El paro baja en España ante las habituales quejas de la CEOE y el liderato de Ayuso en creación de empleo

El avance turístico de mayo impulsa la afiliación a máximos históricos, mientras la patronal denuncia el desajuste estructural que impide a las empresas cubrir vacantes pese al elevado desempleo existente

El mercado laboral español ha vuelto a demostrar una enorme vitalidad cuantitativa durante el pasado mes de mayo. Los datos oficiales reflejan una inercia extraordinaria impulsada por la proximidad del verano, consolidando una tendencia alcista que sitúa la ocupación en cotas jamás vistas en la serie histórica. Sin embargo, detrás de la euforia estadística que celebra el Gobierno y la notable pujanza de regiones como la Comunidad de Madrid, se esconde una brecha estructural preocupante que ensombrece el optimismo del tejido productivo. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) ha alzado la voz para advertir de que el volumen de desempleados sigue siendo incompatible con las acuciantes dificultades que sufren las compañías para cubrir puestos de trabajo y vacantes.

Las cifras hechas públicas este martes certifican que mayo concluyó con una ganancia neta de 231.975 nuevos cotizantes a la Seguridad Social en todo el país. Este vigoroso repunte ha venido acompañado de un descenso del desempleo en 36.323 personas, un comportamiento que, si bien es tradicional en estas fechas debido al inicio de la temporada turística, ha superado las expectativas iniciales. Con este último empujón, el sistema ha alcanzado un censo medio mensual superior a los 22,3 millones de afiliados, marcando un hito sin precedentes en la economía española.

Como suele ocurrir al inicio de la temporada estival, el sector servicios ha liderado de forma indiscutible la creación de empleo. Dentro del Régimen General, las actividades estrechamente vinculadas al turismo han experimentado una aceleración frenética. La hostelería se ha coronado como el auténtico motor de la contratación mensual al sumar más de 65.700 nuevos afiliados a sus plantillas. Este avance generalizado se ha extendido prácticamente por la totalidad de las ramas productivas y ha alcanzado a todas las comunidades y ciudades autónomas, evidenciando que la campaña de contratación es de ámbito nacional.

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Un hombre entra en una oficina de Empleo en España (Fuente: Agencias)

El auge del empleo por cuenta propia y aumento del empleo femenino

El espíritu emprendedor también ha encontrado un escenario propicio durante las últimas semanas. El colectivo de trabajadores autónomos ha registrado un incremento neto de 15.470 altas en el último mes, permitiendo que el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) rompa su propio techo al situarse por encima de los 3,4 millones de inscritos. Estas cifras de récord demuestran que el autoempleo sigue resistiendo con fuerza y se consolida como una alternativa sólida dentro del panorama laboral, aportando flexibilidad y dinamismo a la actividad económica general.

Al analizar la evolución del empleo en una perspectiva más amplia que abarca el último año, emergen comportamientos muy dispares entre sectores. Las actividades profesionales, científicas y técnicas, junto con la construcción, han mostrado un comportamiento excelente, aportando 12.092 y 11.211 nuevos afiliados interanuales respectivamente. En la otra cara de la moneda se sitúa el comercio, que acusa de forma evidente las transformaciones en los hábitos de consumo y ha sufrido un severo retroceso, perdiendo 12.105 afiliados en el mismo periodo, lo que obliga a reflexionar sobre su reestructuración.

Uno de los datos más celebrados de la última estadística es el avance decidido de la inserción laboral de las mujeres, que ha marcado un nuevo máximo histórico en el país. El empleo femenino ya roza los 10,6 millones de trabajadoras afiliadas, una cifra que equivale al 47,45% del total del mercado de trabajo en España. Este hito no solo refleja una mayor participación y dinamismo en la población activa, sino que supone un paso fundamental hacia la reducción de la brecha de género en el entorno corporativo y profesional.

El motor madrileño lidera la ocupación

En el plano autonómico, la Comunidad de Madrid se ha consolidado como el principal bastión de la generación de riqueza y empleo del país. La región madrileña roza ya los cuatro millones de cotizantes, situándose exactamente en 3.920.267 afiliados tras un espectacular crecimiento interanual del +3,4%, lo que supone casi un punto por encima de la media del Estado, fijada en el +2,5%. Madrid ha sido capaz de generar 127.841 puestos de trabajo en el último año, lo que equivale a un ritmo vertiginoso de 350 nuevos empleos diarios, acaparando el 23,1% de toda la ocupación creada en España.

El dinamismo de la capital se percibe con idéntica fuerza en las listas de las oficinas públicas de empleo. El paro en la Comunidad de Madrid se ha reducido un -3,1% durante el último año, lo que significa que 8.767 personas han abandonado las listas del desempleo para dejar el total de parados en la región en 272.542 madrileños. Se trata del registro más bajo para este periodo concreto desde el año 2008, un descenso homogéneo que beneficia tanto a mujeres como a hombres y que se ha dejado notar con especial intensidad en la construcción, seguida de la agricultura, la industria y los servicios.

Contratos de calidad frente a la tendencia estatal y mínimos históricos en cuanto a contratación temporal

El factor diferenciador del modelo madrileño no radica únicamente en el volumen de contrataciones, sino en la calidad de los vínculos laborales establecidos. Mientras que a nivel nacional se ha registrado un leve descenso del -0,4% en la contratación indefinida, la Comunidad de Madrid ha experimentado un repunte espectacular del +13,2% respecto al año anterior, sumando 10.357 contratos estables adicionales. Desde el ejecutivo autonómico atribuyen este éxito a sus políticas de impuestos bajos y a un entorno de seguridad jurídica que funciona como un imán para la inversión.

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A nivel general del Estado, el mercado de trabajo también exhibe una consolidación de la estabilidad contractual. Prácticamente la mitad de los contratos que se firman actualmente poseen carácter indefinido, lo que ha empujado la tasa de temporalidad hasta mínimos históricos, situándola en un exiguo 11,8%. Esta drástica reducción del empleo precario se ha concentrado fundamentalmente en el sector privado y ha beneficiado de manera muy significativa a los extremos de la población activa, es decir, a los trabajadores jóvenes y a los mayores de 55 años.

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Las alarmantes lagunas de las políticas activas y España a la cabeza del desempleo europeo

A pesar de los innegables éxitos cuantitativos, la patronal CEOE ha puesto el dedo en la llaga al denunciar las severas limitaciones que muestran las políticas activas de empleo vigentes. Las empresas españolas se topan a diario con serias dificultades para cubrir puestos vacantes en múltiples sectores, una disfunción alarmante si se tiene en cuenta que los niveles de desempleo en términos absolutos siguen siendo sumamente elevados. Para los empresarios, este desajuste estructural demuestra que la orientación y el diseño de los programas de inserción actuales no consiguen maximizar la eficacia de los fondos públicos invertidos.

La realidad contable es tozuda y el nivel total de desempleo real en el país se mantiene en cotas inaceptables, con más de 2,3 millones de personas registradas, una cifra que se aproxima peligrosamente a los 3 millones de ciudadanos si se añaden aquellos colectivos que quedan excluidos del paro registrado tradicional. Esta coyuntura perpetúa a España con la tasa de desempleo más alta de toda la Unión Europea. Además, la factura económica de este drama social es ingente, con un gasto total en prestaciones por desempleo que en abril ascendió a 2.040,9 millones de euros, arrojando un coste medio mensual por beneficiario de 1.168,30 euros.

El preocupante declive de la microempresa

Otro de los puntos críticos que revela el análisis del tejido productivo es la pérdida de peso de las empresas de menor tamaño. Si bien las grandes corporaciones continúan actuando como el principal motor en la creación de puestos de trabajo, las microempresas siguen reduciendo su participación en el volumen global de empleo, cayendo al 17,7% frente al 21,6% que ostentaban en el año 2019. La sangría es evidente en términos absolutos, ya que el número de empresas de hasta nueve trabajadores se ha reducido en 19.220 unidades si se compara con los datos previos a la pandemia.

Ante este escenario de contrastes, resulta fundamental acometer reformas profundas que corrijan las ineficiencias del sistema. Es imprescindible reforzar los mecanismos de orientación laboral y potenciar la formación continua de los trabajadores para adecuar sus capacidades a los retos de la transición digital, ecológica y demográfica. Del mismo modo, para proteger a las PYMES, resulta vital evitar la introducción de mayores costes, cargas fiscales o rigideces normativas que erosionen su competitividad, garantizando siempre un entorno institucional estable, predecible y fundamentado en la estricta seguridad jurídica.