Luis de Guindos deja el BCE tras ocho años: de la técnica de Draghi al liderazgo con Lagarde

Luis de Guindos abandona este domingo la vicepresidencia del BCE tras ocho años. Se marcha con un legado de mediación, una evolución del halcón a la paloma y la defensa de la Unión Bancaria, mientras España se queda sin silla en el Comité Ejecutivo pero mira ya hacia una posible

Luis de Guindos abandona este domingo la vicepresidencia del Banco Central Europeo tras ocho años en el cargo. Se marcha con la Eurozona en una encrucijada —la inflación ronda el 2% pero la guerra comercial y los conflictos enquistados en Ucrania y Oriente Medio siembran dudas— y deja un legado de pragmatismo forjado entre dos presidentes de naturaleza opuesta.

Una vicepresidencia a dos velocidades: de Draghi a Lagarde

Los primeros 17 meses de Guindos en Fráncfort transcurrieron bajo la sombra alargada de Mario Draghi. El italiano concentraba toda la narrativa monetaria y relegó al español a funciones internas: supervisión bancaria y estabilidad financiera. Fue un papel técnico y discreto, alejado de los focos. Eso sí, resultó esencial para vigilar los riesgos de una banca europea aún convaleciente de la crisis de deuda.

La llegada de Christine Lagarde en noviembre de 2019 lo cambió todo. Abogada de formación y sin trayectoria de banquera central, Lagarde se apoyó en la experiencia macroeconómica de su número dos. Guindos pasó a liderar la Dirección General de Estabilidad Financiera y Operaciones y se convirtió en la voz económica oficiosa del BCE. De hecho, su labor de mediación fue clave para tejer consensos en un Consejo de Gobierno que durante años había estado partido por la mitad.

Publicidad

‘Los dictámenes de Draghi causaban muchas turbulencias, y eso fue cambiando’, resume el presidente del Consejo General de Economistas, Miguel Ángel Vázquez Taín. ‘Generar confianza es más importante que dar titulares’. La frase, recogida por RTVE, define el modus operandi del ya exvicepresidente.

De halcón a paloma: la evolución pragmática de Guindos

El perfil del madrileño mutó al ritmo de los datos. En 2022, con los precios disparados a doble dígito tras la reapertura pos-COVID y la invasión rusa de Ucrania, Guindos fue uno de los primeros miembros del Comité Ejecutivo en advertir que la inflación no sería transitoria. Defendió subidas agresivas de tipos y se situó claramente en el bando de los halcones.

Con el paso de los trimestres y la convergencia de la inflación hacia la senda del 2%, su posición se fue desplazando hacia el centro del espectro. En sus últimas comparecencias abogaba por ‘tener la cabeza fría’ y mantener los tipos, una postura cercana a la de las palomas que priorizan el crecimiento sin abandonar el control de precios. ‘Hemos pasado de un halcón convencido a un pragmático que lee las circunstancias’, apunta Santiago Carbó, catedrático de CUNEF Universidad.

Esa flexibilidad le permitió acompañar a Lagarde en un mandato que, pese a las turbulencias —shock energético, confinamientos, quiebras en cascada evitadas—, ha preservado la estabilidad financiera de la Eurozona sin grandes sobresaltos sistémicos.

La herencia de Guindos no se mide en decisiones espectaculares, sino en la ausencia de crisis financieras durante el periodo más convulso que recuerda la moneda única.

El Eje del Poder Europeo

La salida de Guindos no es un relevo técnico cualquiera. Con la designación del croata Boris Vujčić, España se queda sin silla en el Comité Ejecutivo del BCE por primera vez desde 2012. Los seis asientos los ocupan ahora Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Croacia. El movimiento reabre una pregunta recurrente en Bruselas: ¿pierde peso el sur en la arquitectura institucional de la Eurozona?

El consenso entre los expertos consultados es que la ausencia temporal es asumible porque el BCE no decide por nacionalidades y porque la agenda inmediata —tipos, flexibilización cuantitativa— depende más del pulso macro que de la bandera del vicepresidente. Sin embargo, en el juego de equilibrios geopolíticos que domina el Consejo de Gobierno, la falta de un español en la cúpula puede restar sensibilidad hacia las economías más endeudadas del sur cuando se discutan medidas como el futuro programa de compras o la reforma del Pacto de Estabilidad.

Publicidad

La lectura estratégica la ofrece Francisco Rodríguez, de Funcas: ‘El verdadero reto para España no es ocupar un puesto concreto, sino aportar perfiles con prestigio técnico y capacidad de liderazgo de forma continuada’. Y ahí entra en juego el nombre que suena con más fuerza: Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España. La presidencia de Lagarde expira el 31 de octubre de 2027; el economista jefe, Philip Lane, se va en mayo de ese mismo año; e Isabel Schnabel lo hará en diciembre. La ventana para que un español alcance el sillón más alto es real, y Francia —según fuentes del sector— vería con buenos ojos un candidato del sur si se mantiene el apoyo a una política monetaria expansiva.

Guindos deja también un legado irrenunciable: la defensa de la Unión Bancaria. En su despedida insistió en que ‘ahora es el momento de hacerlo’, aprovechando la excelente salud del sector financiero europeo y la superación de los viejos temores sobre la solvencia de los bancos del sur. La ausencia de un representante español en el Comité Ejecutivo podría diluir la presión sobre este expediente, pero el terreno está abonado para que la presidencia rotatoria del Consejo de la UE —que España ostentó sin estridencias en 2023— vuelva a poner el foco en la integración financiera.

El futuro inmediato de Luis de Guindos apunta a la academia. Deja la primera línea sin nostalgia política y con una reputación de mediador que suma más que un titular. El BCE ganó con él consenso interno; España, ahora, deberá ganar tiempo hasta que la oportunidad de la presidencia se materialice.