La cúpula de Más Madrid ha respondido este lunes con un aviso interno a cualquiera que plantee una ruptura con el Gobierno de Pedro Sánchez. La portavoz en la Asamblea, Manuela Bergerot, descartó tajantemente forzar elecciones anticipadas y cargó contra el exportavoz Pablo Gómez Perpinyà, que había reclamado públicamente salir del Ejecutivo y devolver la palabra a los ciudadanos. Según fuentes del partido, la línea marcada por Mónica García, candidata a la Comunidad de Madrid y aún ministra de Sanidad, es clara: no habrá adelanto electoral.
La polémica se desató el fin de semana cuando Gómez Perpinyà, que dejó su escaño en la Asamblea el pasado enero, defendió en redes sociales que la izquierda del PSOE necesita “un espacio propio” y que concurrir a unas elecciones, aunque sea magullados, permitiría controlar los tiempos. La réplica de la dirección de Más Madrid no se hizo esperar.
¿Por qué Más Madrid rechaza un adelanto electoral? La amenaza de la ultraderecha
Este lunes, tras la Junta de Portavoces, Bergerot fue preguntada por las declaraciones de quien fuera su compañero de grupo parlamentario. La respuesta fue cortante: “Todo aquel que esté abogando por que se dé un paso atrás del Gobierno de España lo que está haciendo es sembrar el terreno para que haya un Gobierno con la ultraderecha dentro”.
La portavoz, que actúa como voz de Mónica García en la Asamblea, insistió en que el partido va a “seguir empujando desde el Gobierno” para sacar medidas como el copago de medicamentos. La afirmación sonó a advertencia a los sectores críticos del partido, que ven con recelo la permanencia en un Ejecutivo salpicado por casos de corrupción. “Si fuera por la ultraderecha y la derecha, solo gobernarían para los ricos”, añadió.
El PP de Ayuso reaccionó al instante. El portavoz parlamentario, Carlos Díaz-Pache, calificó las declaraciones de “antidemocráticas” y acusó a Más Madrid de carecer de “sentido democrático” al preferir cualquier corrupción antes que un Gobierno del Partido Popular. “Lo único que le importa a Mónica García es su asiento en el Consejo de Ministros”, sentenció.
El disidente y el aviso a navegantes
Gómez Perpinyà no es un recién llegado a la disidencia. Fue mano derecha de Íñigo Errejón en Más País y ya había quedado descolgado del grupo parlamentario controlado ahora por Mónica García. Su análisis es pragmático: cree que el PSOE no va a permitir que el espacio a su izquierda crezca dentro del Gobierno y que es mejor presentarse a las urnas devolviendo “la palabra al pueblo”.
En la formación replican que esa vía sería entregar el poder a la derecha. El argumento repite un patrón: cuanto más ruido mediático por la corrupción, más refuerzan el discurso del miedo a la ultraderecha. Pero la dureza del mensaje contra un antiguo portavoz revela que el partido no tolera debate interno alguno.
La crisis no es nueva. En Madrid, ya se vio cuando Errejón abandonó el acta en 2022 en desacuerdo con la línea oficial. Aquello no provocó una escisión, pero sí mostró las tensiones entre la vieja guardia errejonista y el sector fiel a García. Ahora, con la presión judicial sobre el Gobierno, el partido prefiere aguantar el chaparrón antes que abrir una crisis que podría beneficiar a Isabel Díaz Ayuso en las autonómicas de 2027.
Más Madrid asume el coste de la erosión por los escándalos, pero evita el riesgo mayor de unas elecciones con Feijóo como favorito claro.
Contexto: el control de Mónica García en Madrid
Analizamos esta decisión como la enésima demostración de disciplina en una formación que se juega mucho en la Comunidad. Mónica García, que lanzó su candidatura a la Presidencia regional, necesita estabilidad para capitalizar el desgaste del PP. Un adelanto electoral general la obligaría a dejar el ministerio y a disputar dos campañas (nacional y autonómica) con un partido dañado por la sombra de la corrupción socialista. El cálculo es sencillo: si el Gobierno de Sánchez aguanta, ella mantiene altavoz y presupuesto.
El precedente es claro. En 2019, Más Madrid nació como escisión de Podemos tras el pulso entre Errejón y Pablo Iglesias, y ya entonces se demostró que las rupturas en la izquierda madrileña restan más de lo que suman. Aquel cisma llevó a que el bloque progresista se presentase dividido y perdiese opciones frente a las tres derechas. Cualquier movimiento similar ahora, en vísperas de las autonómicas, sería un suicidio político. Por eso, la consigna es cerrar filas.
Además, la comparación con otras comunidades donde sí hubo ruptura —como la salida de Podemos del Gobierno valenciano en 2023— muestra que esos partidos quedaron relegados a la irrelevancia en las siguientes citas electorales. Más Madrid quiere evitar ese desenlace a toda costa. La disciplina, en en esta ocasión, se vende como responsabilidad.
El aviso a Gómez Perpinyà es extensible a cualquiera que cuestione la hoja de ruta. Queda por ver si el ruido de la calle, alimentado por los escándalos del Gobierno, acaba resquebrajando ese blindaje interno o si, al contrario, el miedo a Feijóo y a Abascal funciona como cemento definitivo. Por ahora, la mayoría de los diputados regionales obedece sin fisuras.
La próxima cita relevante en la que podría medirse la tensión será el Pleno de la Asamblea de la semana que viene, aunque no figura en el orden del día ninguna iniciativa que fuerce a retratarse a los díscolos. Aún así, estaremos atentos.
