Von der Leyen reúne a su equipo para una línea comercial más dura contra China pese a división Francia-Alemania

La presidenta de la Comisión busca el respaldo de los comisarios para reforzar los instrumentos comerciales frente a Pekín. París y Berlín chocan por el riesgo de represalias en un contexto de déficit récord, mientras la decisión final se espera para después del Consejo Europeo d

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha convocado este viernes a sus comisarios para impulsar un endurecimiento de la política comercial de la UE frente a China, según fuentes comunitarias. El debate, que llega en un momento de déficit récord en el intercambio de bienes, busca alinear al Ejecutivo comunitario antes de dos citas diplomáticas clave: la cumbre del G7 en Francia el 15 de junio y el Consejo Europeo del 18 de junio.

Un giro estratégico en pleno ‘China Shock 2.0’

La discusión del colegio de comisarios se produce tras meses de trabajo interno para dotar a Bruselas de nuevos instrumentos que frenen la avalancha de productos chinos baratos, a menudo sostenidos por subsidios estatales. Según dos fuentes conocedoras de la dinámica, von der Leyen y su jefe de Gabinete, Björn Seibert, abogan por un enfoque mucho más duro hacia Pekín, aprovechando los datos económicos más adversos para inclinar la balanza.

El déficit comercial de bienes de la UE con China se disparó hasta los 360.000 millones de euros en 2025 (último año completo), frente a los 312.000 millones de 2024, y ha empeorado aún más durante el primer trimestre de 2026. “El debate de hoy debería confirmar el creciente consenso en Europa sobre la necesidad de actuar ante el China Shock 2.0”, declaró Stéphane Séjourné, comisario de Industria, a POLITICO. “No podemos dejar que Europa sea víctima de una estrategia depredadora que está destruyendo nuestra industria”.

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La Comisión Europea no espera aprobar medidas escritas de inmediato. Las propuestas concretas podrían demorarse hasta septiembre, cuando von der Leyen pronuncie su discurso sobre el Estado de la Unión. Antes, la presidenta de la Comisión sondeará a los líderes del G7 en la cumbre de Biarritz y, apenas tres días después, pedirá el respaldo de los jefes de Estado y de Gobierno en el Consejo Europeo. Se trata, por tanto, de una semana de alta densidad diplomática que definirá el tono de la relación comercial con China para los próximos años.

Entre Berlín y París: la fractura del eje franco-alemán

Francia, con el presidente Emmanuel Macron a la cabeza, exige medidas de protección frente a lo que considera una invasión comercial que ahoga a sectores estratégicos como el automóvil o la energía verde. En el extremo opuesto, Alemania teme que una línea demasiado agresiva desencadene represalias de Pekín contra sus exportaciones, que siguen siendo vitales para el motor económico europeo.

Esa división, lejos de ser anecdótica, es la que ha retrasado la ofensiva de von der Leyen hasta ahora. “Ella habría querido endurecer la postura mucho antes”, explica Tim Rühlig, analista del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE, en declaraciones recogidas por POLITICO. “Ha tenido que remar contra la corriente porque vio el nexo entre economía y seguridad mucho antes que otros líderes nacionales”.

El consenso sobre la necesidad de actuar apenas camufla una división profunda entre los países que temen perder el mercado chino y los que ya han llegado a la conclusión de que la competencia desleal es insostenible.

El Eje del Poder Europeo

El pulso entre Francia y Alemania no se juega en el vacío. Los países frugales del norte, con Países Bajos a la cabeza, mantienen una posición cercana a la cautela germana, mientras que los Estados del sur, incluida España, se alinean en principio con la línea más dura de París, aunque con matices. En Madrid, el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido tradicionalmente pragmático: defiende la autonomía estratégica pero evita enfadar a Pekín, un actor imprescindible para ciertas inversiones y para el suministro de tierras raras.

Las empresas españolas no son ajenas a este debate. Sectores como el siderúrgico o el de los componentes para renovables llevan años denunciando la competencia desleal de los productos chinos, mientras las compañías de automoción y de bienes de equipo temen las consecuencias de un cierre del mercado asiático. La patronal CEOE ha instado a Bruselas a “equilibrar la defensa de la industria con la preservación de las cadenas de suministro”, un mensaje que resume la incómoda posición de un país que necesita tanto protegerse como exportar.

Desde el punto de vista institucional, la Comisión Europea trabaja con la ventana temporal justa. Tras el Consejo Europeo de junio, el verano dará paso a un otoño cargado de iniciativas legislativas, y cualquier retraso podría hacer descarrilar el paquete comercial antes de que arranque la negociación interinstitucional. En esta redacción observamos que el verdadero termómetro no estará en la reunión de comisarios de este viernes, sino en la declaración final del Consejo Europeo de junio: si los líderes logran un lenguaje común, von der Leyen tendrá vía libre para septiembre; si la fractura persiste, la UE seguirá atrapada en una contradicción estratégica que Pekín sabe explotar.

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El precedente más claro es la crisis del acero de 2018, cuando la imposición de aranceles estadounidenses obligó a una respuesta europea rápida pero descordinada. Aquel episodio demostró que la unidad de los Veintisiete es frágil cuando hay intereses nacionales muy dispares. La diferencia ahora es que China no es Estados Unidos, y la dependencia mutua hace que cada paso en falso pueda costar miles de millones en exportaciones. La próxima cumbre de Biarritz y, sobre todo, el Consejo Europeo de junio decidirán si la UE apuesta por una defensa comercial cohesionada o si, una vez más, las divisiones internas dejan la política industrial en manos de la geopolítica.