El comercio de Trump con América Latina suma ya tres frentes que tocan de lleno a las empresas españolas. Washington negocia a contrarreloj con México, arrastra un roce diplomático con Chile y mira de reojo el viaje que sopesa Delcy Rodríguez a Nueva York.
Ahí está el detalle que casi nadie cuenta: el calendario. Las elecciones de medio mandato estadounidenses se celebran el 3 de noviembre de 2026 y la Casa Blanca quiere llegar a esa cita con el expediente mexicano cerrado. Traducido: menos de siete semanas para un acuerdo que mueve miles de millones en cadenas de suministro donde España tiene mucho que perder.
México, el acuerdo que Washington quiere cerrar antes de las urnas
Según el seguimiento semanal del Consejo de las Américas, los negociadores comerciales estadounidenses podrían alcanzar un entendimiento con México antes de los comicios. Con Canadá el asunto se ha complicado: los nuevos aranceles estadounidenses ya están en vigor y Ottawa los ha recibido como un golpe directo a su industria.
Conviene recordar qué hay debajo de ese pulso. El T-MEC, el tratado que sustituyó al NAFTA en 2020, regula la regla de origen del automóvil, esto es, el porcentaje de componentes que debe fabricarse en la región. Y ahí es donde la industria española se juega el tipo: un cambio en ese porcentaje es una factura directa para Gestamp y CIE Automotive, que producen en plantas mexicanas para vender después en Estados Unidos.
Y no todo es industria. BBVA obtiene en su filial mexicana en torno a la mitad de su beneficio de grupo, y Santander tiene allí uno de sus mercados más rentables. Cuando el comercio entre México y Estados Unidos se tensa, el peso se mueve, el crédito se enfría y esas cuentas lo notan. México es el primer destino de las exportaciones españolas en América Latina.
Un arancel nunca llega solo: cuando Washington mueve una casilla, la factura aparece meses después en las cuentas de empresas que no estaban en la mesa.
Chile, Venezuela y las Malvinas, tres señales que llegan a Madrid
El segundo frente es diplomático. El representante de Washington en Chile ha protagonizado un encontronazo que ha obligado a mover papeles en la cancillería chilena, un ruido incómodo en un país que es destino estable de la inversión española: Santander mantiene allí uno de sus negocios más solventes de la región y las utilities españolas operan en su mercado eléctrico.

Hay un tercer frente, y es venezolano. Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, sopesa un viaje a Nueva York en plena temporada de citas diplomáticas, según el repaso del Consejo de las Américas. El movimiento llama la atención porque coincide con una presión sostenida de Washington sobre Caracas y con un régimen de sanciones que condiciona cualquier operación con el país.
Para las empresas españolas, Venezuela es un expediente abierto desde las expropiaciones de la pasada década: hay laudos arbitrales pendientes de cobro, esto es, indemnizaciones fijadas por tribunales internacionales que nadie ha pagado. Repsol ha mantenido actividad cuando ha podido hacerlo dentro del marco de licencias estadounidenses, y cada ajuste de ese marco se sigue con más atención en Madrid que en la propia Caracas.
Y luego están las Malvinas. Trump sigue jugando con su posición sobre el archipiélago mientras el presidente argentino, Javier Milei, sanciona a empresas que operan en las islas. Ahí late un interés español que casi nunca aparece en los titulares: armadores gallegos participan desde hace años en el caladero de pota de las aguas que rodean las islas, vía sociedades conjuntas.
El precedente que ya se vivió y lo que conviene vigilar
Esto no es nuevo. En 2018, los aranceles al acero y al aluminio de la primera administración de Trump golpearon de lleno a la siderurgia española y Bruselas respondió con contramedidas sobre productos estadounidenses. La lección sigue vigente: la Unión Europea negocia como bloque, pero la factura se reparte por países, y España es una de las economías más expuestas a la cadena México–Estados Unidos.
Hay un precedente aún más incómodo. En 2019, la activación del Título III de la ley Helms-Burton abrió la puerta a demandas en tribunales estadounidenses contra compañías europeas con intereses en Cuba, varias de ellas españolas, y forzó a la Comisión Europea a recordar la vigencia del reglamento comunitario de bloqueo de 1996. Traducido: Washington puede alcanzar a una empresa española sin tocar suelo español; basta con que opere en un tercer país.
Qué conviene seguir. Primero, si el acuerdo con México se cierra antes del 3 de noviembre y con qué letra pequeña sobre el automóvil. Segundo, si el roce con Chile se queda en anécdota. Tercero, si el viaje de Delcy Rodríguez mueve alguna pieza en las sanciones. Y cuarto, si la temporada de pesca en el Atlántico Sur vuelve a ser moneda de cambio diplomática.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El Consejo de las Américas repasa la agenda de Washington hacia la región: negociación con México antes de las elecciones de medio mandato, roce diplomático con Chile y un posible viaje de Delcy Rodríguez.
- Datos importantes: Los comicios estadounidenses se celebran el 3 de noviembre de 2026 y los nuevos aranceles a Canadá ya están en vigor. Las empresas españolas con plantas en México y banca en Chile siguen expuestas.
- Resumen: España no está en la mesa, pero sí en la factura: sus grupos industriales, bancos y armadores notan cada giro del comercio de Trump con América Latina.

