EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rheinmetall vende su división de automoción Power Systems al fondo muniqués Aequita por 350 millones de euros. La operación arrastra un cargo adicional por deterioro de 200 millones.
- ¿Quién está detrás? El gigante alemán de defensa Rheinmetall, volcado en el negocio militar desde el inicio de la guerra en Ucrania, y Aequita, fondo especializado en reestructuraciones industriales.
- ¿Qué impacto tiene? La venta convierte a Rheinmetall en un contratista puro de defensa justo cuando el gasto militar europeo marca récords. La planta vizcaína de Pierburg en Abadiano queda excluida del acuerdo, lo que abre interrogantes sobre su futuro dentro del grupo.
Rheinmetall ha cerrado la venta de su división de automoción Power Systems al fondo muniqués Aequita por 350 millones de euros, según el comunicado difundido este miércoles. La operación acelera la transformación del grupo alemán en un actor puro en defensa y supone la salida definitiva del sector del motor, en pleno auge del gasto militar europeo.
Una factura de 550 millones por desprenderse del motor de combustión
La transacción, que se espera cierre en el cuarto trimestre de 2026 con un precio provisional de 350 millones de euros, no sale gratis. Rheinmetall había clasificado la unidad como operación discontinuada en diciembre de 2025, momento en que contabilizó una pérdida no monetaria de aproximadamente 350 millones de euros. Ahora la firma asume un deterioro adicional de 200 millones, vinculado al empeoramiento del mercado automotriz durante la negociación.
El comprador, Aequita, retendrá a los cerca de 6.250 empleados de la división en todo el mundo y prevé integrarla en su cartera de automoción, que tras la adquisición facturará unos 5.000 millones de euros. «Es una incorporación excelente para nuestro negocio automotriz», señaló Axel Geuer, presidente y codirector ejecutivo de Aequita. En paralelo, el fondo buscará sinergias con otras empresas de su portafolio.
Rheinmetall ha pagado un peaje de 550 millones por librarse de la automoción: los 350 del deterioro contable de diciembre más los 200 adicionales de este cierre.
El ‘dividendo de la guerra’ y la fiebre inversora en defensa
Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, Rheinmetall ha visto cómo sus pedidos de munición, vehículos blindados y sistemas antiaéreos se disparaban. La facturación del grupo ha crecido a doble dígito y su cartera de contratos roza máximos históricos. En este contexto, la venta de la división automotriz no es un simple ajuste de balances: es una apuesta estratégica por concentrar capital y gestión en el negocio militar.
El movimiento recuerda la oleada de desinversiones de los años 2000, cuando firmas como BAE Systems o Thales se desprendieron de sus unidades civiles para convertirse en contratistas puros. La diferencia ahora es la urgencia: la OTAN empuja a sus miembros hacia el 2% del PIB en defensa y países como Alemania han activado fondos extraordinarios de 100.000 millones de euros. Rheinmetall quiere estar en primera línea de esa ola.
Del acuerdo quedan fuera, sin embargo, tres emplazamientos alemanes de la especialista en fundición de aluminio KS Huayu AluTech, la participación en la ‘joint venture’ de sensores Dermalog SensorTec y, algo relevante para España, la planta de Pierburg en Abadiano (Vizcaya). Este último punto añade una capa de interés industrial para nuestro país.

Equilibrio de Poder
La reestructuración de Rheinmetall es un termómetro del rearme europeo y de sus consecuencias industriales. En el eje Washington-Bruselas-Moscú, la decisión envía una señal inequívoca: la industria de defensa del Viejo Continente se está reconfigurando para un escenario de alta intensidad prolongada, dejando atrás la cómoda dualidad civil-militar de las décadas anteriores. El Pentágono observa con interés la consolidación de campeones europeos capaces de producir a escala, mientras el Kremlin toma nota de la rapidez con la que empresas como Rheinmetall pueden pivotar hacia la producción de armamento.
Para España, la exclusión de la planta vizcaína de Pierburg del perímetro de venta plantea varias lecturas. Es uno de los pocos activos industriales de la automoción que Rheinmetall retiene, lo que podría indicar un plan de reorientación hacia componentes para vehículos militares (por ejemplo, la familia de blindados ‘Pizarro’ o el futuro VCR 8×8 ‘Dragón’, donde la empresa ya participa). También es plausible que Moncloa y el Ministerio de Defensa hayan seguido de cerca la operación para preservar capacidades en el tejido industrial nacional, en línea con la política de autonomía estratégica de la que tanto se habla en los consejos europeos. No hay que olvidar que la fábrica de Abadiano, con una plantilla significativa, se encuentra en una zona castigada por la desindustrialización.
La lectura a 5-10 años es clara: asistimos a un efecto dominó en el que los antiguos conglomerados mixtos se convierten en empresas de defensa puras, lo que a su vez concentrará el mercado en menos actores y elevará las barreras de entrada. El riesgo es que esta especialización resulte excesiva si, por algún giro geopolítico, el gasto militar europeo se estanca. De momento, el calendario marca el cierre de la venta en el cuarto trimestre de 2026 y, poco después, la presentación del próximo plan estratégico de Rheinmetall, donde se espera que detalle cómo redirigirá los recursos liberados hacia sistemas de artillería de largo alcance, defensa antiaérea y munición de precisión. Seguiremos de cerca el destino de la planta vizcaína.

