Se trata de un dato vinculado a las materias primas y procesos contemplados por la compañía, por lo que no debe extrapolarse automáticamente a cualquier otro HVO.El aprovechamiento de residuos orgánicos introduce, además, una dimensión de economía circular, al transformar materiales que pueden tener una segunda aplicación como materias primas industriales.

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¿Qué tipos de combustibles renovables pueden utilizarse para la descarbonización?

Los combustibles renovables presentan diferencias en su composición, fabricación y utilización, por lo que cada alternativa responde a unas necesidades energéticas concretas.

Entre las principales opciones se encuentran:

  • Diésel renovable: incluye combustibles como el HVO de origen renovable, obtenido mediante el hidrotratamiento de aceites y grasas. Puede utilizarse en todos los motores diésel compatibles, incluidos los de turismos y vehículos pesados.
  • Biometano: se produce a partir del biogás generado por residuos orgánicos, que posteriormente se depura para alcanzar las características necesarias para su utilización como combustible.
  • Bioetanol: se obtiene mediante procesos de fermentación de materias primas biológicas y se incorpora a las gasolinas en las proporciones permitidas.
  • Combustibles renovables de aviación: se elaboran mediante diferentes procesos y pueden mezclarse con queroseno convencional para su uso en vuelos comerciales.
  • Combustibles sintéticos renovables: pueden producirse combinando hidrógeno renovable y CO₂ capturado, mediante distintos procesos. Actualmente existen proyectos en desarrollo y demostración, por lo que conviene diferenciar estas iniciativas de los productos que ya están disponibles comercialmente.
  • Cada producto presenta características diferentes y debe cumplir las especificaciones técnicas correspondientes y utilizarse en vehículos o instalaciones compatibles. Su resultado en términos de emisiones de CO₂ depende, entre otros factores, de las materias primas y los procesos de producción utilizados.

¿En qué sectores tienen mayor potencial los combustibles renovables?

El transporte es uno de los principales ámbitos de aplicación, especialmente porque los combustibles renovables  compatibles con los motores actuales pueden incorporarse ya en las infraestructuras existentes. Su utilización ya está presente en distintos sectores de movilidad, desde vehículos particulares, camiones hasta aviones y buques.

Transporte por carretera

Los combustibles renovables pueden utilizarse en turismos, vehículos comerciales, autobuses y camiones, siempre que cumplan los requisitos técnicos establecidos para cada motor.

En el caso del diésel renovable, la compatibilidad con los vehículos actuales permite mantener los procedimientos habituales de repostaje y aprovechar las estaciones de servicio existentes. Esto facilita su incorporación tanto a los desplazamientos particulares como a las operaciones de transporte profesional.

La disponibilidad comercial también está aumentando. Según la información de Repsol de octubre de 2026, Diésel Nexa de origen 100 % renovable ya se comercializa en aproximadamente 1.700 estaciones de servicio de España y Portugal. Esta implantación permite a conductores y empresas incorporar el producto a sus desplazamientos habituales.

Aviación

La aviación necesita combustibles con una elevada densidad energética para responder a las exigencias de autonomía, peso y seguridad de los vuelos comerciales. Por ello, los combustibles renovables de aviación  o SAF, por sus siglas en inglés, representan una de las alternativas disponibles para reducir las emisiones del sector.

Su utilización se realiza mediante mezclas con queroseno convencional que deben cumplir las especificaciones aeronáuticas. Esto permite aprovechar los aviones y los sistemas de suministro aeroportuario existentes.

La incorporación de estos productos ya forma parte de la actividad comercial. En julio de 2024, IAG y Repsol anunciaron un acuerdo para el suministro de más de 28.000 toneladas de SAF durante los seis meses siguientes. Según ambas compañías, el combustible incluido en la operación permitía reducir más del 80 % de las emisiones de CO₂ durante su ciclo de vida frente al queroseno mineral equivalente.

Transporte marítimo

Este sector también presenta necesidades energéticas diferentes, especialmente en las rutas de larga distancia, donde los buques requieren grandes cantidades de combustible y autonomía durante periodos prolongados.

Entre las alternativas para reducir sus emisiones se encuentran los biocombustibles y el metanol renovable, cuya utilización depende de las características técnicas de los motores y de las instalaciones de suministro.

La adaptación de las infraestructuras portuarias también es importante. En octubre de 2025, Repsol y Norwegian Cruise Line Holdings firmaron un acuerdo de ocho años para abastecer de combustibles renovables a los buques de las marcas del grupo que hagan escala en Barcelona.

El suministro previsto incluye biocombustibles desde la temporada europea de cruceros de 2026 y contempla la incorporación de metanol renovable a partir de 2029. Este tipo de acuerdos permite planificar la disponibilidad de combustible y facilitar su introducción progresiva en las operaciones marítimas.

¿Cómo complementan los combustibles renovables a la electrificación y al hidrógeno renovable?

La reducción de emisiones del transporte requiere combinar diversas tecnologías, ya que las necesidades de un turismo urbano son diferentes de las de un camión de larga distancia, un avión o un buque.

La electrificación desempeña un papel importante en los desplazamientos por carretera, especialmente cuando existen infraestructuras de recarga adecuadas. Por su parte, el hidrógeno renovable presenta posibilidades en aplicaciones industriales y de transporte que requieren avanzar en su infraestructura y despliegue comercial.

Determinados combustibles renovables pueden utilizarse en vehículos con motores de combustión compatibles, de acuerdo con las especificaciones establecidas para cada vehículo y combustible.

Esta disponibilidad resulta especialmente útil para particulares y empresas que necesitan mantener su actividad mientras incorporan progresivamente nuevas tecnologías.

Además, el transporte por carretera puede actuar como mercado tractor para el desarrollo de los combustibles renovables, ya que su volumen de consumo ayuda a generar la escala necesaria para impulsar las instalaciones de producción. Estas plantas pueden producir combustibles destinados a distintos modos de transporte, de modo que el crecimiento de su uso en carretera también puede contribuir a aumentar la disponibilidad para sectores como la aviación y el transporte marítimo.

La elección de cada alternativa dependerá de factores como la autonomía, los costes, la eficiencia energética y las infraestructuras disponibles. Más que competir entre sí, estas soluciones pueden contribuir de forma conjunta a reducir las emisiones del transporte.

¿Qué permitirá aumentar el uso de combustibles renovables en los próximos años?

La expansión de los combustibles renovables dependerá del aumento de la capacidad de producción, y el desarrollo de redes de suministro capaces de responder a una demanda creciente.

También influirán la evolución de un marco regulatorio favorable, las inversiones industriales y los sistemas de certificación que permiten acreditar el origen y trazabilidad de los combustibles y documentar sus emisiones a lo largo de su ciclo de vida.

En España, la producción ya está aumentando mediante nuevas instalaciones y la transformación de infraestructuras existentes. En abril de 2024 comenzó a funcionar en Cartagena una planta de Repsol con capacidad para producir 250.000 toneladas anuales de diésel renovable y combustible renovable de aviación.

A esta instalación se sumó en mayo de 2026 una nueva unidad en Puertollano, con capacidad para producir otras 200.000 toneladas anuales de diésel renovable a partir de residuos orgánicos.

Estas inversiones reflejan cómo la industria energética está adaptando sus procesos para ampliar la oferta de combustibles de origen renovable y aprovechar instalaciones existentes.

El crecimiento de la producción, junto con la extensión de las redes comerciales y los acuerdos de suministro, puede favorecer una mayor disponibilidad de estos combustibles en distintos sectores económicos y complementar el desarrollo de otras tecnologías.