El líder de UPN José Javier Esparza en TVE. Foto: RTVE.

UPN ha logrado marcar la agenda política navarra en Navidad tras tres años muy complicados después de perder el Gobierno tras casi un cuarto de siglo y ceder los ayuntamientos de 19 de las 20 localidades más pobladas de la Comunidad Foral.

Su líder, José Javier Esparza, es consciente de su debilidad interna tras su derrota en 2015, que muchas voces internas achacaron a las polémicas gestiones de sus antecesores, Miguel Sanz y Yolanda Barcina.

Cierto es que la “falta de carisma” que se le atribuye dificultarán su asalto al poder en mayo. El buen funcionamiento de la economía navarra y la falta de escándalos en el ‘Gobierno del cambio’ ha dificultado la labor opositora de UPN.

UN FICHAJE ESTELAR QUE PROVOCA RECELOS

Los regionalistas han fichado para regenerar su discurso a José Andrés Burguete. El exlíder del extinto CDN ha conseguido que UPN rebaje su postura contraria a políticas de memoria histórica y a la política lingüística que favorecía al euskera viendo que las encuestas no acaban de dar síntomas positivos.

El fichaje de Burguete, que podría integrarse en las listas autonómicas de UPN en mayo junto a varios ‘tecnócratas’, ha levantado recelos en las filas regionalistas porque el CDN fue una traumática escisión que dificultó la labor de Miguel Sanz y porque el nuevo asesor fue “el enterrador del CDN”, ya que lo lideró cuando se quedó fuera del Parlamento (lo que conllevó su desaparición).

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Nadie duda de que si las encuestas aciertan y UPN no logra recuperar el poder, Esparza no tendrá más remedio que dimitir y podría llegar el turno de Íñigo Alli, con mejor reputación interna por su labor como portavoz de los regionalistas en el Congreso de los diputados. En esta posible operación Alli podría tener la cooperación del senador Pachi Yanguas.

Esparza tampoco ha ganado partidarios por sus particulares gestiones internas. Su fría despedida al alcalde de Andosilla cuando le anunció que no se iba a presentar a la reelección tras ocho años de gobierno ha despertado multitud de comentarios.

Tampoco ayudan la renuncia del carismático diputado Iñaki Iriarte y el presunto poco valor que le da a los escasos alcaldes que todavía retienen, especialmente Cintruénigo, ha conllevado que sus enemigos internos se multipliquen incluso en La Ribera, cuna tradicional de los líderes de UPN.

UNA OFERTA RECHAZADA

Ana Beltrán, presidenta del PP navarro, ofreció antes de las Navidades una oferta a UPN para articular una lista conjunta junto a Ciudadanos. En las filas regionalistas molestó la oferta en público tras 27 años de pactos y Esparza apuntó dónde más duele.

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Pablo Casado y Ana Beltrán. Foto: Flickr PP.

El líder de UPN rechazó el envite y afirmó que “llegaremos a un acuerdo después, porque no sumamos más yendo juntos, y si no tiene esa certeza es responsabilidad del Partido Popular, no es responsabilidad de nadie más”.

Esparza explicó que “quien plantea eso a través de los medios de comunicación no está buscando un acuerdo, está buscando otras cosas” y recordó que cuando llegaron a un acuerdo para las generales “no se me ocurrió salir a los medios emplazando a Rajoy, me senté con él discretamente y llegamos a un acuerdo”.

Beltrán, dolida porque UPN insinúe que desaparecerán del Parlamento en mayo, afirmó que “nuestras encuestas internas no dicen lo mismo, y nos consta que otros partidos también las tienen y que las suyas tampoco dejan duda sobre la presencia del Partido Popular en el Parlamento de Navarra la próxima legislatura”.

ENFADO TAMBIÉN EN EL PSN CON UPN

José Javier Esparza se ha reunido en los últimos días con Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Rivera para acercar posturas de cara a mayo. UPN ha mantenido un tono bronco con los socialistas, tanto en Madrid como en Pamplona, pero ahora son conscientes de que su futuro podría depender una vez más de Ferraz.

Cabe recordar que UPN alcanzó el poder en 1991 porque el PSN no llegó a un pacto con Herri Batasuna y que volvió a la presidencia en el 96 tras la decisión de Ferraz de romper un tripartito liderado por ellos tras la implicación de Javier Otano en un asunto de corrupción.

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En 2007 José Blanco imposibilitó un acuerdo entre PSN, Nafarroa Bai e Izquierda Unida, lo que provocó que UPN mantuviese el trono tras pactar apoyar a Zapatero en Madrid y romper con el PP en Navarra, y en 2014 desde Madrid también se impidió una moción de censura contra la regionalista Yolanda Barcina, “agostazo” y “marzazo” que acabaron forzando la salida de los líderes socialistas Fernando Puras y Roberto Jiménez.

NUEVOS TIEMPOS PARA EL PSN

Ahora en el PSN quieren que corran nuevos tiempos en su sede del Paseo Sarasate. Su líder, María Chivite, fue una de las escasas baronías que apoyaron a Pedro Sánchez y su exnúmero dos, Santos Cerdán, saltó a Madrid como secretario ejecutivo de Coordinación Territorial tras el triunfo interno del actual presidente del Gobierno.

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El secretario ejecutivo de Coordinación Territorial, Santos Cerdan. Foto: Flickr

El PSN marcó distancias con el ‘Gobierno del cambio’ y con Uxue Barkos, en cuya investidura se abstuvieron mientras las fuerzas más a la izquierda achacaban a los socialistas que el cambio solo llegó cuando Ferraz “fue prescindible”.

María Chivite quiere ser la interlocutora de los socialistas en Navarra y que UPN no la “puentee” una vez más con Ferraz. Aunque goza de la confianza de Pedro Sánchez, la exsenadora quiere llevar personalmente las conversaciones con los regionalistas.

En las filas del PSN son proclives a un pacto con Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra que deje fuera del poder a UPN y a EH Bildu, aunque sus posturas sobre los abertzales se han rebajado tras el apoyo de la coalición vasca a la moción de censura liderada por Sánchez.

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