Previsiones OCDE 2026: guerra en Oriente Medio frena el crecimiento mundial al 2,1% y España sube al 2,2%

La Organización dibuja dos escenarios y advierte del riesgo de recesión en varias economías si el conflicto se prolonga hasta la segunda mitad de 2027. España se consolida como excepción europea al mejorar una décima su previsión, hasta el 2,2%, aunque la OCDE reclama acelerar la

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La OCDE ha publicado este miércoles 3 de junio sus nuevas Perspectivas Económicas. En el peor escenario, la guerra en Oriente Medio reduce el crecimiento mundial al 2,1% en 2026 y al 1,8% en 2027, con riesgo de recesión en varias economías.
  • ¿Quién está detrás? La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que agrupa a los países más industrializados, presenta un informe con dos escenarios: uno menos adverso (crecimiento del 2,8% este año) y otro de perturbación prolongada.
  • ¿Qué impacto tiene? España mejora una décima su previsión, hasta el 2,2% en 2026, y se consolida como excepción europea. La OCDE reclama acelerar la consolidación fiscal y simplificar las cargas burocráticas para impulsar la productividad.

La OCDE ha lanzado este miércoles una advertencia de doble filo: la economía mundial resiste, pero el margen se agota. La guerra en Oriente Medio, que ya supera los tres meses de duración, ha obligado al organismo a desdoblar sus pronósticos en dos escenarios. En el menos pesimista, el crecimiento global alcanzaría el 2,8% en 2026. En el peor, se desplomaría hasta el 2,1% este año y el 1,8% en 2027, con algunas economías entrando directamente en recesión.

El informe de Perspectivas Económicas, presentado este miércoles 3 de junio, recoge una fractura que ya anticipó en abril la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. Ambos organismos coinciden en el diagnóstico: el conflicto en Oriente Próximo es un disparador de riesgo sistémico. Pero la OCDE va más lejos y detalla el mecanismo de transmisión: desempleo al alza, pinchazo de la inversión —incluso en inteligencia artificial, «que consume mucha energía», subraya el texto— y rebrote de las tensiones inflacionistas.

En el escenario más adverso, la inflación media en los países de la OCDE escalaría 0,4 puntos adicionales en 2026, hasta el 4,7%, y otros 1,3 puntos en 2027, hasta el 4,3%. El organismo advierte de que esto forzaría nuevas subidas de tipos de interés y un endurecimiento de las condiciones de financiación. Es decir, el cóctel perfecto para una desaceleración sincronizada.

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El golpe no sería homogéneo. Las economías en desarrollo serían las más castigadas: reservas energéticas limitadas, mayor peso de la energía y los alimentos en la cesta de consumo, redes de protección social débiles y monedas frágiles. La OCDE describe un cuadro de fallo multiorgánico que golpearía con especial dureza a los países que partían con menos colchón fiscal. La eurozona, con un crecimiento previsto de apenas el 0,8% en 2026, se sitúa en la línea de riesgo.

Dentro de la zona euro, las divergencias son notables. Alemania apenas crecería un 0,7% este año —el doble que en 2025, pero una miseria en términos absolutos—, Francia se quedaría en el 0,7% en 2026 y el 0,8% en 2027, e Italia perdería fuelle hasta el 0,5% y el 0,6%, respectivamente. La locomotora europea sigue gripada, y la OCDE ha empeorado en una décima las previsiones de Berlín y París mientras mejoraba ligeramente la de Roma.

El conflicto en Oriente Medio no es solo un problema geopolítico: es ya el principal factor de riesgo económico mundial, y la eurozona es la más expuesta.

Estados Unidos y China navegan en otra corriente. La OCDE mantiene para Washington un crecimiento del 2% en 2026 y del 1,8% en 2027, mientras que para Pekín mejora su pronóstico hasta el 4,5% este año y el 4,3% el próximo. La onda expansiva de la crisis en Oriente Medio apenas araña a las dos grandes potencias, lo que acentúa la brecha transatlántica y consolida a Asia como el motor de reserva global.

España, la excepción que confirma la regla europea

España se desmarca del tono general. La OCDE ha revisado al alza en una décima su previsión para la economía española, hasta el 2,2% en 2026, y mantiene en el 1,7% la de 2027. El organismo atribuye esta resiliencia a la demanda interna, al consumo privado —apoyado en un mercado laboral que aguanta— y al impulso de la inversión respaldada con fondos europeos.

Pero el club de los países ricos no pasa por alto las asignaturas pendientes. La OCDE señala directamente a la necesidad de «garantizar la consolidación fiscal» y acelerar la reducción del déficit para reconstruir reservas ante el envejecimiento de la población. El creciente gasto en pensiones y en cuidados sanitarios y de dependencia aparece como una vulnerabilidad estructural que, en un contexto de tipos altos, puede estrechar el margen presupuestario más rápido de lo previsto.

Además, el informe reclama un entorno empresarial más favorable: menos cargas burocráticas y mejor acceso a la financiación como vía para «impulsar un mayor crecimiento de la productividad». También apunta a la necesidad de simplificar los permisos para renovables, acelerar la inversión en infraestructura de red y apoyar el almacenamiento energético, un área en la que España parte con ventaja competitiva.

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crecimiento mundial

El Eje del Poder Europeo

La fotografía que emerge del informe de la OCDE es la de una eurozona a dos velocidades en la que el eje franco-alemán apenas crece mientras la periferia sur resiste. España, con un 2,2%, duplica el crecimiento de Francia y triplica el de Alemania e Italia. Esta brecha tiene implicaciones políticas inmediatas: en las negociaciones sobre la nueva gobernanza fiscal europea, los países del sur llegan con un argumentario reforzado, mientras Berlín y los frugales del norte insisten en la consolidación.

La lectura estratégica va más allá de los números. Si el escenario adverso se materializa, el BCE se verá atrapado entre la necesidad de contener un rebrote inflacionista —derivado de los precios de las materias primas— y el riesgo de asfixiar a economías como la italiana o la española con nuevas subidas de tipos. Es el clásico dilema del euro: una política monetaria única para realidades económicas cada vez más divergentes.

La OCDE no desglosa por países el impacto del peor escenario, pero admite que algunas economías rozarían la recesión. España, con sus deberes fiscales aún pendientes, necesita que el crecimiento aguante para que el ajuste no sea traumático. Por eso, las advertencias del organismo sobre pensiones y productividad no son genéricas: son la hoja de ruta de lo que Bruselas espera a cambio del colchón que aún proporcionan los fondos Next Generation.

El precedente de 2022 —cuando la invasión rusa de Ucrania disparó la inflación y obligó al BCE a un giro abrupto de tipos— demuestra que los conflictos geopolíticos se transmiten a la economía europea con una rapidez devastadora. La diferencia ahora es que el margen fiscal es menor, la deuda acumulada mayor y la paciencia de los mercados más limitada. La próxima cumbre del Eurogrupo, prevista para este mes, pondrá a prueba la capacidad de los Veintisiete para coordinar una respuesta común sin que cada capital tire por su lado.

Observamos un movimiento que ya se ha repetido otras veces en esta década: cada choque externo amplifica las fracturas internas de la eurozona. La pregunta no es si España puede mantener el 2,2%. Es si Bruselas entenderá que, en un mundo que apenas crece al 2,1%, apretar las tuercas fiscales a los pocos países que tiran puede salir caro.