El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha decidido jugar fuerte. Reúne este fin de semana a su Consell Executiu en un cónclave en la comarca del Bages para desatascar los Presupuestos de la Generalitat y encarar el tramo decisivo de la legislatura. La cita, lejos del Palau y de las cámaras, busca alinear al Govern antes de volver a sentarse con ERC y Comuns en una negociación que, a estas alturas, ya debería estar cerrada.
El movimiento no es casual. Después de meses arrastrando un calendario presupuestario que se ha ido descosiendo, en esta redacción entendemos que Illa necesita un golpe de autoridad interna antes de pedir cesiones a sus socios. Y los cónclaves de fin de semana, en la tradición política catalana reciente, son siempre una señal: cuando el president saca al Govern del despacho, es porque algo importante hay que recolocar.
Por qué el Bages y por qué ahora
La elección del Bages no es un detalle menor. La comarca, con Manresa como referencia, ha sido históricamente terreno de cultivo de Junts y de ERC, y simboliza esa Catalunya interior donde el PSC todavía tiene que demostrar implantación más allá del cinturón metropolitano. Illa proyecta así una imagen de Govern que pisa territorio, no solo Passeig de Gràcia.
El calendario también aprieta. La legislatura entra en su fase media y los Presupuestos siguen sin pactarse. Cada semana que pasa sin acuerdo erosiona el relato de estabilidad que el PSC vendió tras la investidura. Sin presupuestos propios, el Govern gobierna con las cuentas prorrogadas de la etapa anterior, lo que limita inversión, contratación y cualquier política con ambición transformadora. Esa incomodidad ya empieza a notarse en consellerias clave como Salud, Educación y Territorio.
El triángulo Illa, ERC y Comuns: dónde está el bloqueo
El esquema parlamentario no ha cambiado: el PSC necesita el sí o la abstención de ERC y de los Comuns para sacar adelante las cuentas. Y ahí está el matiz. ERC exige avances tangibles en la financiación singular y en el traspaso efectivo de Rodalies, dos compromisos que dependen tanto del Govern como de Moncloa. Los Comuns, por su parte, presionan con vivienda, fiscalidad verde y blindaje del gasto social.
Según fuentes del Govern consultadas por Moncloa.com, el cónclave del Bages servirá para fijar líneas rojas internas y, sobre todo, para definir hasta dónde está dispuesto el Ejecutivo a ceder en cada uno de los frentes. La consejería de Economía lleva semanas afinando un margen fiscal que se antoja escaso ante la suma de demandas de ambos socios.
La lectura política es otra: Illa no puede aparecer cediendo en bloque sin recibir nada a cambio en el plano simbólico. Necesita que ERC le permita presentar el acuerdo como propio, no como concesión. Y eso, después de los roces de los últimos meses por la financiación, no está garantizado.
El precedente que nadie quiere repetir
El recuerdo de la legislatura de Pere Aragonès pesa. Aquel Govern en minoría acabó convocando elecciones anticipadas precisamente por la incapacidad de aprobar los Presupuestos de 2024, después de que los Comuns rompieran la negociación por el proyecto del Hard Rock. Ningún actor del actual tablero quiere revivir aquel guion, pero los ingredientes están sobre la mesa: socios incómodos, expectativas cruzadas y un Ejecutivo que se juega la credibilidad.
Cuando un president saca al Govern del Palau y lo encierra un fin de semana en comarcas, no busca consenso: busca disciplina antes de la batalla.
Analizamos esta jugada como un movimiento defensivo más que ofensivo. Illa no llega al Bages con un acuerdo cerrado bajo el brazo: llega a ordenar la tropa porque la negociación con ERC se le ha enfriado y porque los Comuns han subido el listón en las últimas semanas. La comparación con otros cónclaves recientes de la política española es obligada: tanto Pedro Sánchez como Alfonso Rueda han recurrido a fórmulas similares cuando la coalición o la mayoría parlamentaria amenazaba con descoserse. El recurso funciona si después hay gesto público; si no, se diluye.
Qué mirar en los próximos días
Hay tres señales a vigilar tras el cónclave. La primera, si sale del Bages un calendario concreto para presentar el Proyecto de Ley de Presupuestos en el Parlament. La segunda, si el conseller d’Economia comparece con cifras nuevas o se limita a repetir el marco actual. Y la tercera, quizá la más reveladora, si Illa convoca a Oriol Junqueras o a Jéssica Albiach a una reunión bilateral en los días siguientes. Ese gesto, o su ausencia, dirá más que cualquier comunicado.
El Palau no lo dice abiertamente, pero se palpa: el president se juega en estos Presupuestos buena parte de lo que queda de legislatura. Sin cuentas, la agenda se reduce a gestión y a expectativas. Con cuentas, el PSC podrá presentarse como el partido que devolvió la normalidad institucional a Cataluña. La diferencia entre una cosa y la otra puede decidirse, literalmente, este fin de semana en el Bages.
