Los huesos suelen acordarse de nosotros cuando empiezan a fallar, pero lo cierto es que los huesos llevan toda la vida trabajando en silencio, adaptándose a cada movimiento, reconstruyéndose sin que nos demos cuenta y necesitando algo más que calcio para mantenerse fuertes. Durante años, cuando se hablaba de salud ósea, casi todo giraba en torno a la vitamina D, pero hoy la conversación es otra, más amplia, más realista y también más interesante.
Los huesos no funcionan con una sola pieza, sino como un engranaje en el que intervienen varias vitaminas que actúan a la vez. Investigaciones recientes, junto con la experiencia de expertos en nutrición, apuntan a que vitaminas como la A, las del grupo B, la C, la E o la K tienen un papel clave en la formación, el mantenimiento y la reparación del tejido óseo. Y hay un matiz importante que cada vez se repite más, y es que no se trata de tomar más, sino de tomar mejor, porque un exceso también puede jugar en contra.
3Vitaminas E y K, la protección y fijación del calcio
Los huesos no solo se construyen, también se desgastan y se reparan continuamente, y ahí es donde la vitamina E y la vitamina K tienen mucho que decir. La primera actúa como antioxidante y ayuda a mejorar la comunicación entre las células implicadas en la regeneración ósea, algo clave para que el proceso sea eficaz y no se detenga.
La vitamina K, por su parte, tiene un papel más directo en la fijación del calcio, ayudando a que este mineral llegue donde tiene que llegar y se mantenga en el hueso. Se encuentra en alimentos como las verduras de hoja verde, el aguacate o algunas semillas, y aunque todavía se investiga cuál de sus formas es más efectiva, su presencia en la dieta se asocia con una mejor densidad ósea. Por eso, más allá de suplementos o modas, lo que sigue funcionando es comer variado, cocinar sin excesos y darle a los huesos todo lo que necesitan sin complicarlo demasiado.

