EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Dos drones ucranianos entraron en espacio aéreo letón el 7 de mayo, impactando contra un depósito de combustible vacío sin causar víctimas.
- ¿Quién está detrás? Ucrania los lanzó contra objetivos en Rusia, pero la guerra electrónica rusa desvió los aparatos hacia territorio de la OTAN.
- ¿Qué impacto tiene? Ha dimitido el ministro de Defensa letón y la Alianza refuerza su defensa antiaérea en el Báltico tras constatar la vulnerabilidad en su flanco más expuesto.
El ministro de Defensa de Letonia, Andris Sprūds, presentó su dimisión este domingo después de que dos drones ucranianos se estrellaran contra un depósito de combustible vacío en el este del país báltico. La primera ministra letona, Evika Siliņa, le retiró su confianza tras un incidente que ha puesto al descubierto tanto la eficacia de la guerra electrónica rusa como las carencias de defensa antiaérea en la frontera más expuesta de la OTAN.
La entrada de los drones, confirmada por Kiev como propia y atribuida a un desvío deliberado por parte de Moscú, suma un nuevo capítulo a una serie de incursiones no letales sobre los países bálticos que ya habían provocado llamadas de atención a principios de año.
El incidente del 7 de mayo: drones ucranianos en suelo OTAN
El pasado 7 de mayo, dos aparatos no tripulados ucranianos atravesaron la frontera ruso-letona y se adentraron unos 40 kilómetros antes de impactar contra un depósito de combustible vacío en la localidad de Rēzekne. Cuatro tanques de almacenamiento resultaron dañados, aunque no hubo heridos. Los bomberos extinguieron una zona de unos 30 metros cuadrados que había comenzado a arder.
Las autoridades activaron alertas aéreas en tres municipios, cerraron colegios y los vecinos reportaron explosiciones. Cazas franceses destinados a la misión de policía aérea de la OTAN en el Báltico (Baltic Air Policing) despegaron de inmediato, pero no llegaron a interceptar los drones porque, según fuentes locales, se priorizó la seguridad de civiles e infraestructuras.
La réplica del ministro Sprūds a esa decisión fue contundente: “Los drones deben ser derribados. Esa es mi responsabilidad como líder político”. La falta de una respuesta cinética encendió el debate político y allanó el camino para su salida.
Una dimisión política que desvela la estrategia rusa de desvío
La primera ministra Siliņa anunció que Sprūds había perdido su confianza y la del público, forzando su renuncia este domingo. El coronel Raivis Melnis, del ejército letón, lo sustituye al frente de la cartera de Defensa. Paralelamente, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, confirmó que los drones eran de Kiev y que no tenían como objetivo Letonia.
Sybiha añadió un dato crucial: la guerra electrónica rusa es la responsable de que los drones se desviaran de su trayectoria hacia territorio aliado. “Fue el resultado de la interferencia electrónica rusa que desvió deliberadamente los drones ucranianos de sus blancos en Rusia”, declaró. Es la confirmación más sólida hasta la fecha de una táctica que, desde marzo, se venía sospechando como deliberada.
Ya entonces, cuando varios drones impactaron en los tres Estados bálticos, surgieron las primeras hipótesis sobre que el Kremlin estuviese reenviando los aparatos “de vuelta al remitente” pero hacia Europa. Ahora, con el reconocimiento oficial ucraniano, el patrón se consolida como una amenaza híbrida de baja intensidad que explota los vacíos defensivos de la OTAN.

Equilibrio de Poder
Este incidente, sin víctimas mortales, esconde una lección estratégica clave: la guerra electrónica rusa ha logrado convertir drones ofensivos ucranianos en vectores de presión política sobre la Alianza. No es casualidad que los drones caigan en territorio OTAN y generen crisis de confianza en líderes de la propia coalición. Moscú demuestra con este tipo de acciones que puede erosionar la cohesión aliada sin disparar un solo misil.
Para España, la lectura es ambivalente. Por un lado, el flanco oriental sigue absorbiendo recursos y atención. La misión de policía aérea en el Báltico —en la que participan rotatoriamente los cazas españoles Eurofighter desde la base de Šiauliai (Lituania)— se revaloriza como cordón de disuasión pero también como revelador de las limitaciones anti-dron de los sistemas actuales. La falta de un escudo específico contra enjambres de drones en el Báltico podría acelerar la demanda de sistemas como el NASAMS o el sistema español Cervus, aún en fase de desarrollo.
La respuesta de Letonia y Lituania, que han solicitado conjuntamente a la OTAN un refuerzo inmediato de la defensa anti-dron, corre el riesgo de tropezar con los mismos obstáculos presupuestarios que lastran otros programas aliados. Sin embargo, la administración Trump ya ha dejado claro que la contrapartida europea debe reflejarse en el gasto militar —con el 5% del PIB como horizonte—, y esta crisis ofrece un argumento adicional a Washington para presionar.
En el Magreb y el Sahel, donde España sí tiene intereses directos, la lección no es menor. Marruecos despliega sistemas de guerra electrónica y drones de última generación. Si la táctica rusa de “devolver” drones funciona en el Báltico, nada impide que actores regionales intenten replicarla en el flanco sur, poniendo a prueba los radares de la red de vigilancia española. Las tres semanas de incertidumbre diplomática que suelen acompañar a estos sucesos podrían repetirse con Ceuta y Melilla en la ecuación.
Mientras la OTAN debate qué misil anti-dron es más adecuado, Rusia ha encontrado una forma barata de hacer política interior en Bruselas. Que la muerte del ministro letón sea política y no física es casi un milagro estadístico, pero el mensaje ya está sobre la mesa: la guerra electrónica también derriba gobiernos.
No ha habido víctimas, pero sí ha caído un ministro. La guerra electrónica rusa ha logrado que un drone ucraniano sea el detonante de una dimisión en la OTAN.
El sustituto, el coronel Melnis, hereda una cartera en llamas. La próxima cumbre de la OTAN en Vilna el próximo mes será, sin duda, un examen sobre si la Alianza puede protegerse de amenazas asimétricas que, como esta, ni siquiera buscan matar.
