EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Hungría ha levantado el veto que mantenía bloqueada la apertura del primer bloque de negociaciones de adhesión de Ucrania y Moldavia a la UE.
- ¿Quién está detrás? El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, tras vencer a Viktor Orbán en las urnas y alcanzar un acuerdo sobre los derechos de la minoría húngara en Transcarpatia.
- ¿Qué impacto tiene? Los embajadores de los 27 dieron luz verde unánime la noche del miércoles y la conferencia intergubernamental que inaugura formalmente las negociaciones se celebrará el 15 de junio en Luxemburgo.
Hungría enterró anoche dos años de bloqueo a la adhesión de Ucrania y Moldavia a la Unión Europea, una maniobra que despeja el camino hacia el primer tramo formal de negociaciones, conocido como fundamentos. La decisión, comunicada durante una reunión de embajadores en Bruselas, fue posible gracias al giro político en Budapest y a un acuerdo bilateral sobre los derechos de la minoría magiar en la región ucraniana de Transcarpatia.
El nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, rompió así con la línea de su predecesor, Viktor Orbán, que había impuesto el veto durante la presidencia húngara del Consejo de la UE para presionar a Kiev. Ahora, con el levantamiento, Ucrania y Moldavia podrán sentarse el próximo 15 de junio en Luxemburgo para inaugurar el bloque de los fundamentos, que abarca el Estado de derecho, los derechos humanos y la independencia judicial.
El desbloqueo se produjo tras semanas de contactos discretos entre Budapest, París y Bruselas. Según fuentes diplomáticas, la cumbre entre Magyar y el presidente francés, Emmanuel Macron, fue el detonante. El nuevo líder húngaro grabó un vídeo para sus seguidores en el que aseguró haber alcanzado «un acuerdo integral» con Ucrania para ampliar los derechos lingüísticos, educativos, culturales y políticos de los aproximadamente 100.000 húngaros que viven en Transcarpatia.
Un acuerdo sobre la minoría húngara que despeja el camino

Los compromisos, cuyos detalles no se han hecho públicos, se incorporarán al plan de acción que Ucrania ha enviado a Bruselas. La comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, celebró el anuncio y subrayó que tanto Kiev como Chisináu «ya están cumpliendo con los requisitos del Estado de derecho». A su juicio, «ha llegado el momento de acelerar su camino hacia la adhesión» porque es «la mejor manera de garantizar el respeto de los derechos de las minorías».
Magyar, sin embargo, mantiene sus reservas. Dejó claro que se opone a una adhesión acelerada y advirtió de que, si Ucrania consigue cerrar los 33 capítulos de negociación en un plazo de diez o quince años, Hungría celebrará un «referéndum jurídicamente vinculante» sobre el ingreso del país. Una promesa que mantiene viva la antigua línea de Orbán y que, según fuentes comunitarias, servirá para medir el pulso interno dentro de su propio partido, Tisza.
Pese a ello, en Bruselas la confianza es alta. El Consejo de la UE enviará en los próximos días una carta a ambas capitales para que respondan con sus posiciones negociadoras. Aunque Hungría podría, en teoría, volver a imponer el veto, los diplomáticos consultados creen que la conferencia intergubernamental se desarrollará sin contratiempos.
La apertura de negociaciones con Ucrania representa un giro geopolítico que Budapest ha decidido desbloquear, pero el referéndum prometido por Magyar mantiene en vilo a las capitales europeas.
El Eje del Poder Europeo
La decisión húngara altera la geometría de la ampliación y reaviva las tensiones entre los bloques internos de la UE. El eje franco-alemán, impulsor del acercamiento a Kiev desde el inicio de la invasión rusa, ve con buenos ojos el paso dado por Budapest, pero París y Berlín discrepan sobre la velocidad. Francia insiste en que las reformas internas de la Unión deben preceder a cualquier adhesión masiva; Alemania, más pragmática, quiere que Ucrania cuente con un horizonte creíble mientras dure la guerra.
Para el sur de Europa, y en especial para España, la incorporación de Ucrania y Moldavia forma parte de un paquete estratégico que incluye a los Balcanes Occidentales. Moncloa ha defendido históricamente que la ampliación no puede limitarse al este, y que los avances hacia Kiev deben ir acompañados de movimientos concretos hacia Sarajevo, Skopie o Tirana. El Gobierno de Pedro Sánchez, en sintonía con la línea de Bruselas, considera que la adhesión es la única «garantía de seguridad» sostenible para el futuro del continente.
Los países frugales del norte, con Países Bajos a la cabeza, aplauden la cautela de Magyar respecto a la adhesión acelerada. Temen que un ingreso prematuro de un país que aún tiene zonas ocupadas por Rusia y serios problemas de corrupción ponga en peligro la integridad del mercado único y la regla de gasto. En el Este, Polonia y los bálticos empujan en dirección contraria: ven la ampliación como un escudo frente al Kremlin y presionan para que la fase de fundamentos se cierre en el menor tiempo posible.
Lo que observamos es un nuevo equilibrio: Budapest ha pasado de ser el gran obstáculo a un actor que, sin abandonar sus exigencias, permite que la UE avance. El 15 de junio marcará un hito, pero la verdadera prueba será la capacidad de Ucrania y Moldavia para absorber el acervo comunitario mientras mantienen a raya a las fuerzas que, dentro de la Unión, exigen un control férreo del proceso. España juega aquí un papel de mediador atípico: defiende la ampliación completa y, al mismo tiempo, necesita que Bruselas mantenga el rigor en la condicionalidad para preservar la cohesión del sur.
