El PP convierte el tándem Sánchez Colau en el eje del 29-N y pone a los confluentes de Sumar en el punto de mira.
El martes por la tarde, en Sabadell, el PP de Catalunya presentó su candidatura por Barcelona de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre, con Xavier García Albiol como número uno y un reto explícito: ser segunda fuerza en Catalunya. El alcalde de Badalona planteó la cita como una elección entre dos gobiernos posibles. De un lado, Alberto Núñez Feijóo «rodeado de un equipo de profesionales». Del otro, un ejecutivo de Pedro Sánchez «con Ada Colau como vicepresidenta».
La frase no es un adorno retórico. Es el armazón de la campaña popular en Catalunya y tiene dos destinatarios: el votante constitucionalista moderado y el electorado que todavía duda entre PP y Vox. Albiol no nombró a la formación de la derecha radical, pero pidió aglutinar «todo el apoyo» alrededor del proyecto popular. Concentración del voto útil, en traducción directa.
El presidente del PP catalán, Alejandro Fernández, añadió la segunda capa del mensaje: los diputados populares por Catalunya serán los «interlocutores» de un futuro gobierno de Feijóo, y las necesidades de los catalanes «no se van a volver a negociar con fugados, golpistas o residentes en Waterloo». Son las líneas rojas a los socios de investidura, formuladas en clave electoral y sin margen para la ambigüedad.
El marco del 29-N: del «equipo de profesionales» al tándem con Colau
Hay además un cálculo de circunscripción. Albiol presentó el objetivo de ser segunda fuerza como la vía para «dar voz a los catalanes que no han estado presentes» en las prioridades del Ejecutivo, y mencionó la posibilidad de lograr un senador por Barcelona, la circunscripción donde concurre Josep Tutusaus, alcalde de Pontons. En la Cámara Alta las mayorías también se dirimen provincia a provincia, y el PP lo sabe.
Al PP le sirve más el nombre de Colau que cualquier programa: convierte una elección general en un plebiscito sobre un símbolo territorial.
Está, por último, el encargo legislativo. Feijóo le pidió hace dos semanas que asumiera en el Congreso la elaboración de una ley antiocupación, y Albiol introdujo el matiz que le cubre el flanco: sostiene que la mayoría de las ocupaciones son «delincuenciales», pero se escuchará a todos los sectores y se protegerá, con los servicios sociales de los ayuntamientos, a las familias vulnerables que no pueden pagar. Duro en el marco, cuidadoso en la vivienda.
La operación tiene lógica interna para el PP. Desplaza el debate de la gestión a los nombres, convierte la campaña catalana en un plebiscito nacional y obliga al adversario a discutir en el terreno que la derecha elige. Albiol lo condensó con una frase: «Barcelona aún no se ha recuperado». En ese terreno, el nombre propio no es Sánchez ni Feijóo; es el de una dirigente que hoy no ocupa ningún cargo institucional.
El coste para Sumar: el confluente en el escaparate ajeno
Para el espacio de Sumar, el movimiento popular tiene una consecuencia incómoda. Coloca a Catalunya en Comú, uno de sus confluentes, en el centro de un mensaje negativo de alcance estatal, y lo hace sin que la formación haya fijado el marco de la conversación. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona entre 2015 y 2023, sigue siendo el rostro más reconocible de ese espacio.
Ahí aparece la ambivalencia. La visibilidad del confluente refuerza la pluralidad del proyecto y, a la vez, lo expone a un desgaste que no controla. Un confluente convertido en arma nacional es, para Sumar, al mismo tiempo un activo de movilización y un pasivo de imagen. Las dos cosas, en la misma campaña, con el mismo nombre.
Conviene mirar la aritmética antes que las sensaciones. En julio de 2023, Sumar obtuvo 31 escaños y Podemos, cinco, que terminaron en el Grupo Mixto. Ese fue el punto de partida de un grupo parlamentario construido sobre una arquitectura de confluentes con agendas propias. Cada vez que uno de ellos se convierte en símbolo nacional de algo negativo, la dirección pierde margen para decidir cuál es el eje de su propia campaña. No es una crisis. Es desgaste.
La respuesta de Sumar, si llega, tendrá que resolver una ambivalencia clásica de las coaliciones: reivindicar el territorio sin quedar prisionera de él. Y eso, en plena campaña, se decide más en los gestos que en los comunicados.

La Dinámica de Coalición
En el equilibrio interno de Sumar conviven sensibilidades muy distintas: Izquierda Unida, Más País, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Galicia en Común y Catalunya en Comú, entre otras. Ninguna comparte exactamente el mismo cálculo electoral. Para el confluente catalán, la cita del 29-N se juega en clave propia; para la dirección estatal que encabeza Yolanda Díaz, se juega en clave de relato. Cuando el PP impone el relato ajeno, esa diferencia de intereses se agranda.
En la dimensión de coalición con el PSOE, el marco del «tándem» está diseñado para algo muy concreto: unir el voto contrario al Gobierno de coalición en una sola papeleta. No hace falta que Colau sea vicepresidenta para que el mensaje funcione; basta con que el elector lo imagine. Y ahí los socialistas tienen un incentivo evidente a marcar perfil propio en vivienda y seguridad, los dos terrenos donde el marco popular resulta más rentable.
La proyección es a cuatro semanas. El 29 de noviembre se vota, y antes de esa fecha queda por ver cómo se concreta la presencia de los confluentes en las candidaturas y con qué intensidad responde Sumar a un marco que no ha elegido. Después, el Congreso espera el proyecto de ley antiocupación que Albiol tiene encargado, y un Grupo Parlamentario nuevo que redefinirá los equilibrios internos. Ahí empezará otra conversación.
Ficha del Caso
- El caso: El PP catalán abre su campaña del 29-N con un marco de confrontación nacional: Feijóo con «un equipo de profesionales» frente a Sánchez «con Ada Colau como vicepresidenta». La elección se libra también circunscripción a circunscripción.
- Datos importantes: Elecciones generales del 29 de noviembre de 2026; presentación en Sabadell con Xavier García Albiol como número uno por Barcelona; Sumar obtuvo 31 escaños en julio de 2023 y Podemos, cinco; Albiol tiene el encargo de elaborar una ley antiocupación en el Congreso.
- Resumen: El marco popular convierte a un confluente de Sumar en símbolo nacional del voto contrario al Gobierno de coalición, lo que tensiona la campaña de Sumar tanto con el PSOE como con sus socios territoriales.
