Netanyahu propone eliminar la ayuda militar de EE.UU. a Israel en 10 años

El primer ministro israelí plantea a Trump un horizonte de autonomía total en defensa para 2036. La ayuda estadounidense cubre hoy el 16% del presupuesto militar israelí. La caída del apoyo popular en EE.UU. —seis de cada diez ciudadanos rechazan a Israel— acelera el debate.

Benjamin Netanyahu quiere dejar de depender del cheque de Washington. El primer ministro israelí declaró este domingo en 60 Minutes de la CBS que su objetivo es reducir a cero la ayuda militar estadounidense en el plazo de una década, una decisión que comunicó directamente al presidente Donald Trump y que, de materializarse, reconfiguraría la alianza estratégica más longeva de Estados Unidos en Oriente Próximo.

La entrevista, emitida el 10 de mayo de 2026, recoge un Netanyahu que vincula la medida a la necesidad de “independencia estratégica” y que asegura haber visto “caer las mandíbulas” de sus propios colaboradores cuando planteó la idea. No es una declaración improvisada: el primer ministro lleva meses insinuando que Israel debe prepararse para un escenario sin el paraguas financiero estadounidense, aunque nunca hasta ahora le había puesto fecha.

La factura de siete décadas de dependencia militar

Israel es, desde 1948, el mayor receptor acumulado de ayuda exterior de Estados Unidos. Según datos del Departamento de Estado, la cifra supera los 300.000 millones de dólares en asistencia económica y militar. Bajo el Memorando de Entendimiento firmado en 2016, Washington se comprometió a aportar 38.000 millones en ayuda militar entre 2019 y 2028, incluyendo 5.000 millones para el sistema antimisiles Iron Dome.

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Ese flujo representa hoy aproximadamente el 16% del presupuesto de defensa israelí. No es una cantidad menor: hablamos de unos 3.800 millones de dólares anuales que permiten a las Fuerzas de Defensa de Israel mantener su ventaja cualitativa en una región donde las potencias rivales —Irán a la cabeza— no dejan de modernizar sus arsenales. La sola mención de una retirada programada de esa ayuda altera los cálculos de poder en todo el arco que va de Beirut a Teherán.

“Quiero reducir a cero el componente financiero de la cooperación militar que tenemos”, afirmó Netanyahu en la entrevista, subrayando que el proceso debe “empezar ya” y completarse antes de 2036. El primer ministro no aclaró si la independencia financiera incluiría también el fin de la transferencia de tecnología y de los contratos preferentes de armamento que acompañan al paquete de ayuda.

Gaza y el coste político en Washington

El trasfondo de la propuesta no es solo estratégico: es político. La guerra de Gaza, desencadenada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, ha erosionado de forma acelerada el apoyo popular a Israel entre el electorado estadounidense. Una encuesta reciente del Pew Research Center sitúa en seis de cada diez el número de estadounidenses con una opinión desfavorable del Estado judío, un incremento de siete puntos en un año y de casi veinte desde 2022.

Netanyahu descartó de plano que la ofensiva militar —con más de 71.000 palestinos fallecidos según fuentes locales— haya contribuido a ese deterioro. En su lugar, culpó a “granjas de bots y direcciones falsas” manejadas por “varios países” que, según él, manipulan las redes sociales para “romper la simpatía estadounidense hacia Israel”. Una explicación que en Moncloa.com observamos como funcional a su relato interno pero difícil de cuadrar con la cascada de imágenes diarias desde la Franja.

En marzo de este año, el senador Bernie Sanders presentó tres resoluciones para bloquear ventas de armas a Israel por valor de 660 millones de dólares, argumentando que tres cuartas partes de los votantes demócratas y dos tercios de los independientes rechazan el envío de armamento. Las resoluciones no prosperaron, pero la tendencia es inequívoca: el consenso bipartidista que blindaba la ayuda a Israel se resquebraja.

La propuesta de Netanyahu no es un gesto de orgullo nacional: es la lectura anticipada de un Congreso estadounidense que, en una década, podría ser mucho menos generoso con Tel Aviv.

Israel independencia militar

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La administración Trump no ha comentado oficialmente la propuesta. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró recientemente que Estados Unidos no se ha visto “arrastrado” a una guerra con Irán por Israel, en un intento de blindar la relación frente al ala más aislacionista del Partido Republicano. Pero la sintonía personal entre Trump y Netanyahu no garantiza que el Capitolio, e incluso el Pentágono, aplaudan un divorcio financiero de estas dimensiones.

Equilibrio de Poder

El anuncio de Netanyahu tiene implicaciones que desbordan la relación bilateral con Washington. La primera lectura es doméstica: al plantear la autonomía militar como horizonte, el primer ministro refuerza ante su electorado la imagen de un Israel que no debe favores a nadie, justo cuando la popularidad de su gobierno se resiente por la gestión de la guerra en Gaza y por las tensiones con el poder judicial. Es un movimiento que fortalece su relato de “fortaleza solitaria”.

La segunda lectura es regional. Si Israel deja de recibir 3.800 millones anuales de Washington, el vacío presupuestario deberá cubrirse con deuda soberana, recortes en otras partidas o una presión fiscal adicional sobre una economía ya tensionada por más de dos años de conflicto. Los socios de los Acuerdos de Abraham —Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos— observarán con atención: su apuesta por la normalización con Israel se basa, en parte, en la percepción de que Tel Aviv cuenta con el respaldo inquebrantable del Pentágono. Sin ese paraguas visible, la arquitectura de alianzas que Estados Unidos tejió en la región entre 2020 y 2023 pierde uno de sus pilares.

Para España y la Unión Europea, la noticia opera como un precedente inquietante. Si Washington acepta un horizonte de diez años para retirar su ayuda militar a Israel, ¿qué impide que la misma lógica se aplique a otros aliados? La OTAN ya vive bajo la presión de una administración Trump que exige el 5% del PIB en gasto militar. La propuesta de Netanyahu demuestra que el repliegue financiero estadounidense no es una hipótesis académica: es un proceso en marcha que los aliados deben empezar a presupuestar. Para España, que destina apenas el 1,28% del PIB a defensa y depende del escudo antimisiles de la base de Rota, la señal es clara.

En una perspectiva a diez años, la independencia militar israelí podría acelerar una carrera armamentística en Oriente Próximo. Sin la mediación financiera de Washington, Israel se verá tentado a buscar mercados alternativos de armamento —India, Corea del Sur, incluso China en un giro improbable pero no imposible— y a exportar tecnología militar con menos restricciones. Eso alteraría el equilibrio de poder en una región donde cada movimiento israelí provoca una respuesta iraní, y viceversa. Habrá que observar la próxima reunión del Comité de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense, prevista para junio de 2026, donde la ayuda a Israel figurará en el orden del día por primera vez como un asunto en cuestión, no como un cheque automático.