Putin defiende el orden multipolar y el liderazgo de los BRICS en el Foro de San Petersburgo

Putin cifra en el 40% la cuota del PIB global que ya controlan los BRICS y describe un mundo donde el G7 es historia. España y la UE, entre la dependencia energética y la necesidad de un nuevo mapa de alianzas.

Vladímir Putin ha defendido hoy en la sesión plenaria del Foro de San Petersburgo un orden mundial multipolar, apoyado en el pujante crecimiento de los BRICS frente a la erosión del G7. Con datos del FMI y del Banco Mundial, el presidente ruso ha presentado un bloque que ya genera el 40 % del PIB global en paridad de poder adquisitivo y que, a su juicio, marca el rumbo de la economía mundial.

La nueva realidad económica: BRICS por encima del G7

Según la intervención del mandatario ruso, a la que ha tenido acceso Moncloa.com, desde 2020 los BRICS superan al Grupo de los Siete en PIB medido por poder de compra y la brecha no ha dejado de ampliarse. El año pasado, el bloque de economías emergentes representó cerca del 40 % del producto mundial, frente a un 29 % para el G7. La diferencia, que ya supera los diez puntos porcentuales, se explica por ritmos de crecimiento muy dispares.

Mientras las proyecciones a finales de esta década sitúan la expansión anual del G7 en un raquítico 1,5 %, los BRICS avanzarían a una media superior al 4 %. En los últimos cinco años, los países del grupo han aportado casi la mitad del crecimiento anual del planeta, 49 % frente a apenas el 18 % del club occidental. “Esto no es un invento nuestro”, subrayó Putin, “son datos de instituciones internacionales que se ven obligadas a reconocer la realidad”.

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El peso comercial de los BRICS también ha escalado: en el último cuarto de siglo su participación en las exportaciones mundiales se ha duplicado hasta rozar el 25 %. El comercio intra-BRICS supera ya el billón de dólares anuales, y las cadenas logísticas se están reconfigurando lejos de los centros financieros tradicionales. “El centro de gravedad del comercio y las finanzas seguirá desplazándose”, vaticinó el presidente ruso.

Corredores comerciales y la desdolarización silenciosa

BRICS vs G7

En el nuevo entramado que dibuja el Kremlin, las sanciones occidentales no son un obstáculo sino un acelerador. “Los países están creando sus propias soluciones tecnológicas, sus propias rutas de suministro y sus propias instituciones”, explicó. Las mercancías ya no necesitan pasar, en en la misma línea, por hubs de Londres, Nueva York o Bruselas: corredores como el Norte-Sur, la Ruta Transártica o los enlaces del Caspio y Asia Central están tejiendo una urdimbre comercial paralela.

Los llamados “países conectores” –estados que enlazan mercados, tecnologías y culturas empresariales– desempeñan un rol estratégico en este rediseño. Putin citó a la India, Uzbekistán o Tanzania como ejemplos de una nueva arquitectura donde nadie impone condiciones desde fuera. El mensaje es claro. Occidente ha perdido el monopolio de la infraestructura financiera global.

El 40 % del PIB mundial ya no responde a Washington ni a Bruselas. El resto del planeta está construyendo su propio carril.

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica de esta fotografía va mucho más allá de estadísticas macro. El discurso de Putin en San Petersburgo coloca a la administración Trump ante un espejo incómodo: si el veterano G7 apenas sumará un 1,5 % de crecimiento, la Casa Blanca tendrá que decidir si sigue primando la disciplina transatlántica o acepta un tablero con más actores y menos sumisión. Bruselas, mientras tanto, asiste al desgaste de su propia influencia económica justo cuando necesita recursos para financiar el rearme y la descarbonización.

Para España, la reconfiguración del orden comercial es un riesgo y una oportunidad. Dependemos del gas argelino, del tránsito marroquí y de las inversiones en infraestructuras del Golfo; pero también seguimos anclados al paraguas de seguridad de la OTAN y a las reglas financieras de la City y Wall Street. El Gobierno Sánchez tendrá que calcular si un acercamiento pragmático a los mecanismos de pago alternativos que impulsan los BRICS puede ser compatible con la disciplina comunitaria. La frontera sur, con Marruecos y el Sahel como actores cada vez más soberanos, añade una capa de complejidad que Moncloa no puede ignorar.

A una década vista, la tendencia es irreversible. Los BRICS ampliados –con la incorporación de Arabia Saudí, Emiratos, Irán o Egipto– controlarán una cuota aún mayor de la energía y del comercio marítimo. La UE tendrá que elegir entre una defensa numantina del orden liberal o un encaje realista en la multipolaridad. Lo que hoy se presenta como retórica de foro económico será, probablemente, la arquitectura que sostenga la próxima cumbre de la OTAN.

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