Nvidia anuncia la expansión de su producción en EE.UU. para liderar la carrera de la inteligencia artificial

La modernización de la planta de Coherent en Texas, respaldada por el presidente, recortará a la mitad el consumo energético y creará mil empleos, mientras la pugna con China por el liderazgo en inteligencia artificial se calienta.

Nvidia ha anunciado este martes la modernización integral de una fábrica de chips en Texas, un movimiento con el que la compañía refuerza su apuesta por la producción en suelo estadounidense en plena ebullición de la inteligencia artificial. La decisión llega apadrinada por el propio presidente Trump, que ha utilizado el anuncio para subrayar el liderazgo tecnológico del país frente a China.

Texas entra en la ecuación: eficiencia energética y mil nuevos empleos

La planta, propiedad de la empresa fotónica Coherent, será la punta de lanza de la nueva estrategia de fabricación de Nvidia. La mejora promete recortar el consumo energético a la mitad, un salto de eficiencia que reduce costes operativos y, al mismo tiempo, envía un mensaje al ecosistema global: la eficiencia energética se ha convertido en el nuevo campo de batalla de la industria de los semiconductores.

Según las estimaciones de Coherent, la modernización de la fábrica generará aproximadamente un millar de puestos de trabajo. El dato no es baladí en un estado donde el gobernador republicano Greg Abbott viene cortejando a las tecnológicas con incentivos fiscales desde hace años.

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El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, lo ha resumido con una frase que resuena en los pasillos de Washington: “Las fábricas de IA son la infraestructura de la nueva revolución industrial”. En Silicon Valley se habla ya de ‘fábricas de tokens’ como el próximo motor económico, y Nvidia quiere asegurarse de que el combustible —los chips avanzados— se produzca bajo bandera estadounidense.

El padrino Trump: política industrial con mensaje geopolítico

La presencia de Trump en el anuncio no fue testimonial. “Estamos orgullosos de teneros en nuestro país”, le dijo a Huang, en un acto que mezcló a partes iguales nacionalismo económico y pragmatismo industrial. No es la primera vez que la Casa Blanca utiliza a una gran tecnológica para escenificar la vuelta de la manufactura avanzada a casa. La lógica del ‘reshoring’ —la repatriación de fábricas— ha sido una de las constantes de la era Trump desde 2017.

Los números que maneja la Reserva Federal de San Luis dan munición a ese discurso: los sectores vinculados a la inteligencia artificial explicaron el 37% del crecimiento del PIB estadounidense en los tres primeros trimestres de 2025. Es decir, una de cada tres décimas de expansión económica provino del ecosistema de la IA. Y en la partida geopolítica, China no se queda quieta: el gigante asiático prevé invertir 295.000 millones de dólares en centros de datos durante los próximos cinco años.

La carrera por la inteligencia artificial no se libra solo en los laboratorios de Silicon Valley: se decide en las fábricas que producen los chips que la hacen posible.

“Quien lidere la industria de la IA va a liderar el mundo en buena medida”, zanjó Trump, insistiendo en que la ventaja sobre China es aún considerable. La frase no es retórica barata: resume la doctrina que está marcando la política industrial de la administración, donde la autonomía de suministro de semiconductores ocupa el centro del tablero.

La Lógica de Washington

Detrás del anuncio de Nvidia hay una lectura que a menudo se escapa a la prensa europea: la reindustrialización tecnológica no es un capricho electoral, es una cuestión de seguridad nacional. La Section 232 (la ley de comercio de 1962 que permite imponer aranceles por razones de seguridad nacional) y la CHIPS Act bipartidista de 2022 —dotada con 52.000 millones de dólares— demuestran que el consenso en Washington va más allá del ruido partidista. El objetivo es que la próxima generación de fábricas de vanguardia no dependa de Taiwán ni de Corea del Sur, sino que tenga raíces en Texas, Ohio o Arizona.

Para España y la Unión Europea, la aceleración del ‘reshoring’ plantea un dilema incómodo. Europa ha movilizado más de 43.000 millones de euros con su propia Ley de Chips, pero los resultados tardan en llegar. Empresas españolas como Indra o los centros de supercomputación de Barcelona dependen en última instancia de suministros de semiconductores que, cada vez más, se diseñan y producen al otro lado del Atlántico. La modernización de la fábrica de Coherent consolida a Estados Unidos como el nodo principal de la cadena de suministro de chips para IA, algo que podría encarecer la dependencia tecnológica europea si no se acelera la inversión propia.

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El movimiento de Nvidia tiene, además, una dimensión financiera apenas comentada: el ahorro energético del 50% no solo reduce costes operativos, sino que convierte a la planta texana en un modelo exportable para futuras ampliaciones. Con la demanda mundial de centros de datos disparada, quien fabrique chips consumiendo la mitad de electricidad tendrá una ventaja competitiva inmensa. Y en Washington se sabe que esa ventaja se construye fábrica a fábrica, no con comunicados.

Ficha del Caso

  • El caso: Nvidia anuncia la modernización de una planta de chips en Texas, propiedad de Coherent, con el respaldo explícito del presidente Trump. El movimiento se enmarca en la estrategia de ‘reshoring’ tecnológico y en la pugna por el liderazgo mundial en inteligencia artificial.
  • Datos clave: Recorte del consumo energético del 50%, creación de 1.000 empleos, el 37% del crecimiento del PIB de 2025 vinculado a sectores de IA, inversión china de 295.000 millones en centros de datos a cinco años.
  • Para España: La consolidación de la producción estadounidense de chips de IA puede acentuar la dependencia europea del suministro exterior. La UE necesita acelerar sus propios proyectos para no quedar como mero consumidor en una cadena de valor donde Estados Unidos y China marcan el ritmo.