Felipe VI despide al Papa en Tenerife: una experta en protocolo analiza el gesto institucional

La decisión de que el Rey acuda sin la Reina ni autoridades civiles responde a un mensaje de representación unipersonal del Estado. El último adiós al pontífice concentra una carga simbólica de máximo rango institucional.

Felipe VI despide hoy al Papa León XIV en el aeropuerto de Tenerife sin compañía de la Reina ni de autoridades civiles, en un gesto que la experta en protocolo María José Gómez Verdú define como «una lectura protocolaria y simbólica muy clara: cerrar institucionalmente la visita desde la jefatura del Estado». El monarca asume en solitario la máxima representación del país ante el pontífice, justo en el acto de mayor carga diplomática de toda la gira.

La decisión no estaba prevista inicialmente. La reina Sofía iba a ser la encargada de la despedida, pero Zarzuela y la Casa Real rectificaron sobre la marcha para que fuera el Rey quien pusiera el punto final a una semana intensa de encuentros entre el jefe del Estado español y el de la Santa Sede.

Para Gómez Verdú, autora del libro ‘Protocolo POP’, el movimiento subraya la función constitucional del monarca. «En las salidas oficiales de grandes visitas de Estado o pontificias, muchas veces se simplifica la representación para devolver el foco exclusivamente a la relación entre jefes de Estado», explica.

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La experta añade que la imagen de Felipe VI solo ante el Papa «proyecta autoridad institucional, autonomía representativa y continuidad del papel constitucional de la Corona más allá de la dimensión familiar». Un mensaje de Estado que contrasta con la bienvenida en Madrid, donde la Reina Letizia y sus hijas Leonor y Sofía sí estuvieron presentes.

Bienvenida familiar, despedida de Estado

La llegada del Papa a Madrid, el pasado fin de semana, tuvo un tono distinto. Felipe VI y la Reina Letizia recibieron juntos al pontífice; minutos después se sumaron la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Una puesta en escena que, según la analista, «ayuda a proyectar cercanía, continuidad y dimensión humana de la Corona».

En cambio, la despedida adquiere un carácter mucho más institucional. «El último gesto oficial del Estado anfitrión hacia el pontífice concentra una enorme carga simbólica. Que Felipe VI acuda solo refuerza precisamente esa idea de representación unipersonal de la Corona frente a la Santa Sede», remacha Gómez Verdú.

En esa maniobra protocolaria no se busca una imagen familiar, sino una imagen de Estado.

El Rey como anfitrión constitucional y moderador

Durante toda la visita, Felipe VI ha ejercido de anfitrión constitucional y de moderador visual de una agenda que ha equilibrado los planos religioso, diplomático e institucional. «Gran parte del equilibrio ha consistido en evitar que el componente religioso eclipsara el institucional o viceversa», apunta la experta.

La sobriedad del monarca ha sido la nota dominante. Gestos contenidos, lenguaje corporal orientado a la escucha y una contención ceremonial que encaja con el protocolo contemporáneo de las casas reales europeas.

La arquitectura simbólica de la visita: quién decide cada aparición

Gómez Verdú desvela la coordinación entre Zarzuela, el Vaticano, Moncloa y Exteriores para decidir la presencia de cada miembro de la Familia Real. «La Casa Real no decide la agenda del pontífice en sentido estricto, pero sí participa en la arquitectura simbólica de la visita», explica.

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La aparición de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía en momentos muy seleccionados responde a una «pedagogía institucional y de preparación progresiva de la heredera sin sobreexponerlas». Mientras, Letizia ha asumido un papel de equilibrio y continuidad ceremonial.

La visita papal ha servido, en suma, para mostrar cómo la monarquía española utiliza el protocolo como herramienta de comunicación institucional. Y en ese diseño, Felipe VI ha sido el principal garante de la representación del Estado ante el Papa.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: La despedida cierra la visita papal de una semana a España, con el Rey como único representante del Estado en el último saludo al pontífice.
  • El detalle de protocolo: El monarca acude sin la Reina ni las Infantas para reforzar la imagen unipersonal de la jefatura del Estado, reservando la dimensión familiar para la bienvenida.
  • Próximos pasos: La agenda oficial de la Casa del Rey no ha confirmado el siguiente acto del monarca tras la despedida papal.