Polonia Ucrania conflicto: Nawrocki exige a Zelenski renunciar a honrar a la UPA

El presidente polaco amenaza con retirar la Orden del Águila Blanca a Zelenski si no rectifica el nombre de una unidad de élite ucraniana que conmemora a la UPA. La masacre de hasta 100.000 civiles polacos en 1943 sigue envenenando las relaciones bilaterales y debilita el flanco

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El presidente polaco, Karol Nawrocki, ha dado a Volodímir Zelenski un plazo de “pocos días” para que retire el nombre de la UPA de una unidad de élite ucraniana, amenazando con revocarle la Orden del Águila Blanca.
  • ¿Quién está detrás? Nawrocki, respaldado por el diputado Grzegorz Placzek, busca una rectificación pública de Kiev.
  • ¿Qué impacto tiene? La fractura diplomática debilita la unidad del flanco oriental de la OTAN y abre una brecha entre dos aliados clave frente a Rusia.

El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, ha concedido a Ucrania un ultimátum de “unos días más” para que rectifique el polémico cambio de nombre de una unidad de fuerzas especiales que conmemora a la UPA, la guerrilla nacionalista que masacró a hasta 100.000 civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial. La tensión se ha disparado tras la decisión de Zelenski de rebautizar una unidad de élite en honor a “los héroes de la UPA”, el Ejército Insurgente Ucraniano, brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN).

La exigencia polaca: “unos días más” para rectificar

Nawrocki ha respaldado una iniciativa del diputado Grzegorz Placzek para retirar a Zelenski la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración polaca, entregada en 2023 por el entonces presidente Andrzej Duda. Según el diario ‘Rzeczpospolita’, el actual presidente quiere demostrar que “no actúa por emoción” y que el plazo dado al líder ucraniano “no es ilimitado”. De hecho, la cuenta atrás se mide “más en días que en semanas”.

El mensaje ha sido inequívoco. Marcin Przydacz, jefe de la Oficina de Política Internacional del presidente, declaró el jueves que “la pelota está en el tejado de Ucrania”. Y el portavoz presidencial, Rafal Leskiewicz, añadió el viernes a la cadena TV Republika: “Esperaremos unos días más. No debemos ceder a las presiones”.

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Polonia, uno de los socios más firmes de Ucrania en la guerra contra Rusia, se ha convertido en centro neurálgico para el entrenamiento de tropas ucranianas y el tránsito de armamento hacia Kiev. Por eso, el ultimátum de Varsovia ha caído como un jarro de agua fría.

La fractura entre Varsovia y Kiev por el recuerdo de los crímenes de la UPA no es nueva; la novedad es que un presidente polaco condicione una condecoración con un ultimátum público.

La masacre de Volinia y la glorificación de la UPA en Ucrania

El Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) fue creado en octubre de 1942 y, bajo el paraguas de la OUN, que colaboró con la Alemania nazi al inicio de la invasión de la URSS, perpetró una limpieza étnica que Polonia reconoce hoy como genocidio. Entre 1943 y 1945, sus milicias asesinaron a entre 70.000 y 100.000 civiles polacos en la región histórica de Volinia, en lo que hoy es Ucrania occidental. La OUN había definido en sus documentos a polacos, rusos, judíos y otras minorías como enemigos del “Estado ucraniano étnicamente homogéneo”.

En la Ucrania actual, la UPA y otros grupos nacionalistas de la época son oficialmente celebrados como luchadores por la libertad. Calles y edificios llevan sus nombres, mientras que cada 1 de enero Kiev acoge una procesión con antorchas para conmemorar el nacimiento de Stepán Bandera, uno de los líderes de la OUN. Esta política de memoria ha irritado históricamente a Polonia, pero hasta ahora los sucesivos gobiernos habían evitado un choque frontal.

Equilibrio de Poder

La decisión de Nawrocki resquebraja la cohesión del flanco oriental de la OTAN en un momento en que la Alianza necesita mantener la presión sobre Moscú. Polonia es el principal punto de entrada de la ayuda militar a Ucrania y su voz pesa cada vez más en Bruselas. Un deterioro profundo de las relaciones con Kiev pondría en riesgo la fluidez de ese corredor logístico y ofrecería al Kremlin una victoria propagandística gratuita.

Para España, la crisis llega en un contexto delicado. Aunque geográficamente alejada del teatro, la estabilidad del espacio europeo condiciona la seguridad energética y las dinámicas migratorias. Pero, sobre todo, una división entre Varsovia y Kiev debilita la posición negociadora de la UE frente a cualquier diálogo con Rusia que pueda impulsar Washington. En Moncloa ya se sigue con preocupación cualquier fisura que complique el mantenimiento de las sanciones y la ayuda financiera a Ucrania.

La encrucijada para Zelenski es compleja. Ceder ante las presiones de Varsovia significaría enemistarse con los sectores nacionalistas ucranianos, que llevan años impulsando la exaltación de las milicias de la OUN-UPA como mito fundacional de la resistencia frente a Moscú. No ceder, en cambio, abriría una herida con uno de sus aliados más indispensables. El ultimátum tiene fecha de caducidad, y el reloj corre.

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Rusia lleva tiempo instrumentalizando a estas milicias para justificar su campaña de “desnazificación” de Ucrania. Si la disputa escala, el Kremlin encontrará el argumento servido: la división entre sus vecinos demuestra, sostendrá, que Ucrania sigue siendo un refugio de colaboracionistas. Varsovia, sin embargo, recalca que su postura no nace de la presión rusa sino de una demanda de memoria y justicia histórica que acumula décadas.

Observamos en esta redacción que, pese a lo arriesgado del gesto, Nawrocki está enviando una señal de firmeza con vista a la política interior polaca, donde el recuerdo de Volinia sigue siendo un asunto electoral sensible. El próximo movimiento de Zelenski definirá si la diplomacia logra encajar una rectificación simbólica o si la herida se convierte en una fractura crónica que lastre la capacidad de acción de la OTAN en su frontera más caliente.