El Govern y los sindicatos educativos están a un paso de cerrar un acuerdo que desactive las huelgas de los docentes catalanes. El conseller d’Educació presenta este jueves la propuesta ‘definitiva’ del ejecutivo, tras una maratoniana ronda de negociación que ha desembocado en una mejora salarial y la promesa de más personal, aunque con un punto crucial aún sin atar.
La jornada del miércoles dejó una imagen elocuente de la presión sindical. Miles de docentes salieron a la calle en Barcelona, Girona, Granollers, Lleida, Tarragona, y Torredembarra —más de 10.000 según las fuerzas de seguridad— y cortaron la AP-7 en tres puntos, provocando retenciones masivas durante más de seis horas. Las movilizaciones se saldaron con una paella reivindicativa y la advertencia de que este jueves las huelgas se trasladarán al Maresme y al Vallès.
Propuesta salarial: 47 euros al mes y 4.700 más al año
Sobre la mesa de negociación, el Departament d’Educació ha movido ficha. El complemento salarial que bautizaron como ‘complemento de mejora docente’ ha subido de 35 euros mensuales a 47, y se elevará a 75 euros en 2029. Traducido a cifras anuales, los docentes percibirían 4.700 euros más al año dentro de tres años, una cantidad que supera los 3.000 comprometidos en el pacto previo con CC OO y UGT, pero que se queda lejos de los 6.400 que reclaman los sindicatos convocantes.
Ignasi Giménez, secretari de Millora Educativa, pidió ‘más tiempo’ para analizar la contrapropuesta sindical, aunque no cerró la puerta a seguir elevando la cifra. Sin embargo, lo que realmente atascó la última reunión fue la concreción del aumento de plantillas destinadas a la escuela inclusiva. Los sindicatos exigen que el Govern ponga por escrito el compromiso de incrementar las dotaciones en los próximos años. ‘Un compromiso sin tenerlo por escrito es un brindis al sol’, denunció Iolanda Segura, portavoz de Ustec.
El punto que mantiene el conflicto abierto: las plantillas
El Departament recuerda que este martes ya se aprobó la incorporación de 1.800 profesionales para el curso que arranca en septiembre y que ‘está en condiciones de estar en las mismas cifras’ en cursos posteriores, en palabras de Giménez. No obstante, deja claro que la plantilla del próximo año ya está blindada y que cualquier refuerzo adicional se dilucidará para el futuro. Mientras, las huelgas sectoriales no cesan: hoy afectan al Maresme y al Vallès.
La paz social cuesta dinero, pero lo que de verdad tensa la cuerda es la ausencia de un documento que garantice un futuro sin aulas masificadas.
Illa, atrapado entre la paz social y las cuentas del Govern

El president Illa se la juega. Las huelgas, que ya llevan semanas golpeando el ritmo escolar, erosionan la imagen de un ejecutivo que aspiraba a ser el de la ‘educación del futuro’. La protesta coincide con un momento de fragilidad parlamentaria: sin mayoría estable, cada desgaste cuenta. Y los sindicatos lo saben. Las imágenes de la AP-7 colapsada son una metáfora incómoda para un Govern que necesita demostrar que la legislatura es viable.
El pacto de marzo con CC OO y UGT dejó fuera a una parte significativa del profesorado, y ahora Ustec —el sindicato mayoritario— se ha erigido como el interlocutor decisivo. Si Illa no logra reconducir la situación, la huelga podría enquistarse hasta final de curso, un varapalo político en un año donde cada gesto de inestabilidad puede ser interpretado como un preludio electoral. El esquema postelectoral del president no se reforzaría precisamente con un conflicto enquistado en las aulas.
El coste económico del aumento salarial asfixiaría al Departament si se dispara hasta los 6.400 euros que exigen los sindicatos. El Govern ha puesto un límite tácito en torno a los 5.000 euros anuales, que se quedaría a medio camino entre la propuesta actual y la demanda de los sindicatos. La cifra no es casual: se situaría justo por encima de lo que perciben los cuerpos docentes en otras comunidades con acuerdos similares, pero sin disparar la partida de personal hasta entorpecer otras áreas. Un equilibrio de alta precisión.
La hoja de ruta pasa por la reunión de hoy. Si el Govern logra arrancar un sí de al menos algunos de los convocantes —fuentes del sector apuntan a CGT e Intersindical como posibles puntos de fuga—, la huelga general podría desactivarse esta misma semana. Pero si no hay avances, las movilizaciones del Maresme y el Vallès serán solo el anticipo de un verano caliente en las aulas. Y en la política catalana.

