Llega junio y el bochorno nos quita las ganas de encender los fogones. Pero la cena sigue ahí, y no siempre apetece un gazpacho. La solución: una frittata al horno que se monta en lo que tardas en poner la mesa. Y no una cualquiera: la que la chef y exjueza de MasterChef Samantha Vallejo-Nágera comparte en su Instagram @samyspain es pura magia veraniega.
La clave, como en casi todas las recetas de éxito, empieza en la compra. Elige calabacines firmes, de piel brillante y sin manchas; cuanto más pequeños, menos semillas y más dulzor concentrado. Luego, el truco que cambia todo: asarlos antes de mezclar con el huevo.
Esta frittata huye del sofrito pesado y del exceso de aceite. Samantha hornea las rodajas de calabacín para que suelten su agua vegetal y se caramelicen ligeramente. Así, la tortilla no queda aguada y el sabor se intensifica. La cebolla caramelizada aporta el contrapunto dulce, y el yogur griego sustituye a la nata con una cremosidad más ligera. En 35 minutos totales —de los cuales apenas 15 son de trabajo activo— tienes una cena saciante que no te deja la cocina hecha un horno.
El secreto del éxito
- Asado previo del calabacín: Hornear las rodajas a 200 ºC durante 20 minutos elimina el exceso de humedad y potencia el dulzor natural. Es el paso que distingue una frittata de una simple tortilla de verduras.
- Cebolla caramelizada en su punto: Cocer la cebolla a fuego muy bajo con un hilo de aceite hasta que esté dorada y casi mermelada (unos 15-20 minutos). No tengas prisa; si se quema, amarga.
- El yogur como aliado cremoso: Una cucharada de yogur natural (griego, sin azúcar) en el batido de huevos aporta untuosidad y frescor, sin necesidad de nata ni leche.
Ingredientes
- 2 calabacines medianos
- 4 huevos camperos
- 2 cebollas grandes
- 1 cucharada de yogur natural (griego, sin azúcar)
- ½ cucharadita de pimentón dulce (opcional, le va muy bien)
- 1 cucharadita de queso parmesano rallado
- 2 lonchas de jamón cocido (opcional) y 4 de mozzarella fresca (opcional, para gratinar)
- Aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta negra recién molida
Precalienta el horno a 200 ºC con calor arriba y abajo (sin ventilador, para que no se reseque). Lava los calabacines, sécalos y córtalos en rodajas finas de unos 3 mm, con piel incluida. Distribúyelas sobre una bandeja con papel sulfurizado, sin amontonar. Salpimienta ligeramente y rocía con un chorrito de aceite de oliva. Hornéalas durante 20 minutos, hasta que estén tiernas y empiecen a dorarse por los bordes. Retira y deja que templen.
Mientras tanto, pela las cebollas y córtalas en juliana fina. Pon una sartén antiadherente a fuego bajo con un fondo de aceite y añade la cebolla. Cocínala removiendo de vez en cuando durante 15-20 minutos, hasta que adquiera un color dorado oscuro y una textura sedosa. Si ves que se seca, añade unas gotas de agua; nunca subas el fuego.
El difuminado de sabores entre el calabacín asado y la cebolla caramelizada es lo que convierte una tortilla de verduras en una cena memorable.
En un bol grande, bate los huevos con el yogur, el pimentón (si lo usas), el parmesano, una pizca de sal y pimienta. Incorpora la cebolla caramelizada (ya templada) y los calabacines asados. Remueve con suavidad para no romper demasiado las rodajas; queremos encontrar trocitos en cada bocado.
Engrasa ligeramente una fuente de horno —la de cerámica de la colección Casa Samantha es preciosa, pero cualquier molde bajo vale— y vierte la mezcla. Si te apetece un extra de indulgencia, reparte las lonchas de mozzarella y el jamón cocido troceado por encima. Hornea a 200 ºC durante 15 minutos, o hasta que la superficie esté cuajada y ligeramente tostada.
Deja reposar la frittata 5 minutos fuera del horno antes de cortarla; así los jugos se asientan y no se desmorona. Puedes tomarla tibia, a temperatura ambiente o incluso fría, que en verano es un acierto.
Variaciones y maridaje
Para beber, un vino blanco joven con acidez refrescante, como un verdejo de Rueda o un albariño, corta la grasa del huevo y realza el dulzor del calabacín. Si prefieres cerveza, una Lager suave también funciona.
¿Sin lácteos? Sustituye el yogur por dos cucharadas de bebida de avena sin azúcar y omite el parmesano y la mozzarella; una pizca de levadura nutricional te dará el toque de queso sin lácteos. La textura será igual de jugosa.
La frittata se conserva en la nevera hasta 3 días, bien tapada. Para recalentar, nada de microondas: ponla en una sartén antiadherente a fuego bajo con una tapa, o 5 minutos en horno precalentado a 160 ºC. Queda como recién hecha.
¿Vas con prisa? Olvida la caramelización lenta: corta la cebolla en plumas finísimas, saltéala 5 minutos a fuego medio-alto hasta que pierda el blanco, y mezcla directamente. Perderás profundidad de sabor, pero ganarás 15 minutos de reloj. También puedes usar calabacín en láminas finas ya asado de una tanda anterior: receta de aprovechamiento express.

