EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El IRGC lanzó drones y misiles contra la base aérea Ali Al Salem, en Kuwait, en represalia por los bombardeos estadounidenses del 26 de mayo en Bandar Abbas.
- ¿Quién está detrás? La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC), que reivindicó el ataque en un comunicado oficial.
- ¿Qué impacto tiene? Kuwait interceptó varios proyectiles; el incidente eleva la tensión en el Estrecho de Ormuz y amenaza el frágil alto el fuego del 8 de abril.
Irán ha atacado esta madrugada la base aérea estadounidense de Ali Al Salem, en Kuwait, en represalia por los bombardeos de EEUU contra instalaciones navales en Bandar Abbas el pasado lunes, según ha confirmado el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). Las defensas antiaéreas de Kuwait interceptaron varios de los proyectiles, lo que evitó una escalada mayor en un contexto de alto el fuego ya muy tensionado.
La escalada en el Estrecho: de Bandar Abbas al ataque contra Ali Al Salem
La cadena de represalias comenzó con explosiones poco después de la medianoche en la ciudad portuaria de Bandar Abbas, que alberga una base naval iraní. Un responsable estadounidense declaró a medios internacionales que sus fuerzas derribaron cuatro drones kamikaze iraníes que “representaban una amenaza en los alrededores del Estrecho de Ormuz” y que atacaron una estación de control terrestre en Bandar Abbas que “estaba a punto de lanzar un quinto dron”. El portavoz calificó esas acciones como “medidas puramente defensivas y destinadas a mantener el alto el fuego”.
Pocas horas después, varios misiles y drones fueron interceptados sobre Kuwait, según confirmó el Ministerio de Defensa kuwaití. Los analistas de fuentes abiertas (OSINT) apuntaron en redes sociales que los proyectiles podían dirigirse hacia la base aérea Ali Al Salem, situada cerca de la frontera entre Kuwait e Irak, un enclave clave para la proyección aérea de EEUU en Oriente Próximo. El IRGC reivindicó el ataque horas más tarde con un comunicado en el que afirmó haber apuntado a una “base estadounidense implicada en el bombardeo anterior contra las instalaciones de Bandar Abbas”.
Estas hostilidades se producen solo dos días después de que EEUU llevara a cabo ataques “de autodefensa” contra buques navales iraníes y emplazamientos en la provincia de Hormozgan, acción que Teherán denunció como una violación flagrante del alto el fuego alcanzado el 8 de abril. Pese a que funcionarios estadounidenses habían sugerido esta misma semana que las partes estaban cerca de un acuerdo de paz preliminar no hay señales de que ni Washington ni Teherán estén dispuestos a ceder. Ambas capitales se acusan mutuamente de imponer condiciones inaceptables.
La dinámica de ojo por ojo demuestra que el alto el fuego de abril no ha reducido la capacidad de daño inmediato de ninguna de las partes.
La intercepción en Kuwait y el efecto disuasorio de las defensas aéreas
El hecho de que los misiles y drones fueran interceptados sobre suelo kuwaití tiene implicaciones tan operativas como políticas. Kuwait, que alberga la base Ali Al Salem, activó sus baterías antiaéreas para neutralizar las amenazas entrantes, con el consiguiente riesgo de incidentes colaterales si algún proyectil hubiera impactado en zonas pobladas. La eficacia de la defensa mostrada –aún sin detallar qué plataformas se emplearon– subraya la importancia de la cooperación en materia de defensa aérea entre Washington y sus socios del Golfo.
Según la nota difundida por el Pentágono, los cuatro drones Shahed-136 iraníes abatidos por las fuerzas navales de EEUU en el Estrecho de Ormuz llevaban una carga explosiva significativa y amenazaban a buques mercantes y militares en una de las rutas marítimas más congestionadas del mundo. El ataque a la estación de control en Bandar Abbas fue descrito como un acto para “prevenir un quinto lanzamiento inminente” sin que se reportaran víctimas civiles. Sin embargo la escalada no es inevitable: el alto el fuego sigue vigente sobre el papel, aunque con un escepticismo creciente tanto en Washington como en Teherán.

Equilibrio de Poder
El intercambio de ataques coloca al Estrecho de Ormuz de nuevo en el centro del tablero. La respuesta militar de Irán –una combinación de drones suicidas y misiles– es un mensaje calibrado: demuestra la capacidad de alcanzar bases estadounidenses sin provocar una guerra abierta. Para la administración Trump, el episodio confirma la necesidad de mantener una presencia disuasoria en el Golfo mientras negocia un acuerdo de paz que sigue atascado. La Casa Blanca mantiene su línea de “autodefensa” y ha evitado escalar verbalmente, aunque el envío de refuerzos navales al CENTCOM en las últimas semanas revela que la contención es precaria.
Para la Unión Europea, la escalada renueva los temores sobre la seguridad energética. Cualquier disrupción en el tránsito por Ormuz encarecería el crudo y afectaría directamente a España, que importa una proporción significativa de hidrocarburos a través de esa ruta. La última crisis del petrolero iraní Grace 1 en 2019 disparó temporalmente los precios un 4%, un recordatorio de la interconexión entre la geopolítica del Golfo y la economía doméstica española. Por ahora, el suministro no se ha visto afectado pero los mercados ya están reaccionando con cautela.
La clave a medio plazo reside en si Irán está dispuesto a cruzar la línea roja que supondría atacar directamente a personal estadounidense. El ataque contra Ali Al Salem parece haber sido deliberadamente impreciso o, al menos, interceptable, lo que sugiere una voluntad de exhibir fuerza sin precipitar una represalia masiva. Este patrón recuerda a la crisis de 2019-2020, cuando el derribo de un dron de EEUU y el posterior asesinato de Qassem Soleimani llevaron la tensión al borde del conflicto sin llegar a romperlo. La gran incógnita es si el alto el fuego sobrevivirá a esta nueva prueba: la próxima ventana crítica será la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que se prevé para la semana que viene, donde se evaluará la verificación del cumplimiento del cese de hostilidades.

