Viajar en el Metro de Madrid por las mañanas puede incluir, además del trajín diario, una prédica inesperada. Eso es lo que quiere atajar Más Madrid con una proposición no de ley (PNL) registrada el 31 de mayo en la Asamblea de Madrid. La iniciativa busca modificar el Reglamento del Ferrocarril Metropolitano para prohibir la predicación religiosa y el proselitismo en trenes, andenes y vestíbulos.
El choque entre proselitismo y cautividad en el vagón
Los diputados de la formación liderada por Manuela Bergerot sostienen que, aunque la libertad religiosa es un derecho fundamental, debe modularse en un entorno cerrado donde los viajeros están en situación de “cautividad temporal”. El argumento es sencillo: nadie puede elegir no escuchar cuando un predicador se sube al mismo vagón. La PNL apela al carácter aconfesional del Estado para reclamar espacios de neutralidad en el transporte público.
La propuesta no distingue entre credos. Afectaría tanto a predicadores evangélicos como a cualquier proselitismo activo, ya sea religioso o ideológico. Más Madrid insiste en que la medida no atenta contra la libertad de expresión, sino que protege el derecho al descanso y a la intimidad de quienes utilizan el suburbano a diario.
Qué cambiaría si la Asamblea aprueba la iniciativa
El texto registrado, al que ha tenido acceso este medio, insta al Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid a actualizar el Decreto 49/1987, de 25 de junio. Este reglamento ya prohíbe actividades que perturben el orden, pero no menciona explícitamente la predicación. La PNL quiere tipificar como infracción específica el proselitismo, la evangelización o cualquier discurso de captación realizado de forma activa en las instalaciones del Metro.
Además, reclama protocolos claros para el personal de seguridad. Según la formación, la falta de concreción actual genera inseguridad jurídica y deja en manos de los vigilantes decisiones que deberían estar tasadas. La iniciativa busca en en el Reglamento una base sólida para intervenir de forma homogénea y proporcionada. También plantea campañas informativas y evaluaciones periódicas del impacto.
La libertad religiosa no puede ser un megáfono en un vagón cerrado a las ocho de la mañana.
El espejismo de una norma que ya se intentó en otras ciudades
No es la primera vez que se plantea una prohibición similar. En Barcelona, el Reglament del transport de viatgers por ferrocarril metropolità prohibe desde 2018 la mendicidad y el proselitismo. Los resultados han sido discretos: la norma es difícil de aplicar porque choca a menudo con el derecho a la libertad de expresión y genera quejas sobre la ambigüedad de términos como “evangelización activa”. Madrid podría enfrentarse al mismo laberinto jurídico.
La PNL de Más Madrid tiene, además, un camino político empinado. El PP gobierna en solitario la Comunidad y cuenta con mayoría en la Asamblea. En anteriores ocasiones, ha rechazado regular conductas en el transporte público que, a su juicio, ya están cubiertas por la normativa vigente. Fuentes parlamentarias consultadas por Merca2.es ven poco probable que la proposición supere el trámite de comisión. Dejémoslo en un “ya veremos”.
Mientras tanto, los viajeros seguirán encontrándose con todo tipo de discursos en sus trayectos subterráneos. El próximo paso será el debate en la comisión correspondiente, aún sin fecha fijada. Lo que está claro es que el Metro de Madrid vuelve a ser escenario de la pugna entre la libertad individual y el espacio compartido.
