Abascal planta cara a Feijóo en València: Vox prepara su cierre de campaña en la Plaza de Toros el 29-N. La reserva del coso de la calle Xàtiva para toda la jornada está ratificada por los responsables del recinto, aunque la dirección nacional no confirma oficialmente que vaya a utilizarlo.
No es un detalle menor. El ruedo valenciano es el escenario talismán de las campañas del PP en la Comunitat Valenciana. Allí los populares exhiben músculo de movilización ante una dirección nacional que no siempre ha mirado con comprensión hacia el territorio. Vox elige ese mismo coso, y no Madrid, para su último acto antes de las urnas. También los socialistas se han atrevido alguna vez con él, aunque el símbolo pertenece al imaginario popular.
Qué persigue Vox con un cierre en el coso talismán del PP
La lectura que hace la dirección nacional es simple: pelear cada voto en el terreno del adversario. Vox se siente fuerte en la Comunitat Valenciana, uno de sus bastiones, y algunas encuestas publicadas en los últimos meses no descartaban que llegara a disputar la primera plaza en la región. Cerrar en la ciudad de María José Catalá envía un mensaje nítido al electorado de derecha.
El simbolismo tiene rédito y tiene coste. Llenar el coso es una operación complicada, que tensiona a cualquier cuadro de partido. Pero reservarlo, y dejar que se sepa, ya sitúa a Vox en el mismo plano que el PP en la circunscripción de València, que reparte 16 escaños.
A eso se suma el factor local. El Ayuntamiento está capitaneado por Catalá, que a su vez encabeza la candidatura popular por la circunscripción y gobierna con el apoyo de Vox. La coincidencia de escenarios convierte la campaña valenciana en un cara a cara con árbitro en las urnas.
El ruedo de la calle Xàtiva no es un escenario neutral: quien lo llena marca el relato de la derecha en una circunscripción que reparte 16 escaños.
El PP mueve ficha el 21 y la incertidumbre sobre el recinto
Los populares ya han confirmado que llevarán a Alberto Núñez Feijóo al mismo escenario el 21 de noviembre, ocho días antes del cierre de Vox. Será, con toda probabilidad, el acto más relevante de su campaña y el que más público congregue. La comparación, si Vox acaba confirmando el coso, resultará inevitable.
De momento, la dirección nacional evita confirmar si optará finalmente por esta instalación. La reserva para toda la jornada está ratificada por los responsables del recinto, pero desde el partido no se cierra el círculo. Es un coso difícil de llenar y eso, en plena campaña, pesa.
La lectura estratégica: por qué València pesa más que Madrid
Los precedentes avalan la apuesta. En 2023, la Comunitat Valenciana aportó a Vox cinco diputados, los mismos que Madrid y solo por detrás de Andalucía, mucho más poblada. En Alicante, el partido superó el 16,3 % de los votos. No es territorio hostil; es terreno propio.
La relación entre ambos partidos no parte de cero. En julio de 2024, Vox rompió los gobiernos de coalición que compartía con el PP en varias comunidades autónomas, entre ellas la valenciana, y desde entonces cada acuerdo se negocia con la calculadora en la mano. El pulso de València se inscribe en esa lógica: cooperación donde conviene, competencia donde hay urnas.
En las Corts Valencianes, el grupo ha ejercido como socio indispensable del PP y ha introducido en la agenda cuestiones como la prioridad nacional, las ayudas a la cultura en valenciano o el endurecimiento de la política migratoria. Buena parte de esas propuestas no se ha podido materializar al cien por cien por falta de competencias, y ahí el partido encuentra su argumento: el programa completo solo se ejecuta desde el Gobierno central.
El riesgo para el PP es de doble filo. Cada acto multitudinario en València recuerda que los populares necesitan a Vox para sostener gobiernos como el de la ciudad y que la competencia por el mismo electorado no se resuelve con un discurso amable. Del otro lado, el partido de Abascal se juega el 29-N algo más que un puñado de escaños: la demostración de que su movilización sigue intacta y de que llega a la negociación posterior con fuerza para condicionar cualquier investidura.
