La operación, desarrollada al suroeste de Canarias, pone fin a la dilatada trayectoria militar de un buque insignia con 46 años de servicio a sus espaldas —dado de baja en 2023—, al tiempo que certifica con matrícula de honor la plena operatividad de combate y el rendimiento de los sistemas de armas del sumergible más avanzado de la Armada.
Un ensayo de fuego real que valida la capacidad de ataque del S-81
Los ejercicios de hundimiento planificados bajo la denominación internacional de Sinkex (Sinking Exercises) no responden a maniobras rutinarias, sino a test de máxima exigencia en los que la Armada somete sus plataformas de combate a escenarios extremadamente próximos a un enfrentamiento real. En esta ocasión, el protagonismo absoluto recayó sobre el submarino Isaac Peral (S-81), el buque nodriza de la nueva serie de sumergibles estratégicos de fabricación nacional, que afrontaba su examen más complejo hasta la fecha.
La inmersión táctica culminó con el lanzamiento certero de un torpedo pesado filoguiado modelo DM2A4, conectado mediante un cable de fibra óptica que permitió guiar el proyectil con absoluta precisión hasta el blanco asignado. El impacto directo provocó el hundimiento controlado del histórico patrullero en aguas atlánticas, validando de forma rotunda tanto la respuesta de la dotación a bordo como la fiabilidad de los complejos sistemas electrónicos y de guiado de la nave. Fuentes de la institución militar confirmaron que el adiestramiento concluyó con un éxito rotundo, permitiendo comprobar la discreción acústica y la letalidad a larga distancia del sumergible.
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│ HITO HISTÓRICO: EL ATAQUE DEL 'ISAAC PERAL' │
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│ • Protagonista: Submarino S-81 *Isaac Peral* de la Armada.│
│ • Blanco neutralizado: Antiguo patrullero *Infanta Elena*. │
│ • Marco táctico: Ejercicio de fuego real *Sinkex 26* (Atlántico). │
│ • Munición empleada: Único torpedo pesado filoguiado DM2A4. │
│ • Trayectoria del blanco: 46 años de servicio militar (dado de baja en 2023). │
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El ocaso del ‘Infanta Elena’: 46 años de historia naval que concluyen bajo el Atlántico
El buque blanco de los ensayos, el patrullero Infanta Elena (P-76), atesoraba una de las hojas de servicios más respetadas y dilatadas de la Flota española. Botado originalmente como corbeta en los astilleros de Cartagena, el navío acumulaba 46 años de trayectoria ininterrumpida en misiones de vigilancia soberana, rescate y seguridad marítima tanto en aguas nacionales como en escenarios internacionales.
Tras ser formalmente dado de baja por la Armada en el año 2023, el veterano patrullero fue destinado a servir como blanco naval en estas maniobras de validación balística. Lejos de representar un final indigno para una embarcación de su calibre, su sacrificio táctico ha permitido dotar a la defensa nacional de datos técnicos incalculables.
Antes de proceder al lanzamiento del torpedo, la Armada ejecutó un riguroso protocolo previo de descontaminación integral del buque, retirando por completo los depósitos de combustibles, aceites, lubricantes y cualquier componente químico o industrial potencialmente contaminante. Del mismo modo, se desplegó un estricto dispositivo de vigilancia e inspección medioambiental para garantizar la protección absoluta de los cetáceos y de las especies protegidas que habitan en el archipiélago canario, compatibilizando la alta preparación militar con el respeto riguroso al ecosistema marino.
Coordinación aeronaval y un factor clave: la certeza silenciosa de la disuasión
El éxito de la operación no dependió únicamente de la destreza del Isaac Peral, sino que requirió de una compleja coreografía táctica coordinada desde la superficie. La dirección del ejercicio recayó sobre el comandante de la 41ª Escuadrilla de Escoltas, capitán de navío Rafael Mira Calvo, operando desde el puesto de mando embarcado en la fragata Navarra.
El despliegue contó además con el respaldo operativo de unidades aéreas y de superficie, incluyendo la colaboración de helicópteros de la 10ª Escuadrilla, un vehículo aéreo no tripulado (UAV) Scan Eagle de la 11ª Escuadrilla y un avión de patrulla y vigilancia marítima del Ejército del Aire y del Espacio, demostrando la interoperabilidad total entre los distintos ejércitos.
Analistas del sector de la defensa subrayan que el valor estratégico de este ensayo trasciende lo puramente pirotécnico. En palabras de la propia institución militar, la verdadera fuerza del Arma Submarina reside en la «certeza silenciosa de su presencia»: saber que un sumergible opera de manera invisible en el teatro de operaciones y posee capacidad de neutralización a larga distancia constituye el elemento de disuasión más eficaz para garantizar la soberanía nacional sin necesidad de escalar hacia un conflicto abierto. Con hitos como este, la Armada consolida al programa S-80 como un pilar fundamental de la seguridad marítima europea en el siglo XXI.
