4Pastilla o inyección: en qué se diferencian la semaglutida oral y la inyectable
La diferencia no es solo la aguja. El comprimido lleva semaglutida con un potenciador de absorción (salcaprozato sódico) que le permite atravesar la mucosa gástrica, pero su biodisponibilidad absoluta es muy baja, en torno al 1%, y la absorción varía mucho de una persona a otra y de una toma a otra. De ahí la rutina que fija la ficha técnica: en ayunas tras al menos ocho horas sin comer, entero y con un sorbo de agua (máximo 120 ml), y esperar 30 minutos antes de ingerir alimentos, bebidas u otros fármacos orales. La pauta es diaria y el escalado se prolonga 12 semanas (1,5, 4, 9 y 25 mg, cuatro semanas en cada nivel). La pluma, en cambio, se administra una vez a la semana —2,4 mg, con la opción de 7,2 mg—, se absorbe de forma lenta y predecible y no impone esas condiciones de ayuno.
Esa exigencia no es un detalle menor: en los ensayos, tomar el comprimido junto a otros cinco medicamentos recortó la exposición a semaglutida un 34%, y el uso conjunto con levotiroxina eleva un 33% la exposición a la hormona tiroidea, según la ficha técnica registrada en CIMA. La inyección, además, no depende de que el paciente recuerde una rutina matinal diaria ni de lo que desayune media hora después, un factor que explica parte de la variabilidad oral y que la propia ficha admite al señalar que el paso de una vía a otra no es del todo predecible.
En eficacia, el comprimido no es un clon exacto de la pluma. En el estudio OASIS 4 (64 semanas, 307 adultos con obesidad o sobrepeso y alguna comorbilidad) la pérdida media de peso fue del 13,6% frente al 2,2% del placebo, y el 76,3% de los participantes perdió al menos un 5% de su peso inicial frente al 30,5% del grupo control; Novo Nordisk comunica cifras cercanas al 17% cuando el cálculo se hace sobre quienes completan el tratamiento. Los resultados de la inyección de 2,4 mg son algo superiores y la dosis de 7,2 mg aprobada en 2026 ronda el 21% de media.
El perfil de seguridad, eso sí, es el mismo: molestias digestivas, sobre todo durante el escalado, y abandonos por efectos adversos del 6,9% con la pastilla frente al 5,9% con placebo. Dos matices prácticos separan ambas presentaciones en España: el comprimido solo está autorizado en adultos y su indicación se limita al control del peso, mientras que la reducción del riesgo cardiovascular y el uso desde los 12 años corresponden a la formulación inyectable. Y no son intercambiables a la ligera: la ficha contempla pasar de 2,4 mg semanales a 25 mg diarios, pero advierte de que la exposición lograda por vía oral es difícil de predecir.

