La princesa Leonor ha comenzado un nuevo capítulo en su formación militar, esta vez en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier. Tras su paso por la Academia General Militar de Zaragoza y la Escuela Naval de Marín, la heredera al trono se enfrenta a un reto distinto, exigente y con una dosis de respeto añadido: aprender a volar. Su tercer año de preparación castrense llega marcado por una novedad que la obliga a salir de su zona de confort.
En su primer día en Murcia, la princesa Leonor ya dejó una imagen para el recuerdo; enfundada en su uniforme de vuelo, se subió al nuevo modelo PC21 Pilatus, el avión en el que entrenará durante los próximos meses. Aún en tierra, la escena simbolizó el inicio de un proceso que le generaba cierto temor, un “yuyu” comprensible que, según varios expertos, arrastraba desde hace tiempo. Sin embargo, en esta ocasión no estará sola para superar esa barrera.
El miedo a volar, el gran desafío de la princesa Leonor

Los problemas de la princesa Leonor con la idea de volar no son un secreto. Tal como explicó la periodista Nuria Marín, la propia heredera había reconocido en privado que subirse a un avión le generaba nervios y cierta inseguridad. Una situación normal para cualquier joven de 19 años, pero que adquiere otro nivel de relevancia cuando se trata de su preparación como futura jefa de las Fuerzas Armadas.
Para suavizar ese temor, meses atrás la princesa Leonor ya había visitado San Javier en una especie de entrenamiento previo. Allí pudo familiarizarse con el entorno, probar sensaciones y ganar confianza en un espacio que ahora será su día a día. Gracias a esa experiencia anticipada, el “yuyu” inicial parece haber disminuido, aunque el verdadero reto comenzará cuando le toque despegar de verdad.
Una entrenadora de excepción

Si algo queda claro es que la princesa Leonor no enfrentará sola este desafío. Para guiarla en su formación contará con una instructora muy especial: una teniente que, además, tiene el honor de ser la primera mujer piloto de Eurofighter en España. Será ella quien, de manera exclusiva, la acompañe en el proceso de dominar el Pilatus y asegurarse de que, al final de curso, sea capaz de volar por sí misma.
La decisión de asignarle una entrenadora personal no es casualidad. Leonor debe condensar en un año lo que otros cadetes aprenden en varios, lo que exige un plan de formación más intenso y adaptado a sus circunstancias. Esta atención personalizada busca no solo garantizar resultados, sino también reforzar la confianza de la heredera en un terreno que hasta ahora le imponía respeto.
Seguridad máxima para la heredera

Otra de las novedades que rodea a la princesa Leonor en la Academia del Aire es que dispondrá de un avión propio. Según Nuria Marín, esto responde a cuestiones de seguridad, ya que lo habitual en San Javier es que los alumnos compartan aeronaves rotando entre distintos modelos. En el caso de la heredera, contar con un Pilatus asignado exclusivamente a ella permite un control absoluto del mantenimiento y reduce cualquier posible riesgo.
Este privilegio incluye, además, un equipo de mecánicos específicos para su aeronave, lo que garantiza que todo esté en perfecto estado en cada entrenamiento. Una medida que, lejos de ser un capricho, refleja el cuidado extremo que rodea la preparación de la futura reina. Con esta combinación de seguridad, disciplina y apoyo especializado, la princesa Leonor afronta un curso que marcará un antes y un después en su carrera militar y en su preparación como jefa de Estado.


































