Alberto Núñez Feijóo ha dado un paso cualitativo en la ofensiva contra Pedro Sánchez: exigir al Gobierno que se someta a una cuestión de confianza, como planteó ayer la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso en un acto público. La dirección nacional del Partido Popular respalda sin matices esa demanda constitucional y, además, apoya cualquier movilización ciudadana que pueda surgir contra la acumulación de escándalos de corrupción que afectan al Ejecutivo.
Lo confirmó este viernes la vicesecretaria de Coordinación Sectorial, Alma Ezcurra, en la rueda de prensa posterior al Comité de Dirección en Génova: «Por supuesto que estamos de acuerdo. Es perfectamente constitucional. Pero Sánchez no la va a presentar, porque no tiene la mayoría». La dirigente madrileña, que asume un rol portavoz creciente, añadió que cualquier movilización impulsada desde la sociedad civil será «muy respetable» y contará con el respaldo del partido, lanzando un mensaje que alinea a la cúpula nacional con la estrategia de la presidenta autonómica más mediática del centro-derecha.
Ese giro estratégico —exigir un mecanismo que el propio Sánchez rechazará— no impide, sin embargo, que el PP mantenga abierta la posibilidad de una moción de censura. Ezcurra fue clara al recordar la consigna de Feijóo: «Hará todo para cambiar la dirección de este país, y todo significa todo». La ambigüedad calculada deja la moción sobre la mesa, aunque en Génova saben que no sumaría hoy los votos necesarios. La razón: ni Junts ni el PNV están dispuestos a atar su destino a Vox.
La cuestión de confianza: una vía constitucional que el PP lanza como presión, no como ilusión
El instrumento previsto en el artículo 112 de la Constitución obliga al presidente del Gobierno a someter su programa o una declaración de política general al Congreso. La negativa de Sánchez a presentarla —argumenta Ezcurra— demuestra que el Ejecutivo «no tiene la mayoría» y prefiere esconderse tras una geometría parlamentaria frágil. Para el PP, exigirlo es una forma de exhibir esa debilidad y de instalar en la opinión pública la idea de que el Gobierno carece de legitimidad funcional.
La jugada no es inocente. Sitúa a Sánchez en una pinza argumentativa: si la rechaza, el PP puede acusarlo de temer a su propio Parlamento; si la aceptara y perdiera, precipitaría elecciones. Pero Génova asume que nunca llegará a ese extremo. Por eso, la cuestión de confianza funciona más como un mensaje electoral que como una herramienta parlamentaria inmediata. «Sánchez no la va a presentar», repitió Ezcurra, dejando claro que el foco sigue siendo construir una alternativa creíble de gobierno.
El movimiento también cumple un papel interno: Ayuso viene de ganar la batalla por la hegemonía territorial tras la pérdida de la mayoría absoluta de Juanma Moreno en Andalucía. Al respaldar su propuesta, Feijóo reconoce esos galones y envuelve la iniciativa en el sello de la dirección nacional. No hay fisuras, y eso es un activo en un partido que en otras crisis se ha partido.
Presión a PNV y Junts: «Deben decidir si ser actores de la salida»
Génova redobló la presión sobre los dos partidos que sostienen al Gobierno. Ezcurra les recordó que fueron «actores principales de la llegada» de Sánchez a la Moncloa y deben decidir si serlo también «de su salida». La vicesecretaria citó el gesto de Junts, que por la mañana instó a Sánchez a convocar elecciones, como una muestra de que los socios se mueven, pero les afeó que se limiten a «lavarse las manos como Poncio Pilatos» en lugar de forzar el cambio de ciclo.
El mensaje va dirigido sobre todo a PNV y Junts, cuyos votos serían indispensables para cualquier moción de censura. En el partido vasco, el portavoz en el Congreso ha mantenido el perfil bajo estos días; en el independentismo catalán, las declaraciones de Miriam Nogueras descartando cualquier alianza con Vox dificultan aún más esa opción. Pero el PP insiste: si los casos de corrupción se multiplican, no bastará con tomar distancia retórica. «Quien mañana quiera decir que ayudó a limpiar la corrupción en España no puede lavarse las manos hoy», sentenció Ezcurra.
Esa ofensiva discursiva resulta útil para el PP en su estrategia de desgaste. Por un lado, tensa los cables de la mayoría parlamentaria; por otro, retrata a los socios del Gobierno como cómplices pasivos de un Ejecutivo que, en palabras de la vicesecretaria, «está utilizando el Estado como escudo personal» y trata a los adversarios y a la prensa «como enemigos a batir».
Génova ha encontrado en la cuestión de confianza un resorte que descoloca al adversario sin comprometer al PP en una moción abocada al fracaso.
Las declaraciones del ministro Óscar Puente, que el jueves denunció una operación antidemocrática desde los juzgados y los medios, fueron respondidas con ironía por la dirección popular. «Están pasando todas las fases del duelo: primero negación, ahora ira, y acabará en la aceptación», afirmó Ezcurra, que añadió: «Están conspiranoicos y es normal, con la gravedad de de las cosas que están sucediendo», en un pequeño titubeo que humanizó la comparecencia.
Esa acción coordinada —movilización callejera, presión parlamentaria, mensaje nítido— responde a un plan de desgaste gradual que el PP quiere acelerar conforme se aproxima el nuevo curso político. En Génova creen que la erosión de la imagen del Gobierno es ya irreversible y que el papel de la oposición es presentar una alternativa «de esperanza», como la que esbozó Ezcurra al prometer «reconstruir España desde cero» después del «sanchismo».
El Eje del Poder Popular
El viraje táctico de Génova —prescindir de una moción de censura inviable para apostar por la presión institucional y social— refleja un cálculo fino. Feijóo se guarda la bala de la moción para un momento de mayor debilidad de Sánchez, cuando alguno de los socios pueda despegarse sin pagar un coste electoral excesivo. Mientras, la cuestión de confianza sirve para señalar al presidente como responsable de una crisis de legitimidad y para cohesionar a los once barones populares, que ven en la movilización ciudadana una válvula de escape ante la impaciencia de sus bases.
La apuesta por las movilizaciones callejeras, impulsada por Ayuso y ahora bendecida por Génova, no está exenta de riesgos: el PP no controla los ritmos ni la intensidad de la protesta, y Vox puede intentar capitalizarla. Pero la dirección nacional confía en que el hartazgo ciudadano —visible en las encuestas— encuentre cauces cívicos y no partidistas, y en que los socios del Gobierno, aun sin dar el paso definitivo, se vean empujados a distanciarse cada vez más de Moncloa.
En el tablero territorial, Andalucía y Madrid actúan como los dos motores de la ofensiva, pero sin excluir a los demás barones. El mensaje de Ezcurra fue un refrendo del liderazgo de Ayuso en esta fase, sin menoscabar el papel de Moreno, que tras perder la mayoría absoluta sigue siendo el presidente autonómico con mayor respaldo popular. El PP necesita que todos sus territorios proyecten estabilidad mientras en Madrid se escenifica la presión más visible.
A medio plazo, el objetivo es llegar a las próximas generales con la imagen de un partido que agotó todas las vías constitucionales para forzar un cambio de rumbo. Si la cuestión de confianza no prospera —y no prosperará—, el PP habrá acumulado argumentos para pedir el voto como única solución. La estrategia no es nueva: la empleó con éxito Mariano Rajoy en 2011, cuando desgastó al Gobierno de Zapatero con una oposición de perfiles duros y llamamientos a la sociedad civil. Ahora Feijóo intenta replicar ese manual, adaptado a una España multipartidista y con aliados incómodos.
Lo que queda por ver es si el desgaste del Gobierno será suficiente para quebrar la mayoría de investidura o si, como temen algunos en el partido, Sánchez logrará recomponerse explotando el miedo a una alianza del PP con Vox. En esa dicotomía se jugará el PP los próximos meses.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: ‘Sánchez no tiene mayoría para una cuestión de confianza y se esconde tras sus socios; el PP ofrece una alternativa real de reconstrucción institucional’.
- Protagonista: Alma Ezcurra (vicesecretaria de Coordinación Sectorial del PP) como portavoz de una jornada en la que Feijóo permaneció en un segundo plano estratégico.
- Próximo hito: La evolución de la movilización ciudadana convocada en las próximas semanas y el posible debate de una cuestión de confianza que el Gobierno se niega a presentar.
