Pacto educativo en Cataluña: Illa suma al Parlament y solo Vox queda fuera

ERC, Junts, Comuns, PP, CUP y Aliança Catalana han aceptado negociar el 6% del PIB y la climatización de las aulas antes de 2031. El calendario aprieta: Illa comparece la semana próxima por las pruebas PISA.

El pacto educativo en Cataluña arranca con casi todo el Parlament alineado con Illa. Todos los grupos, salvo Vox, han aceptado sentarse a negociar una reforma del sistema y elevar el gasto hasta el 6% del PIB.

La respuesta llegó este jueves, en el debate de portavoces de inicio de curso organizado por RTVE y moderado por Lluís Falgàs, emitido en La2Cat, el Canal 24 horas, Ràdio 4 y RTVEPlay. El formato sirvió de prólogo a un período de sesiones que, esta vez, no arranca con el choque frontal habitual en materia educativa. ERC, Junts, Comuns, PP, CUP y Aliança Catalana han tendido la mano. Solo la formación de Santiago Abascal se ha quedado fuera de la foto.

El marco lo puso el propio presidente de la Generalitat el lunes, en el Museu Marítim de Barcelona, durante la conferencia El futur ja és aquí. Illa comprometió un acuerdo de país que trascienda legislaturas y colores, y fijó dos anclajes concretos: el 6% del PIB que marca la propia ley educativa catalana y la climatización integral de todos los centros, con horizonte en 2031.

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Nadie discute ya el diagnóstico. El pacto de país que plantea el Govern busca blindar la educación frente al ciclo político, y ahí los grupos han respondido con un sí de partida que no siempre se traduce después en votos. La portavoz socialista, Elena Díaz, reivindicó el acuerdo, pero esquivó la responsabilidad del PSC en el déficit acumulado durante la década del procés. Esa factura sigue sobre la mesa y nadie quiere firmarla.

La sorpresa de la jornada fue Sílvia Orriols. La líder de Aliança Catalana, formación a la que el resto de grupos ha aplicado hasta ahora un cordón sanitario férreo, anunció que acudirá a la llamada para decirle al president lo que piensa a la cara. ERC y Junts también han extendido la mano, aunque con matices: los republicanos quieren hablar de ratios y de aula, los posconvergentes de que Illa lleva meses gobernando de perfil.

Las peticiones de entrada son claras y ya tienen precio. El sindicato docente en huelga exige bajar ratios, y los Comuns, con David Cid ejerciendo de ariete y advertido varias veces por el moderador, han hecho de esa demanda su bandera. La mayoría de los grupos quiere adelantar la climatización de las aulas, hoy comprometida para 2031, antes de lo previsto.

Un pacto educativo se mide por lo que aguanta cuando cambia el color del Govern, no por lo que se firma el día de la foto.

Porque el calendario aprieta. La semana que viene vuelven los plenos del Parlament con la comparecencia de Illa sobre las pruebas PISA, un asunto que la oposición lleva meses usando como ariete contra la conselleria. La siguiente, el hemiciclo celebrará el Debat de Política General, donde cada grupo fijará prioridades. El pacto educativo tiene, por tanto, una ventana corta: o se encauza antes de ese debate o se quedará en declaración de intenciones de principio de curso.

El 6% del PIB y el termómetro de las aulas

Parlament de Catalunya

Elevar el gasto educativo al 6% del PIB no es una ocurrencia de despacho. Es el umbral que fija la ley catalana de educación, y alcanzarlo implica comprometer recursos sostenidos durante varios ejercicios, no una inyección puntual. En paralelo, la climatización de todos los centros para 2031 exige inversión en obra y no solo en equipamiento, y su adelanto depende directamente de que el acuerdo llegue antes o después de las próximas elecciones municipales.

A eso se suma la capa lingüística. PP y Vox han centrado su intervención en la libertad educativa, la cultura del esfuerzo y la inmersión, un modelo que consideran discriminatorio y fracasado. Es el terreno donde el consenso se rompe de forma más previsible, y donde el pacto educativo tiene menos margen para crecer. La propia Lorena Roldán acabó enredada en un rifirrafe con Salvador Vergés por alternar catalán y castellano, con el recordatorio de que ambas son oficiales en Cataluña.

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Lo que hay detrás: financiación, PISA y un curso muy largo

El sí educativo del jueves convive con una negociación mucho más bronca que se decidirá este otoño en el Congreso de los Diputados. El nuevo modelo de financiación, el acuerdo a tres entre ERC, Govern y Gobierno central, inyectaría 4.700 millones de euros adicionales en las arcas de la Generalitat, una cifra que cambiaría el margen presupuestario del Ejecutivo catalán durante el resto de la legislatura. La reforma sale adelante con el voto de Junts, que todavía no lo ha dado.

La portavoz de ERC, Ester Capella, lo dejó claro: ella también quiere un concierto económico y también quiere la independencia, pero no piensa desperdiciar un avance. ‘Mejórenlo y lo aprobaremos’, dijo. Junts mantiene la exigencia de ir más allá y no baja del concierto. Y Roldán defendió más recursos para Cataluña a la vez que rechazó la propuesta actual, con una pulla sobre embajadas y la reciente visita de Illa a Extremadura.

Lo que observamos es una asimetría difícil de sostener mucho tiempo: la educación funciona como excepción consensual mientras la financiación sigue siendo campo de batalla puro. Si el acuerdo educativo se cierra y el modelo de financiación descarrila en el Congreso, el Govern se quedará con el marco legal reformado y sin la caja para financiarlo. Por eso la fecha importa tanto como el contenido.

El escenario autonómico añade presión. El Debate de Política General de finales de septiembre servirá para medir cuánto de ese sí educativo es convicción y cuánto es cálculo electoral. La CUP, de hecho, ya ha marcado distancias sin aclarar su posición, aunque en esta legislatura ha abierto la puerta a pactar con el PSC. Y en la derecha, los populares han convertido vivienda y seguridad en sus arietes, con la promesa de Illa de 50.000 pisos protegidos nuevos para 2030 siempre presente y el choque sobre los pisos turísticos como telón de fondo.

Nadie en el Govern habla de plazos cerrados. El conseller todavía no ha puesto fecha a la primera reunión técnica, y los grupos esperan el documento de bases antes de mojarse de verdad. El pacto educativo catalán tiene, por ahora, una virtud indiscutible: ha puesto de acuerdo al hemiciclo casi entero. Conseguir que siga así veinte meses es otra cosa. Y el reloj del curso ya corre.