Hungría apaga su única central nuclear Paks por la sequía del Danubio: primer cierre total en 44 años

El Danubio ha caído 138 cm por debajo de su nivel normal y fuerza el primer apagón total de la planta en 44 años. Hungría activa medidas de ahorro e importaciones nocturnas mientras el debate sobre la resiliencia nuclear llega a Bruselas y a los reactores españoles.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Hungría desconectará el único reactor operativo de su central nuclear Paks en las próximas 48 horas por falta de caudal en el Danubio, que la refrigera. Es el primer apagón total en 44 años.
  • ¿Quién está detrás? La decisión la ha anunciado el primer ministro, Péter Magyar, ante una sequía histórica que ha reducido el nivel del río 138 cm por debajo de lo normal.
  • ¿Qué impacto tiene? Paks suministra la mitad de la electricidad de Hungría. El cierre forzoso obliga al país a importar energía de noche y a aplicar restricciones de consumo y tráfico ferroviario.

Hungría afronta en las próximas horas un apagón nuclear sin precedentes. El último reactor aún activo de su central de Paks dejará de funcionar por completo a causa de la sequía histórica del Danubio, cuyo caudal ha caído a un mínimo nunca registrado. El agua del río, indispensable para refrigerar los cuatro reactores originales de la planta —construidos con tecnología soviética—, ya no alcanza para mantener en seguro el único que seguía produciendo electricidad, y el Gobierno de Péter Magyar ha anunciado su desconexión total en un plazo de 48 horas. Paks produce la mitad de la electricidad que consume Hungría: su parada supone un desafío energético de primer orden en plena ola de calor y en un contexto de creciente tensión comunitaria sobre la seguridad de suministro.

Un río en mínimos: la física que fuerza el apagón

La decisión no es política ni regulatoria, sino física. El Danubio ha alcanzado un nivel 138 centímetros inferior al normal en la zona de la central, un dato que convierte en inviable la refrigeración de los reactores. Magyar detalló que desde el domingo la planta funcionaba solo con una de las dos turbinas del último reactor disponible, generando apenas 240 megavatios frente a la potencia nominal de 2.000 megavatios. “Es difícil predecir la altura del Danubio”, reconoció el primer ministro, y añadió que no ve posible que el caudal aumente a tiempo para mantenerlo activo.

La seguridad nuclear, subrayó Magyar, no está comprometida: cuando mejore la situación hídrica la planta podrá reactivarse en pocos días. Sin embargo, la interrupción llega con Hungría soportando temperaturas de hasta 40 grados y una previsión de 42 grados para el jueves, un dato que desborda cualquier discusión sobre la normalidad y que convierte la sequía en un episodio extremo con consecuencias concretas sobre infraestructuras críticas.

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Cómo se las arregla un país sin su nuclear: sol, ahorro y trenes parados

Hungría ha desplegado un paquete de medidas de emergencia para capear el golpe. Los parques solares, que en verano vuelcan a la red una producción récord entre las 11:00 y las 16:00 horas, permiten incluso exportar electricidad durante el día. Pero al caer la tarde el país se ve obligado a importar energía, y por eso el Gobierno ha agradecido que la población haya reducido el consumo: solo el domingo se ahorraron 700 megavatios. Además, el Ministerio de Transporte ha prohibido a partir de hoy el tráfico ferroviario de mercancías entre las 17:00 y las 22:00 horas, horario de máxima tensión de la red.

En varias ciudades, entre ellas Budapest, los ayuntamientos han dejado de iluminar monumentos y edificios públicos para ahorrar energía. Y en Debrecen se ha prohibido el uso de agua potable en obras, túneles de lavado o riego de parques. Las medidas, según Magyar, buscan preservar la actividad económica y evitar que la factura recaiga sobre la población, pero tensan un sistema que en apenas unas horas ha perdido la mitad de su generación firme.

Paks suministra la mitad de la electricidad de Hungría. Su parada forzosa no es una anécdota técnica: es la prueba de que el cambio climático ya condiciona el mix energético europeo.

sequía Danubio

El Eje del Poder Europeo

El apagón de Paks trasciende la frontera húngara y lleva la discusión de vuelta a la mesa de los Veintisiete. Hungría es el único país de la UE que, al mismo tiempo que depende de una nuclear de diseño soviético, ha defendido en Bruselas la inclusión de la nuclear en la taxonomía verde junto a Francia y los países del Este, frente a la oposición encabezada por Alemania, Austria y Luxemburgo. Pero el cierre de Paks por sequía desconcierta a todos los ejes: evidencia que una fuente considerada firme y descarbonizada también es vulnerable al clima extremo, justamente cuando la Comisión Europea impulsa el desarrollo de nuevas centrales como pieza del Pacto Verde.

Para España, el episodio tiene una lectura doble. El parque nuclear español —siete reactores que cubren alrededor del 20% de la generación eléctrica— está en pleno proceso de cierre escalonado a partir de 2027, tal como pactaron el Gobierno y las eléctricas. Olkiluoto 3 en Finlandia o los retrasos en Flamanville ya habían mostrado los costes y los plazos de la nueva nuclear. Lo que Paks añade es un riesgo climático directo sobre la generación existente: si un Danubio sin caudal puede parar una planta en seco, también lo puede hacer un Ebro o un Tajo en un escenario de sequía recurrente. Esto introduce un argumento adicional en el debate sobre la viabilidad de alargar la vida de los reactores ibéricos más allá de 2035, que es lo que algunas voces del sector empiezan a reclamar con el respaldo de Francia y los países nucleares del Este.

La dimensión geopolítica tampoco es menor. Rumanía, vecina y también miembro de la UE, ha tenido que reducir la potencia de su central de Cernavoda por el mismo motivo y ha recurrido al Ejército para volar una roca y redirigir más caudal hacia la toma de agua, según han confirmado fuentes oficiales en Bucarest. Dos plantas nucleares en dificultades por el mismo río, que recorre diez países y que marca la línea de suministro energético de buena parte del centro y este de Europa, envían una señal incómoda al diseño del mercado eléctrico. La Comisión Europea ya había advertido en sus escenarios de estrés climático que la generación térmica y nuclear vería reducida su disponibilidad por falta de refrigeración, pero hasta ahora se trataba de modelos. Hungría y Rumanía acaban de convertirlos en realidad, y eso, en un año 2026 en el que la revisión del diseño de mercado está sobre la mesa del Consejo, debería acelerar las decisiones sobre respaldos y almacenamiento.

Lo inmediato es que Hungría confía en que la llegada de agua desde Austria, donde se esperan lluvias a partir del fin de semana, permita reactivar Paks en pocos días. Pero la Agencia Europea de Medio Ambiente viene insistiendo en que los episodios de sequía en la cuenca del Danubio serán más intensos y más frecuentes. Si esa previsión se cumple, ya no hablamos solo de un apagón de 48 horas, sino de la necesidad de repensar la arquitectura de refrigeración de las nucleares de interior, un debate que afecta directamente a la taxonomía, a las ayudas de Estado y al reparto de los fondos de modernización del sistema energético. Y en ese debate, España —con su capacidad de interconexión limitada y su política nuclear en plena transición— tendrá mucho que decir.

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