EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El think tank CSIS alerta de que las reservas estadounidenses de misiles Tomahawk, THAAD y Patriot están bajo mínimos tras 38 días de bombardeos sobre Irán y no se repondrán hasta 2030-2031.
- ¿Quién está detrás? La Casa Blanca resta importancia y dice tener municiones de sobra, mientras el Pentágono admite que harán falta ‘meses y años’ para recuperar capacidades.
- ¿Qué impacto tiene? Se abre una ventana de vulnerabilidad que inquieta ante un posible conflicto en el Pacífico y tensiona las alianzas de defensa, incluida España.
Las existencias de misiles de crucero Tomahawk y de interceptores THAAD y Patriot de Estados Unidos se han visto seriamente mermadas tras la campaña de bombardeos de 38 días contra Irán, según el análisis que el Center for Strategic and International Studies (CSIS) hizo público el miércoles. La reposición de esos sistemas, advierte, crea una ‘ventana de vulnerabilidad’ de varios años para un potencial conflicto en el Pacífico occidental.
La Operation Epic Fury —nombre de la ofensiva lanzada por Washington contra Teherán— golpeó más de 12.000 objetivos, según el Mando Central de EE.UU., y consumió existencias mucho más rápido de lo que la industria puede reponerlas. El CSIS calcula que se lanzaron más de 1.000 misiles Tomahawk, una cifra que supera con creces la media anual de adquisición de 86 unidades de la última década. Eso, sumado al empleo de hasta 290 interceptores THAAD, ha vaciado los almacenes: los Tomahawk no volverán a los niveles previos hasta 2030-2031, y los THAAD hasta mediados o finales de 2029.
El CSIS cuantifica el agujero en el arsenal
El think tank bipartidista subraya que el problema ‘no es el dinero, sino el tiempo’. Ampliar la capacidad de producción y fabricar estos complejos sistemas lleva años. ‘Habrá una ventana de vulnerabilidad durante varios años hasta que las reservas regresen a sus niveles anteriores, y varios más hasta alcanzar los que desean los planificadores de guerra’, escriben los autores. El Pentágono no ha hecho públicas las cifras oficiales de municiones gastadas, alegando seguridad operativa, pero el interventor en funciones del Departamento de Defensa, Jules Hurst III, cifró el coste de la campaña en 29.000 millones de dólares, con gastos adicionales aún por contabilizar.
Los analistas del CSIS ven un factor mitigante: la falta de experiencia en combate reciente de China. ‘Pekín es muy consciente de que no tiene experiencia de combate reciente y de que su actuación fue pobre en su última guerra —contra Vietnam en 1979—. Esa diferencia puede preservar la disuasión hasta que se repongan las reservas’, sostienen. Pero la brecha entre el discurso oficial y la realidad logística sigue siendo pronunciada.
La Casa Blanca minimiza, el Pentágono admite plazos
La portavoz adjunta de la Casa Blanca, Anna Kelly, tachó a los analistas del CSIS de ‘mariscales de campo de sillón’ y aseguró que el ejército estadounidense ‘tiene municiones de sobra para todos los objetivos estratégicos del presidente Trump y más’. Sin embargo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reconoció que recuperar el arsenal llevará ‘meses y años’, y señaló que los fabricantes ya están invirtiendo en nuevas plantas y líneas de producción.
Trump se reunió recientemente con los consejeros delegados de los principales contratistas de defensa —BAE Systems, Boeing, Honeywell, L3Harris, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Raytheon— para impulsar la capacidad productiva. El presidente anunció después que los ejecutivos acordaron ‘cuadruplicar la producción del armamento de clase exquisita que queremos alcanzar lo antes posible’. Por el momento, no hay calendario concreto para esa cuadruplicación.
La brecha entre la narrativa política y la realidad logística es más que un desencuentro: es una ventana de vulnerabilidad que se medirá en años, no en meses.

Equilibrio de Poder
La advertencia del CSIS impacta en tres ejes que importan directamente a la seguridad de Europa y de España. Primero, la dependencia de la munición guiada de precisión estadounidense deja a la OTAN con menos margen de maniobra en caso de crisis simultáneas. Si Washington ya está tenso para reponer lo gastado en Oriente Medio, cualquier demanda adicional —por ejemplo, desde el flanco este— alargará aún más los plazos de entrega a los aliados.
Segundo, la base naval de Rota y el polvorín del estrecho de Gibraltar convierten a España en pieza logística clave en las rutas de reabastecimiento. Un agotamiento prolongado de ciertos sistemas interceptores —THAAD y Patriot— afecta la capacidad de protección de infraestructuras críticas aliadas frente a misiles balísticos, algo que Madrid debería considerar en su contribución al escudo antimisiles de la OTAN. Y tercero, aunque el CSIS considera que la ventana de vulnerabilidad puede amortiguarse por la falta de experiencia china, Pekín sigue modernizando su arsenal a un ritmo que reduce las certezas a medio plazo. La próxima cumbre de la OTAN en Bruselas se perfila como el escenario donde los europeos tendrán que poner cifras de producción propias sobre la mesa.

